«Abandono consciente»: sobre los jóvenes y sus consecuencias

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  • Una nueva encuesta revela que los millennials y la Generación Z (nacidos entre 1981 y 2012) participan cada vez más en el «abandono consciente».

  • Se produce cuando alguien renuncia a su empleo porque los valores de la empresa no coinciden con los suyos.

  • En este artículo, el cofundador de GreenBiz Group sostiene que, si queremos crear una comunidad de líderes empresariales sostenibles, debemos dar a los jóvenes una oportunidad y una voz.

Hoy pienso en la semana pasada y en el futuro.

Para quienes no lo conozcan, la semana pasada se celebró la 15.ª edición anual de la conferencia GreenBiz, un hito de década y media en lo que ha sido un recorrido muy gratificante para crear y apoyar una comunidad de líderes empresariales sostenibles con impacto.

¡Y qué comunidad! Algo menos de 2.000 personas apasionadas acudieron —para aprender, compartir, recargar energías y desahogarse—, lo que supone un aumento de la asistencia de casi un 50 % respecto al año anterior, que ya había sido el de mayor asistencia hasta entonces.

Pero quienes más protagonismo tuvieron fueron los jóvenes de veintitantos años.

Parecían estar en todas partes, en un número muy superior al de ediciones anteriores. Participaron en paneles, por supuesto, pero también se les veía absortos en conversaciones dondequiera que mirara. Son sinceros, estos jóvenes, más que sus mayores, y están llenos de promesas, valor y perseverancia. Es cierto que son idealistas (¿quién no lo era a su edad?), pero también son ambiciosos y realistas. Saben lo que está en juego: las crisis climática, de biodiversidad y de equidad social que se nos echan encima representan la nueva normalidad durante el resto de sus jóvenes vidas. Son conscientes de que sus mayores generaron estas emergencias y aún no han hecho lo suficiente para resolverlas. Y, aunque sienten temor, están también decididos, contra todo pronóstico, a cambiar el rumbo de la historia del planeta.

«La solución se reduce a tres palabras clave: comunicación, ambición y empoderamiento».

Algunos de estos asistentes formaron parte de la última promoción del programa Emerging Leaders dirigido por GreenBiz.org, la organización sin ánimo de lucro escindida de GreenBiz Group. Este programa financia la inscripción, los desplazamientos y el alojamiento de jóvenes profesionales de color para que asistan a nuestros eventos y ofrece programas que les ayudan a integrarse en la comunidad de profesionales de más edad (en su mayoría blancos), tanto durante como después del evento.

Ver a los Emerging Leaders desenvolverse entre la multitud fue un placer. Son mucho más serenos y profesionales de lo que yo lo fui a su edad, y parecen preparados para afrontar los desafíos sociales y ambientales, abrumadores, que tienen por delante. Cualesquiera que fueran sus inhibiciones al llegar al evento, parecieron desvanecerse a lo largo de la semana, sin duda gracias a la cálida y acogedora comunidad de GreenBiz. Fue la parte más esperanzadora de una semana esperanzadora.

Ahora, hablemos del futuro.

Los millennials y la Generación Z (nacidos entre 1981 y 2012) están haciendo valer cada vez más su peso en el trabajo. Así lo revela el Net Positive Barometer, una encuesta realizada a 4.000 empleados estadounidenses y británicos, financiada (de su propio bolsillo) por Paul Polman, exdirector ejecutivo de Unilever, para conocer su actitud hacia las empresas en las que trabajan y hacia el mundo empresarial en general.

Las conclusiones principales: alrededor de tres cuartas partes (76 %) quieren trabajar en empresas que intentan tener un impacto positivo en el mundo, pero el 62 % considera que los esfuerzos actuales de las empresas para afrontar los desafíos ambientales y sociales no son suficientes. Además, la mitad consideraría renunciar a su empleo si los valores de la empresa no coincidieran con los suyos. De hecho, el 35 % afirma que ya ha dejado un puesto por este motivo (Polman lo denominó «abandono consciente»), mientras que la misma proporción afirma que consideraría aceptar un recorte salarial para trabajar en una empresa que comparta sus valores.

Estos jóvenes trabajadores «no ven que avancéis lo suficientemente rápido», me comentó Polman la semana pasada. «Y no entienden la diferencia entre vuestros compromisos y lo que realmente ven en la empresa. Así que se trata de ambición, de comunicación y de generar conciencia dentro de la empresa. Este abandono consciente es un fenómeno nuevo. Es algo que estamos señalando a los consejeros delegados y que, con suerte, podrá impulsarlos a actuar con mayor determinación».

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Brecha de credibilidad

Debo reconocer cierto escepticismo al respecto. Al fin y al cabo, en las encuestas siempre nos mostramos como nuestra mejor versión: decimos a los encuestadores que estamos dispuestos y somos capaces de hacer compras más ecológicas, boicotear marcas que consideramos malas, viajar en avión y en coche con menos frecuencia, evitar productos con exceso de embalaje y reciclar siempre los envases vacíos. ¿Por qué, entonces, los jóvenes idealistas no iban a afirmar que anteponen sus valores laborales a su bolsillo, que aceptarían un recorte salarial o que dejarían su puesto si sus empleadores no están a la altura del momento? Después de todo, ¿quién admitiría lo contrario?

Pero el estudio de Polman no es el único que llega a esta conclusión.

Una encuesta de la Escuela de Gestión de Yale realizada el año pasado reveló que el 51 % de los estudiantes de administración de empresas aceptaría salarios más bajos para trabajar en una empresa con responsabilidad medioambiental. Y aproximadamente una quinta parte de los encuestados afirmó que no trabajaría en una empresa con malas prácticas medioambientales, sin importar el salario.

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Y el mes pasado, KPMG encuestó a unos 6.000 trabajadores de oficina, estudiantes, aprendices y personas que habían dejado la educación superior en los seis meses anteriores, todos ellos en el Reino Unido. El estudio concluyó que casi la mitad (46 %) quiere que la empresa en la que trabaja demuestre su compromiso con la sostenibilidad (denominada ESG en este estudio concreto), mientras que uno de cada cinco afirmó haber rechazado una oferta de empleo cuando los compromisos ESG de una empresa no se ajustaban a sus valores.

Los líderes parecen estar escuchando. En su Informe de Sostenibilidad para CxO 2023, Deloitte constató que más de la mitad de los altos directivos afirmaba que el activismo de los empleados en materia climática había llevado a sus organizaciones a incrementar las acciones de sostenibilidad durante el último año; el 24 % indicó que había supuesto un incremento «significativo». Una buena razón: alrededor de un tercio de los CxO afirmó que el cambio climático está afectando negativamente a la salud física y mental de sus empleados, según el informe.

Como me comentó Polman, captar el interés de los jóvenes profesionales se reduce a tres palabras clave: comunicación, ambición y empoderamiento.

«Si quieres motivar a tus empleados, tienes que comunicarte», afirmó. «Si quieres llegar a su corazón y a su mente, tienes que fijar objetivos realistas, los que la ciencia indica que son necesarios. La gente no es tonta; no querrás tratarla como a niños».

Según él, existe una importante brecha de credibilidad. «Más del 40 % de los empleados cree que a los consejeros delegados no les importa. Eso es un problema grave. Ahí es donde el greenwashing se convierte en un problema. Creo que cada vez pone más en peligro a las empresas».

Tiene razón, por supuesto. En un mundo que compite por el talento y busca cultivar a los líderes del mañana, saber motivar e inspirar a los profesionales en las primeras etapas de su carrera podría convertirse en un supe poder para las empresas. Y todo empieza por el consejero delegado. Parecer comprometido de forma auténtica, disponer de pruebas que lo respalden, y motivar y apoyar a los empleados para que afronten los desafíos serán ventajas competitivas para muchas empresas.

Y, como aprendimos en GreenBiz 23, no faltan jóvenes profesionales dispuestos a estar a la altura del momento, siempre que se les dé una oportunidad y una voz.

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