Los edificios verdes son fundamentales en la lucha contra el cambio climático.
También se reconocen sus beneficios sociales: quienes usan estos edificios disfrutan de un mayor bienestar, mejor salud y más productividad.
Un estudio observó que los pacientes de hospitales con edificios verdes se recuperaban más rápido.
Hoy en día, la mayoría de la gente reconoce los beneficios de ahorro energético de los edificios verdes. Estos edificios consumen menos agua, energía y otros recursos naturales. En algunos casos, pueden aumentar la biodiversidad, producir su propia energía y reducir el efecto de isla de calor urbana.
Investigaciones recientes muestran que los edificios verdes también pueden mejorar la salud y la productividad de quienes viven o trabajan en ellos. En algunos casos, los edificios verdes pueden ofrecer los mismos beneficios que pasar tiempo en la naturaleza, algo que puede beneficiar a quienes viven en climas fríos.
Los edificios verdes cuestan entre un cinco y un 10 % más que los edificios convencionales. A algunos planificadores les pueden preocupar los costes adicionales de diseño y construcción de un edificio verde. Sin embargo, análisis detallados muestran que el pequeño aumento de los costes de construcción reporta beneficios notables para la salud y el bienestar de quienes trabajan o viven dentro del edificio, o cerca de él.
Ahorro energético
Se consideran edificios verdes aquellos que tienen cubiertas o paredes verdes, decoración interior con plantas o están rodeados de infraestructura verde. Estos edificios suelen incorporar algas, césped, hierbas, hortalizas u otras plantas de hoja verde o microvegetales en sus superficies interiores o exteriores.
Cubrir con plantas el tejado de un edificio sin aislamiento reduce hasta en un cinco por ciento la energía utilizada para la calefacción en invierno, y hasta en un 33 % la energía de refrigeración en verano, lo que permite ahorrar dinero. También reduce las fluctuaciones de la temperatura interior durante el día cuando no hay aire acondicionado.
Las ciudades suelen tener temperaturas del aire más altas que las zonas rurales que las rodean porque sus superficies oscuras absorben los rayos del sol y emiten calor. Los edificios verdes pueden ayudar a reducir este efecto de isla de calor urbana.
Los modelos informáticos han demostrado que las temperaturas de verano pueden reducirse 2 °C si el siete por ciento de las azoteas urbanas tiene vegetación. Incluso en ciudades relativamente frías, como Toronto o Nueva York, cubrir con plantas el 50 % de los tejados podría reducir la temperatura local alrededor de 1 °C en verano.
Esta bajada de temperatura aporta numerosos beneficios. Los estudios muestran que las personas que trabajan o viven en zonas con una gran proporción de cubiertas verdes gozan de mejor salud mental, se recuperan más rápido después de una enfermedad y son más productivas en el trabajo.
Mejora de la calidad del aire
La contaminación del aire en interiores es uno de los cinco principales riesgos medioambientales para la salud pública, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Las altas concentraciones de dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, PM10 (partículas con un diámetro de 10 micras o menos) y microbios en el aire pueden contribuir a enfermedades respiratorias graves.
Un aumento del 20 % de la superficie de cubiertas y paredes verdes en el centro de Toronto podría reducir de forma significativa los niveles de dióxido de nitrógeno, ozono, dióxido de azufre y PM10 en el aire, y generar un ahorro de 190 000 dólares estadounidenses al año en concepto de eliminación de contaminantes.
Un estudio mostró que en una habitación había menos esporas de moho y microbios cuando las plantas de interior cubrían un tercio de la superficie del suelo que en otra sin plantas. En climas secos, las plantas también aumentan la humedad interior, lo que reduce la probabilidad de sequedad ocular, picor o irritación de garganta o labios agrietados.
Recuperaciones más rápidas
Investigaciones recientes también han demostrado que las plantas pueden ayudar a que los pacientes hospitalizados se recuperen más rápido.
Un informe del Green Building Council of Australia constató que los hospitales con infraestructura verde —como una pared verde ornamental, plantas en todos los balcones y árboles grandes alrededor del edificio— redujeron la estancia hospitalaria media un 8,5 %, aceleraron la recuperación un 15 %, redujeron un 11 % la tasa de infecciones secundarias y disminuyeron un 22 % la necesidad de analgésicos.
Los edificios con plantas no solo ayudan a los pacientes a recuperarse más rápido, sino que también dan energía a los médicos, enfermeros y demás personal que trabaja allí, y ofrecen beneficios estéticos, acústicos y de calidad del aire.
Menos emisiones
Los espacios interiores con paredes verdes, jardines verticales o plantas en macetas pueden reducir los niveles de ruido, lo que ayuda a sus ocupantes a concentrarse en el trabajo. Las superficies exteriores permeables, como el suelo, la lana de roca y la vermiculita, así como las plantas en las cubiertas y los patios de los edificios, reducen los ecos.
Los lugares de trabajo verdes cumplen todos los criterios del «triple balance», resumido como «personas, planeta y beneficios». Mejoran la salud y el bienestar de las personas, aumentan la eficiencia energética e impulsan la productividad.
La infraestructura verde también aporta claros beneficios climáticos. Un estudio del Green Building Council of Australia constató que, al añadir paredes y cubiertas verdes y otras medidas de bajo consumo energético —como usar luces LED, incorporar más ventanas para aumentar la luz natural y modificar los sistemas de ventilación para recuperar el calor en vez de expulsarlo al exterior—, un edificio con certificación verde produce un 62 % menos de emisiones de gases de efecto invernadero que un edificio australiano medio.
Ya es hora de que los edificios verdes se conviertan en la norma para mejorar el bienestar, la calidad del aire y las emisiones de carbono.






