Seguramente ya habrá oído esta escalofriante estadística: para 2050, habrá más plástico en el océano que peces.
Aunque este dato se cita con frecuencia para generar una sensación de desesperanza, en realidad tiene también un lado positivo. Estamos a punto de completar un plan para abordar de forma eficaz la crisis de la contaminación por plásticos en nuestros océanos y comunidades, y estamos poniendo a prueba el enfoque en algunos lugares para evaluarlo y aprender de él.
Exactamente hace un año, un grupo de los líderes empresariales, responsables políticos, expertos ambientales y defensores de la sociedad civil más influyentes del mundo se reunió en la cumbre de Impacto para el Desarrollo Sostenible 2018 del Foro Económico Mundial para mantener un debate franco sobre este tema.
Todos coincidieron en que los residuos y la contaminación por plásticos se habían convertido en una crisis mundial que ya no se podía ignorar. Y, lo que es más importante, todos reconocieron que había llegado el momento de pasar de las promesas y los lugares comunes a una acción concreta y rápida, y de crear una plataforma unificada para impulsar y amplificar esta acción a un nivel sin precedentes. Así nació la Alianza Mundial para la Acción sobre los Plásticos (GPAP).
La GPAP lleva un año en funcionamiento. Durante este tiempo, hemos puesto en marcha oficialmente una alianza nacional y sentado las bases para lanzar otras dos. Hemos tenido un éxito notable, hemos afrontado desafíos singulares y hemos forjado alianzas poderosas, y aún queda mucho por venir. Estas son tres conclusiones clave de nuestro primer año.
1. Las empresas desempeñan un papel fundamental en la transformación de la forma en que utilizamos los plásticos. Muchas están asumiendo esta responsabilidad
Cuando la producción de plástico se disparó a principios de la década de 2000, también lo hicieron los envases de plástico de un solo uso y, en consecuencia, los residuos plásticos mal gestionados. Actualmente, el mundo genera 300 millones de toneladas de residuos plásticos cada año, sin la capacidad, la infraestructura y la voluntad colectiva necesarias para gestionarlos de forma sostenible. No es de extrañar, por tanto, que 8 millones de toneladas de residuos plásticos lleguen anualmente al océano, mientras que los residuos mal gestionados que permanecen en tierra pueden desencadenar crisis de salud pública entre las comunidades vulnerables.
Conscientes de la medida en que sus productos han contribuido a la creciente crisis de la contaminación por plásticos, muchas de las principales empresas del mundo se comprometen a hacerlo mejor. Cuatro de los socios fundadores de la GPAP –Coca-Cola, PepsiCo, Dow y Nestlé– están orientando sus actividades hacia formas de hacer negocios más sostenibles. Coca-Cola se ha comprometido a adoptar envases 100 % reciclables para 2025, por ejemplo, mientras que Dow está financiando iniciativas de gestión de residuos que buscan reducir la fuga total de plásticos a nivel mundial en un 45 %.
Están en buena compañía. Cada vez más empresas reconocen los insostenibles costes que la contaminación por plásticos supone para el potencial humano, la salud ambiental y el desarrollo económico. Marriott International, la mayor cadena hotelera del mundo, recientemente anunció que dejaría de suministrar artículos de aseo de plástico a los huéspedes para 2020. Amazon se comprometió a eliminar los envases de plástico de un solo uso en sus operaciones en la India.
Y a nivel local, las empresas sociales ya están logrando cambios concretos. Por ejemplo, una fábrica en Costa de Marfil convierte los residuos plásticos en ladrillos y construye escuelas, mientras que las iniciativas dirigidas por mujeres en las Islas Salomón transforman los residuos plásticos en artesanías.
No faltan innovación ni espíritu emprendedor a la hora de abordar los residuos y la contaminación por plásticos. Una parte del valor de la GPAP como plataforma será actuar de intermediaria entre quienes están impulsando iniciativas exitosas sobre el terreno y quienes desean invertir en proyectos de bien social.
2. El impulso mundial a favor de la acción contra los plásticos es imparable
En marzo alcanzamos un hito importante: Indonesia se convirtió en el primer país en firmar oficialmente como socio nacional. Fue un gesto poderoso en más de un sentido. Como segundo mayor contribuyente mundial a la contaminación por plásticos en los océanos, Indonesia tiene el potencial de impulsar un progreso sin precedentes y de fortalecer de manera fundamental la protección de la biodiversidad marina en el sudeste asiático.
El Gobierno de Indonesia respondió de inmediato a este llamado comprometiéndose con varias metas ambiciosas, entre ellas reducir en un 70 % sus residuos marinos para 2025. El impulso detrás de este compromiso nos ha permitido avanzar con rapidez y eficacia. Trabajando estrechamente con socios locales, estamos elaborando un análisis exhaustivo del panorama de los plásticos en Indonesia, que irá seguido de un plan de acción nacional compuesto por recomendaciones de política y por los pasos necesarios para alcanzar este objetivo.
El 1 de octubre, oficialmente pondremos en marcha nuestra primera iniciativa en África: una alianza con el Gobierno de Ghana. El vertiginoso crecimiento económico del país se ha producido a costa de una contaminación por plásticos insostenible y de una gestión deficiente de los residuos, pero también ha demostrado un liderazgo excepcional y una determinación notable para catalizar una nueva era de gestión de los plásticos en toda África Occidental. En Ghana, apoyaremos a los organismos del gobierno local, a los emprendedores y a los líderes de la sociedad civil en el intercambio de conocimientos prácticos y en la ampliación de proyectos locales exitosos hasta el nivel nacional.
Y en noviembre, lanzaremos nuestra tercera alianza nacional con el Gobierno de Viet Nam, que asumirá la presidencia de la ASEAN el próximo año, mediante el apoyo a sus esfuerzos por impulsar la acción contra los plásticos a nivel nacional y en toda la región.
3. En última instancia, debemos revolucionar la forma en que se fabrican, consumen y reutilizan los plásticos
Todos nuestros proyectos se sustentan en una verdad fundamental: para poner fin de una vez por todas a la contaminación por plásticos, primero debemos abordar el problema de la mala gestión de los residuos plásticos. Los envases de plástico, por ejemplo, representan 40 % de la producción mundial de plásticos: unos asombrosos 161 millones de toneladas de botellas, bolsas, envases para comida para llevar y otros materiales fabricados para lo que probablemente sea un solo uso. Pero ¿y si pudiéramos evitar que estos materiales se desintegren en los océanos y los vertederos? ¿Y si hubiera una forma de devolver nueva vida y valor a los plásticos de un solo uso?
Con una nueva economía de los plásticos, podremos lograr exactamente eso. La GPAP trabaja con gobiernos, empresas y la sociedad civil para impulsar la transición hacia un modelo de economía circular en la producción de plásticos. En esencia, esto significa que impulsaremos el progreso en cuatro frentes diferentes.
Los fabricantes adoptarán materiales de envasado innovadores diseñados teniendo en cuenta la sostenibilidad. Los consumidores podrán reutilizar, reciclar o compostar los productos de plástico después del primer uso. Las instalaciones de gestión de residuos, como las plantas de reciclaje, crecerán de forma exponencial tanto en número como en capacidad para hacer frente a los niveles actuales de residuos plásticos.
Y a lo largo de este ciclo, los responsables políticos y los expertos desarrollarán soluciones basadas en datos y evaluarán los avances, mientras facilitamos el intercambio de conocimientos prácticos entre fronteras y sectores, lo que nos acerca un paso más a un mundo libre de residuos y de contaminación por plásticos.
Nuestro trabajo para cerrar el ciclo de los plásticos acaba de comenzar. Manténganse atentos.







