Los servicios que prestan sectores como la tala, la pesca, la minería, la extinción de incendios, el transporte en camión y las fuerzas armadas son fundamentales para mantener el nivel de vida tal como lo conocemos en Estados Unidos y en todo el mundo. Pero también exponen a las personas que trabajan en esos campos a importantes riesgos físicos.
Un nuevo artículo del profesor de Estudios Jurídicos y Ética Empresarial de Wharton Robert Hughes analiza más de cerca las cuestiones éticas a las que se enfrentan las empresas que emplean a trabajadores en puestos físicamente peligrosos. En «Pagar a las personas para que arriesguen la vida o la integridad física», publicado en la revista Business Ethics Quarterly, Hughes sostiene que ofrecer a los empleados una remuneración más alta por realizar un trabajo físicamente peligroso no hace que sea éticamente permisible que las empresas los pongan en riesgo, ni es una buena razón para aplazar la aplicación de las medidas de seguridad necesarias. Hace poco se reunió con Knowledge@Wharton para hablar de su artículo.
A continuación se presenta una transcripción editada de la conversación.
Knowledge@Wharton: ¿Qué le inspiró a escribir este artículo?
Robert Hughes: Esta investigación surgió de mi experiencia como becario en el Departamento de Bioética de los Institutos Nacionales de Salud. Una de las cosas que aprendí durante mi estancia allí es que las actitudes ante el riesgo en la medicina y en el mundo empresarial son muy distintas. En las empresas, la actitud general hacia los trabajos peligrosos es que debemos informar a nuestros empleados de los riesgos —al menos las empresas éticas lo hacen— y creo que mucha gente también diría que debemos compensarles justamente por esos riesgos y tomar medidas de seguridad razonables. Pero no tenemos que preocuparnos por si el trabajo tiene algún valor social especial. Mientras haya consentimiento, una remuneración justa y medidas de seguridad razonables, está bien.
En medicina la actitud es muy distinta. En este campo se realizan investigaciones con seres humanos, que asumen riesgos. Por lo general, son riesgos menores que los de las ocupaciones más peligrosas. Pero en medicina se considera que no basta con obtener el consentimiento informado. Es necesario, pero no basta con pagar a los participantes por asumir riesgos. Tampoco basta con tomar medidas para minimizarlos. También hay que asegurarse de que se expone a las personas a esos riesgos por una causa social valiosa. Si la investigación no tiene un posible valor social, se considera poco ético exponer a las personas a riesgos, aunque se les pague y se les informe. Y pensé: «Esta asimetría es interesante». Mi mentor, Alan Wertheimer [de la Universidad de Vermont], también la observó. Esto me llevó a preguntarme quién tiene razón en esta cuestión: ¿la comunidad empresarial o la comunidad de ética médica? En esencia, creo que la comunidad de ética médica acertó.
Knowledge@Wharton: En este caso, ¿qué define como un trabajo «peligroso»?
Hughes: Me refiero específicamente a los riesgos físicos; por eso mencioné el riesgo para la vida o la integridad física. No tiene por qué afectar necesariamente a una «extremidad»; me refiero a lesiones en el cuerpo de las personas. También pienso concretamente en riesgos tan grandes que sea necesario pagar más a las personas, ya sea para compensarlas justamente por esos riesgos o para inducirlas a aceptar el trabajo.
Knowledge@Wharton: ¿Podría explicar brevemente cómo llegó al argumento que plantea en este artículo?
Hughes:Quizá sería útil hablar un poco de mi campo, la filosofía moral. La filosofía moral se ocupa de analizar cuestiones éticas difíciles de manera racional y con principios. A mi juicio, nuestro trabajo tiene dos aspectos concretos. Uno consiste en que, cuando hay casos difíciles en los que la gente no sabe qué está bien y qué está mal, podemos aplicar principios derivados de otros ámbitos para resolver esos casos.
Otra cosa que podemos hacer es mostrar que algunas creencias éticas muy extendidas entran en conflicto entre sí. Un ejemplo personal: cuando tenía 30 años, ya había terminado el doctorado. Me di cuenta de que tenía cuatro creencias incompatibles. Pensaba que estaba perfectamente bien comer cerdo. Que no estaba bien comer perros. Que la respuesta sobre si está bien comer un animal depende de lo inteligente que sea. Y que los cerdos son más inteligentes que los perros. Esas cuatro ideas son incompatibles, y tardé hasta los 30 años en darme cuenta. Esto no me dice cuál de las cuatro creencias es falsa. Podría ser cualquiera, pero, al reflexionar de ese modo, supe que tenía una creencia falsa sobre algo. Así que es posible razonar sobre la moralidad. No todo es subjetivo ni una mera cuestión de opinión. Sabía, como un hecho, que tenía al menos una creencia objetivamente falsa sobre ética.
«¿Quién tiene razón en esta cuestión: la comunidad empresarial o la comunidad de ética médica? En esencia, creo que la comunidad de ética médica acertó.»
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La perspectiva que adopto en este artículo se basa en la teoría ética kantiana. Esta es una de las perspectivas teóricas más influyentes en ética. Se trata de una teoría compleja, pero su principio central es bastante sencillo. Se conoce como la «fórmula de la humanidad» y sostiene que no debemos tratar a las personas ni a su humanidad únicamente como un medio. Debemos tratar a la humanidad como un fin. Esto puede explicar muchos juicios morales comunes. Puede explicar por qué no debemos defraudar a las personas: en cierto modo, eso supone manipular su razonamiento para conseguir lo que queremos y dañar su humanidad. No debemos matar a un familiar para obtener la herencia: estaríamos destruyéndolo para conseguir lo que queremos. Y, en el contexto de este artículo, no debemos exponer deliberadamente a alguien a un riesgo como medio para alcanzar el fin de pagarle más.
Knowledge@Wharton: En este artículo, usted distingue entre lo que llama «riesgos previstos» y «riesgos intencionales». ¿Cuál es la diferencia y por qué es importante?
Hughes:Pensemos en dos ejemplos. En el primero, una pareja está de vacaciones en la montaña y empieza una tormenta. La montaña tiene una carretera sinuosa, así que subir por ella será peligroso. Deciden: «De todos modos queremos disfrutar de las vacaciones. Ya las pagamos y llevamos tiempo esperándolas. Haremos el trayecto aunque sea peligroso». Asumen un riesgo. Saben que lo asumen, pero solo es un riesgo previsto. El riesgo no les ayuda a conseguir algo que desean; de hecho, se interpone en su camino, literalmente.
Ahora imaginemos que llegan a la cima de la montaña y se dan cuenta de que olvidaron algo. Querían unas trufas para la cena, pero se olvidaron de llevarlas. Y las desean mucho. Así que encuentran a un repartidor dispuesto a subir la montaña con las trufas durante la tormenta. Pero el repartidor dice: «Tiene que pagarme un extra por esta tormenta». Supongamos que podría encontrar otro trabajo a nivel del mar, menos peligroso, sin carreteras de montaña. Este repartidor se expone al riesgo como medio para conseguir el fin de cobrar más. Para él, el riesgo no es un mero efecto secundario previsto: forma parte de lo que le permite obtener lo que quiere.
Creo que ahí hay una diferencia ética. No voy a juzgar a la pareja por decidir subir la montaña. Pero sí voy a juzgar tanto a la pareja como al conductor cuando deciden exponer a alguien a un riesgo como medio para pagarle más, con el fin de conseguir trufas, algo cuyo valor social es escaso.
Knowledge@Wharton:Si consideramos no solo al repartidor o a la pareja, sino también a la empresa que contrató al repartidor, ¿qué le diría a la empresa sobre la cuestión de pagar un plus por peligrosidad?
Hughes:Sí usé este ejemplo en el artículo, y en él se trata de un contrato privado. No interviene ninguna empresa. Pero ¿qué preguntas debería hacerse una empresa? Creo que lo primero que debería preguntarse al exponer a sus empleados a un riesgo es cuán grandes son esos riesgos. ¿Son lo bastante grandes como para tener que pagar un extra a alguien para inducirle a aceptar el trabajo? Si es así, eso debería ser una señal. Hay que detenerse y hacer más preguntas.
¿Cuáles son las dos preguntas siguientes? La primera tiene que ver con el valor social, incluido el valor de poder expresar las propias habilidades en el trabajo. ¿Hay alguna razón, aparte del plus por peligrosidad, por la que alguien aceptaría este trabajo? Si no la hay, realmente tenemos que hacerlo más seguro. Seguir como hasta ahora no es ético.
«No debemos exponer deliberadamente a alguien a un riesgo como medio para alcanzar el fin de pagarle más.»
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Por supuesto, hay muchos trabajos de gran importancia social que son peligrosos por naturaleza. La pesca y la tala son los dos trabajos más peligrosos de Estados Unidos. Necesitamos alimentos, incluido el pescado, creo. Necesitamos madera para que la sociedad funcione como lo hace. Hay muchos otros trabajos peligrosos cuyos riesgos no podemos eliminar por completo. Pero, como tienen valor social, las personas tienen motivos para aceptarlos aparte del dinero. Claro que el dinero siempre forma parte de la decisión. Pero si lo único que se hace es satisfacer las preferencias de los consumidores, el dinero es la única razón para aceptar el trabajo. Y si la única razón para elegirlo en vez de un trabajo más seguro es el dinero adicional —el plus por peligrosidad—, entonces hay motivos para preocuparse. Quizá no sea ético contratar a alguien para ese trabajo, a menos que se pueda hacer más seguro.
Incluso si se trata de uno de esos trabajos socialmente necesarios o de algo valioso…, hay que pensar en las medidas de seguridad que se podrían adoptar. Y otra gran conclusión de mi artículo es que las preferencias de los trabajadores entre seguridad y dinero no deberían zanjar la cuestión. Si la única justificación para no adoptar una costosa medida de seguridad son las preferencias de los trabajadores, realmente debería preocuparse más por sus empleados.
Knowledge@Wharton: Así que no basta con que un trabajador diga: «Bueno, quiero el dinero, así que aceptaré este trabajo».
Hughes:Exactamente.
Knowledge@Wharton: La empresa todavía tiene que plantearse aquí la cuestión ética.
Hughes: Así es, absolutamente.
Knowledge@Wharton:¿Cómo interactúa la ética con la ley en este caso? Muchos países, como Estados Unidos, tienen normas sobre los trabajos peligrosos y las medidas de seguridad. En otras partes del mundo quizá las directrices no sean tan estrictas. ¿Cómo puede una empresa considerar la ley frente al nivel ético al que debería aspirar, o al que quizá quiera aspirar?
Hughes:Esto plantea dos cuestiones importantes. Una es que en muchos países en desarrollo —y no solo en ellos, esto también ocurre aquí— hay muchas leyes vigentes que no se hacen cumplir adecuadamente. Hace poco hubo incendios en algunas fábricas de Bangladesh, donde murieron personas —creo que eran residentes, no trabajadores— debido a incendios en fábricas químicas ilegales. Eran fábricas ilegales, pero las leyes que las prohibían no se aplicaban debidamente.
«A veces la ética exige más que la ley vigente. A veces tenemos la obligación ética de preocuparnos por nuestros trabajadores más allá de lo que exige la ley.»
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Una de las cosas que plantea este artículo es que hay que cumplir las leyes de seguridad, aunque no se hagan cumplir adecuadamente y aunque no se tema recibir una multa. Hay que preocuparse por los trabajadores y por las demás personas a las que se expone a riesgos.
La segunda cuestión es que, a veces, la ética exige más que la ley vigente. A veces tenemos la obligación ética de preocuparnos por nuestros trabajadores más allá de lo que exige la ley.
Knowledge@Wharton:Y eso suena muy fácil en teoría, pero tenemos muchos ejemplos de empresas o dirigentes que no lo hacen. ¿Qué consejo les daría para orientarse en este tipo de situaciones?
Hughes:Hacer el bien no es fácil, y todos sentimos la tentación de hacer cosas malas. Así es la vida. Creo que la tentación puede ser especialmente fuerte en el ámbito empresarial, cuando uno siente la presión de la competencia. Pero pensemos: ¿y si un competidor obtiene ventaja cometiendo fraude y saliéndose con la suya? O cometiendo algún tipo de… digamos que no es fraude. El fraude es ilegal y punible, pero supongamos que comete una forma de engaño claramente poco ética que aprovecha una laguna legal. ¿Eso hace que esté bien que usted también engañe?
La respuesta es claramente no. Eso no está bien. Engañar no es una buena práctica empresarial. A veces, el riesgo para la reputación puede bastar para motivar a alguien. Pero llega un momento en que uno simplemente tiene que preguntarse: «¿Qué clase de persona quiero ser?». Y esa es una pregunta difícil.
Knowledge@Wharton:¿Cómo cambiarían estos argumentos en el caso de un trabajo que no se consideraba «peligroso» cuando la persona lo aceptó, pero cuya situación cambia después? Un ejemplo que se me ocurre es la enseñanza. Creo que algunos docentes de hoy podrían decir que, cuando aceptaron el trabajo, no se dieron cuenta de que podían correr el riesgo de ser víctimas de un tiroteo en una escuela o de tener que proteger a sus alumnos de uno.
Otro ejemplo podría ser el periodismo. Un corresponsal extranjero en una zona asolada por la guerra sabe que podría enfrentarse a riesgos físicos, pero quizá un reportero local no lo sepa. Sin embargo, hoy también podría correrlos. ¿Cómo deben actuar las empresas en esos casos?
Hughes:La ética de los peligros que surgen al cambiar las condiciones de un trabajo acabará siendo, en esencia, la misma que la ética de contratar a alguien desde el principio. La enseñanza y el periodismo son trabajos socialmente esenciales. Y la gente acepta y debería elegir estos trabajos por razones distintas del sueldo, aunque, por supuesto, una remuneración justa es muy importante.
Engañar no es una buena práctica empresarial.
Pero pensemos en otra cosa: una mina de piedras preciosas. Supongamos que, al abrir, es tan segura como las demás minas del sector, incluidas las de metales y carbón. De pronto surge un nuevo peligro y trabajar en esa mina se vuelve mucho más arriesgado. En ese momento, la empresa tiene que detenerse y preguntarse: «¿Es ético seguir contratando a personas con estos salarios y en estas condiciones?». Mis argumentos implicarían que, en términos económicos, probablemente no podrán retener a los trabajadores con los mismos salarios. Tendrán que cambiar algo: o resolver el problema de seguridad o pagar más. Y mis argumentos implicarían que no está bien resolverlo simplemente pagando más. Realmente hay que corregir el problema de seguridad que ha surgido.
Por supuesto, hay algunos problemas de seguridad que no se pueden resolver. No quiero entrar en los detalles de algunas de las cuestiones que usted planteó. Son preguntas muy difíciles.
Knowledge@Wharton:Pero, en el caso de la mina de piedras preciosas, parece que lo que dice es que habría que cerrarla.
Hughes:Quizá haya que cerrar la mina. Así es.
Knowledge@Wharton:¿Qué sigue para esta investigación?
Hughes:Esto forma parte de un proyecto más amplio sobre los límites del consentimiento informado. ¿Cuándo basta el consentimiento informado para que una transacción o una relación empresarial sea ética, y cuándo no? Voy a realizar un trabajo teórico más amplio sobre esta cuestión. También voy a centrarme en otros dos temas más concretos: uno es la remuneración justa, un asunto de gran importancia en el debate nacional actual. El otro es la fijación de precios de los medicamentos que salvan vidas y de otros fármacos médicamente necesarios.


