Alcanzar las emisiones netas cero para 2050 se apoyará en estos 3 pilares

A worker throws quartz sand in an electric arc furnace in a steel factory of Store Steel in Store, Slovenia November 17, 2016.
Technologies such as electric arc furnaces can help hard-to-abate sectors to decarbonizeImage: REUTERS/Srdjan Zivulovic
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  • Las emisiones netas cero son posibles, pero están lejos de ser sencillas.

  • La industria pesada y los sectores de difícil reducción plantean desafíos particulares.

  • El apoyo de los líderes y los responsables de políticas en 3 ámbitos será fundamental.

Emisiones netas cero de CO2 para 2050: lo que hace apenas un año parecía una visión lejana es ahora técnicamente realista y posible.

Pero el camino hacia la neutralidad de carbono está lejos de ser sencillo. Será necesaria una combinación de enfoques, que incluya la electrificación, las energías renovables y los combustibles fósiles más limpios. Dependerá de características localizadas, como la geografía, los niveles de industrialización y otras muchas necesidades sociales.

Un desafío particular será la industria, que representa el 29 % del consumo final y el 42 % de las emisiones directas de CO2 relacionadas con la energía y los procesos. Las industrias pesadas, como la producción de acero, cemento y productos químicos para artículos como el plástico, se consideran de «difícil reducción» (hard to abate), ya sea porque muchos de sus procesos no pueden electrificarse fácilmente o porque utilizan combustibles fósiles como materias primas.

Las tecnologías para descarbonizar en gran medida estos sectores existen, pero se encuentran en distintas fases de desarrollo. Por ello, la tecnología por sí sola no puede lograr emisiones netas cero. También se requerirá el apoyo de los responsables de políticas y de incentivos que generen demanda de productos bajos en carbono o sin carbono.

Las industrias pesadas se cuentan entre las más difíciles de descarbonizarImage: Mitsubishi Heavy Industries / IEA World Energy Outlook 2019

Estas son tres áreas que serán fundamentales.

1. Ampliar la escala de la tecnología

Empresas de todo el mundo están desarrollando soluciones para hacer posibles las emisiones netas cero.

El éxito de la energía eólica marina, cuyos costes y capacidad de generación eléctrica se consideran ahora equiparables a los de las centrales de gas, demuestra que las energías renovables pueden ampliarse para competir con los combustibles fósiles.

Incluso el problema de la intermitencia puede abordarse, ya sea mediante el almacenamiento en baterías o mediante la conversión en hidrógeno, que luego puede utilizarse como combustible bajo en carbono en el transporte, la generación de energía y la industria.

En los sectores de difícil reducción también hay tecnologías disponibles para disminuir las emisiones de CO2. En la siderurgia, los hornos de arco eléctrico más limpios pueden descarbonizar el reciclaje de chatarra. Nuevo acero bajo en carbono puede producirse utilizando gas natural o hidrógeno en lugar de carbón en el proceso de reducción del mineral de hierro, que consume mucha energía.

Lo que queda de los gases residuales ricos en carbono puede convertirse en combustibles sintéticos mediante captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS). Estos pueden utilizarse después en otros sectores con dificultades para reducir el carbono, como el químico, para ayudar a reducir las emisiones.

En la calefacción, que representa alrededor del 50 % del consumo total de energía, el hidrógeno podría sustituir al gas natural en las redes de distribución existentes. Las aplicaciones de valorización energética de residuos, como las que aprovechan el calor generado en los procesos de fabricación para la calefacción urbana y la electricidad, ya están consolidadas en este ámbito, y se espera que su papel siga creciendo.

Muchas de estas soluciones bajas en carbono, aunque están probadas técnicamente, tendrán que ampliarse para hacerlas más viables económicamente, pero no se puede dejar que las empresas tecnológicas libren esta batalla en solitario.

2. Cambios en las políticas

Los cambios en las políticas ya han sido muy valiosos para ayudar a reducir las emisiones de carbono. Las tecnologías de energías renovables, como los aerogeneradores y la energía solar fotovoltaica, no habrían alcanzado su nivel actual de madurez de mercado sin el respaldo legislativo mundial y regional.

Para alcanzar las emisiones netas cero se necesita un apoyo similar para otras tecnologías de reducción de carbono que favorezca el desarrollo de soluciones de descarbonización en ámbitos como la calefacción y los procesos industriales.

Se están logrando algunos avances. Japón, por ejemplo, aspira a convertirse en una «sociedad del hidrógeno» y, en consecuencia, ha fijado objetivos en torno a la producción y el uso del hidrógeno. A nivel mundial, más de 50 países están elaborando políticas y hojas de ruta sobre el hidrógeno.

En Estados Unidos, los incentivos fiscales están impulsando una ola de nuevos proyectos de CCUS, la mayoría de los cuales pretenden capturar las emisiones de CO2 del sector químico.

Europa, que ya ha alcanzado sus objetivos en materia de energías renovables en el mix eléctrico, se ha propuesto ahora descarbonizar la calefacción, con un objetivo anual mínimo de crecimiento del 1,3 % en la calefacción con energías renovables.

Pero hay que hacer más. En algunas de las economías más grandes y de crecimiento más rápido del mundo es necesario contar con un apoyo legislativo para el cambio a fuentes de energía con menor contenido de carbono. La Comisión de Transiciones Energéticas ha identificado el gas natural como combustible de transición clave para reducir rápidamente las emisiones industriales de CO2 de China y la India.

Ninguna solución política funcionará para todos a la hora de alcanzar las emisiones netas cero. Y, junto con las iniciativas normativas y financieras, también es fundamental estimular la demanda para que los mercados puedan ampliarse y reducir los costes.

3. Generar demanda

La fiscalidad energética y la fijación de precios del carbono, a través de mecanismos como el Sistema de Comercio de Energía de la UE, por ejemplo, se están generalizando en algunas partes del mundo. Ambos hacen menos atractiva la generación de gases de efecto invernadero y más atractiva la inversión en tecnologías de reducción.

La contratación pública también tiene un papel que desempeñar al priorizar los productos bajos en carbono en todas sus decisiones de compra para generar demanda, además de dar ejemplo.

Al mismo tiempo, hay que fomentar la demanda de base, promoviendo el consumo de productos bajos en carbono por parte del público.

¿Eso es todo?Image: Mitsubishi Heavy Industries / Energy Transitions Commission

La Comisión de Transición Energética sugiere que la descarbonización en las industrias de difícil reducción solo tendrá un impacto reducido en los precios para el consumidor final. El acero descarbonizado podría añadir no más de $180 al precio de un coche. Los plásticos de cero emisiones encarecerían el precio de un litro de refresco en menos de $0,01.

Solo la aviación podría experimentar aumentos mayores, ya que se prevé que los precios de los billetes suban entre un 10 % y un 20 % si el coste de los biocombustibles y los combustibles sintéticos sigue siendo superior al del queroseno convencional.

Para ganar escala, la atención debería centrarse primero en los mercados en los que los usuarios finales puedan asumir el coste adicional.

Una analogía podría ser el éxito de los alimentos ecológicos: aunque más caros, los productos ecológicos ganaron impulso entre un público que busca llevar una vida más saludable. Del mismo modo, la creación de una etiqueta de «bajo en carbono» o «sin carbono» podría animar a los consumidores preocupados por el cambio climático a optar por productos superiores.

Las emisiones netas cero en 2050 están a nuestro alcance, pero para lograrlo se requerirá un esfuerzo concertado.

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