¿Te apetece viajar a la pintoresca isla griega de Santorini? Tendrás que darte prisa, porque pronto la isla empezará a limitar a 8000 al día las llegadas de cruceros. Cinque Terre, en la costa italiana, también limitará el número de visitantes a 1.5 millones al año, mientras que otras atracciones populares, como Machu Picchu y el monte Everest, también están regulando el número de visitantes y exigirán que vayan acompañados de un guía reconocido.
Limitar el número de turistas es una medida bastante drástica y, a menudo, el último recurso de los destinos. Sin embargo, el hecho de que algunos destinos estén tomando estas medidas pone de manifiesto que los principales destinos turísticos no han logrado ser sostenibles y competitivos a la vez.
Pero ¿cómo hemos llegado a este punto y qué podemos hacer al respecto?
Las tendencias de viaje muestran que, durante los últimos 50 años, los viajes y el turismo han ido en aumento: las llegadas internacionales pasaron de 25 millones en la década de 1950 a 1.2 mil millones en 2016. Sin embargo, el exceso de turismo solo ha empezado a estar en nuestro radar en los últimos años.
Varios factores han elevado las tensiones, entre ellos el auge de las escapadas urbanas cortas, la aparición y expansión de Airbnb y las aerolíneas de bajo coste, y el desarrollo de la industria de cruceros.
En general, la industria ha sido una fuerza positiva: ha impulsado el crecimiento, creado empleo, reducido la pobreza y promovido el desarrollo y la tolerancia. Sin embargo, uno de sus efectos negativos ha sido la masificación. De hecho, recientemente hemos sido testigos de protestas contra los turistas en ciudades como Barcelona y Venecia. Algunos destinos se han vuelto, en la práctica, demasiado populares para su propio bien. Veamos las cifras:
Es fácil entender por qué a los residentes les preocupa cada vez más preservar el carácter de su destino y, en algunos casos, el efecto que esto ha tenido en los precios de la vivienda.
En adelante, es importante que los gobiernos, las empresas y las personas asuman su responsabilidad ante la masificación y desarrollen soluciones sostenibles al problema. La campaña “Travel.Enjoy.Respect” de la Organización Mundial del Turismo, lanzada recientemente, también busca involucrar a los turistas para que el sector actúe como catalizador de un cambio positivo.

Curiosamente, aunque las investigaciones muestran que las personas sienten responsabilidad por el impacto que tienen en el medio ambiente, ese sentimiento aún no se ha traducido en acciones. Una encuesta reveló que, aunque el 30% de las personas dijeron ser consumidores éticos, solo el 3% de ellas compró productos éticos.
Tanto los destinos como el sector privado deben ofrecer mejor información e incluso regular cuando sea necesario. Por ejemplo, Venecia ha prohibido nadar en los canales. También hacen falta planes de desarrollo turístico más sólidos que vayan más allá de la rentabilidad y propongan ideas innovadoras para garantizar tanto una gran experiencia para el turista como la sostenibilidad del destino.
Necesitamos que las autoridades locales y la industria unan fuerzas para gestionar de forma sostenible el crecimiento del sector. De hecho, si se gestiona adecuadamente, la industria de los viajes y el turismo puede ser un gran aliado para preservar e incluso fortalecer las comunidades. Taleb Rifai, secretario general de la Organización Mundial del Turismo, afirma: «Hoy más que nunca, garantizar que el turismo sea una experiencia enriquecedora tanto para los visitantes como para quienes los reciben exige políticas y prácticas turísticas sólidas y sostenibles, así como la participación de los gobiernos y las administraciones nacionales y locales, las empresas del sector privado, las comunidades locales y los propios turistas».

Ser demasiado popular puede ser perjudicial. Tanto los países como los destinos deben reconocer que pueden surgir —y de hecho surgen— desafíos sociales relacionados con los viajes y el turismo; pero, más importante aún, no se resolverán por sí solos. Aun así, para citar a Fabien Cousteau: «Espero con ilusión el día en que no exista el turismo sostenible. Solo el turismo».
