Los planes para una posible Superliga Europea (ESL) escindida corren peligro tras la retirada de los seis clubes británicos implicados.
El proyecto de la ESL generó polémica entre los aficionados, las asociaciones de fútbol y el gobierno.
El profesor de Derecho y Práctica Deportiva, Steve Greenfield, expone una historia de escisiones comparables en el mundo del deporte y los posibles resultados de la ESL.
El fútbol europeo vivió uno de los mayores sacudones de su historia cuando se planteó una posible Superliga Europea (ESL) fue anunciada. Los aficionados, las asociaciones de fútbol e incluso el gobierno se unieron para condenar el nuevo torneo, que fue criticado como “un proyecto cínico basado en el interés propio de unos pocos clubes”.
Descrita como un “nuevo torneo de entre semana”, la liga se anunció inicialmente con 12 miembros fundadores de toda Europa, incluidos los seis “grandes” clubes de fútbol ingleses (que ahora según se informa, se han retirado, lo que pone en peligro la creación del torneo). Estos clubes fundadores no podían ser relegados de la competición, uno de los principales puntos de controversia.
La lógica que hay detrás de estos clubes es fácil de entender. Cada uno de los equipos fundadores recibiría unos 3,5 mil millones de euros (3,02 mil millones de libras) por unirse, además de 10 mil millones de euros (8,6 mil millones de libras) para un “período de compromiso inicial”.
En un comunicado, la Asociación de Aficionados al Fútbol expresó:
"Esta competición se está creando a nuestras espaldas por propietarios de clubes multimillonarios que no tienen ningún respeto por las tradiciones del juego y siguen tratando el fútbol como su feudo personal."
Existe una sensación abrumadora entre todas las partes enfadadas de que los propietarios de los clubes ya ricos han buscado una mayor dominación financiera distorsionando la competencia.
La indignación inicial dará paso a una reflexión y una crítica más mesuradas, pero las cuestiones candentes son si este modelo representa un desafío realista para el estilo actual de competición y cuáles serían las consecuencias tanto para el fútbol europeo como para el inglés a nivel nacional. La historia del deporte puede ofrecer algunas pistas.
Una historia de escisiones y conciliación
El deporte ha estado históricamente marcado por escisiones y divisiones. El fútbol vivió episodios de este tipo durante el último cuarto del siglo XIX, con la separación entre el fútbol y el rugby de fútbol, y luego la división de este último en el Rugby Union amateur y el Rugby League profesionalizado.
La propia Premier League surgió de una escisión de la Football League en 1992. La Asociación de Fútbol quería aprovechar las crecientes oportunidades comerciales, en particular la venta de los derechos de retransmisión. La impugnación legal presentada por la Football League, despechada, fracasó, y los clubes de la Premier League han prosperado desde entonces, en gran medida gracias al nuevo modelo de retransmisión por suscripción.
La gran escisión del cricket se produjo en 1977 por la asignación de los derechos de retransmisión del cricket australiano. El magnate de la televisión Kerry Packer quería los derechos para emitir los partidos australianos, pero fue rechazado, ya que prevaleció la relación tradicional con la emisora estatal (ABC).
La respuesta de Packer fue lanzar su propia competición, la innovadora World Series Cricket, y, en gran secreto, contrató a los mejores jugadores del mundo, entre ellos el capitán inglés Tony Greig. Greig fue despedido y los jugadores que ganaban su sustento en Inglaterra y que habían firmado fueron prohibidos de jugar en Inglaterra. El pleito judicial resultante se resolvió a favor de los jugadores y las prohibiciones fueron revocadas. World Series Cricket se disputó durante dos temporadas, adoptando nuevas ideas como la ropa de colores y partidos que se jugaban más tarde en el día y continuaban por la noche (conocidos como partidos de día y noche), lo que atrajo a espectadores y hizo que la oferta más tradicional pareciera anticuada.
La presión financiera sobre el Consejo Australiano de Cricket llevó a un compromiso inevitable y a que Packer obtuviera los derechos de retransmisión.
Más recientemente, el Board for Cricket Control in India (BCCI) repelió el desafío de la India Cricket League (ICL), impulsada por la retransmisión. Se recurrió a una combinación de sanciones a jugadores y a mejores premios en las competiciones existentes. Sin embargo, fue la creación de su propia competición, la muy exitosa Indian Premier League, lo que resultó decisivo. La ICL fue asfixiada en su etapa inicial. El asunto Packer y la Indian Premier League demuestran claramente que se pueden desarrollar y explotar nuevos mercados para un deporte tradicional.
Posibles resultados
Estos ejemplos apuntan a posibles resultados para el fútbol.
Los ingresos por retransmisión son un factor clave del deporte y, desde la creación de la Premier League y la venta de los derechos a Sky, nuevos actores –BT y Amazon– han entrado en el mercado, lo que ha incrementado el valor del contenido. Los grandes clubes quieren una porción mayor de estos y otros ingresos comerciales, alegando que son su perfil y popularidad lo que atrae a suscriptores y espectadores.
Ya se ha acordado una nueva fórmula para los ingresos por retransmisiones internacionales. Mientras que antes los ingresos por la cesión de derechos se repartían a partes iguales, ahora los seis primeros clubes reciben cantidades mayores. Cualquier cambio en el sistema sin duda presionaría para aprobar una nueva fórmula nacional.
Una amenaza de posibles prohibir a los equipos y jugadores implicados en la ESL de la Premier League ha concentrado la atención de los clubes que dependen de los ingresos por retransmisión para su viabilidad. Los clubes más pequeños tienen menos ingresos por taquilla y otros ingresos comerciales, por lo que son muy vulnerables a cualquier descenso de los ingresos televisivos. Una liga nacional sin los seis grandes pierde un valor considerable, y los mismos argumentos se aplican a nivel europeo.
Los aficionados han protestado por el enriquecimiento de los clubes ricos y la traición a la tradición, pero la combinación del atractivo del producto de la Premier League, creado irónicamente por una escisión orquestada por la FA, y la disposición de los propietarios de los clubes a explotar sus activos apunta a una voluntad de impulsar el cambio activamente. La decisión para los organismos rectores nacionales de toda Europa y para la propia UEFA es si abrazar e incorporar el cambio y, de forma inevitable, ceder algo de control, o plantarse y combatir la amenaza, con lo que el fútbol profesional quedaría sumido en un torbellino de incertidumbre.

