A diferencia de la mayoría de las demás plataformas de entretenimiento, los videojuegos pueden conectar a personas de todos los orígenes y creencias. Cuando las personas participan en cualquier tipo de juego, se les pide que adopten una perspectiva que podría resultarles desconocida. Hoy en día, los videojuegos ofrecen la plataforma para este juego auténtico y colaborativo, que amplía perspectivas y crea nuevas comunidades al conectar a personas que quizás nunca se habrían conocido.
Hoy en día, el jugador promedio lleva 14 años jugando. Han crecido con la industria y han evolucionado junto a ella. Así como los videojuegos se han vuelto más ricos, completos y variados, también lo han hecho las comunidades que los juegan, que cada vez son más inclusivas y accesibles.
El público actual de los videojuegos está prácticamente dividido por igual entre hombres y mujeres (54% frente a 46%). En Estados Unidos, abarca todas las posturas políticas e incluye a demócratas (37%), republicanos (33%), independientes (18%) y otros (12%). Les gustan distintos tipos de juegos, pero también descubren que tienen géneros en común, y juegan con regularidad con (y contra) personas de otros países que quizás ni siquiera hablen su lengua materna. Estas nuevas conexiones permiten cada vez más a los jugadores ponerse en el lugar de los demás, lo que ayuda a fomentar una mayor empatía y compasión.

Todo esto sienta sutilmente las bases para que los jugadores reconozcan que, aunque las personas estén muy alejadas en el espectro político o geográfico, tienen más en común entre sí de lo que resulta evidente a primera vista. Saber esto ayuda a construir empatía, que es el primer paso para tender puentes sobre las brechas que nos separan.
Los juegos tienen más poder que el de conectarnos emocionalmente. Hoy en día, algunos el 63% de los jugadores adultos juega con otros, a menudo en escuadrones que se reúnen en línea o en persona. Reunidos por servidores y algoritmos de emparejamiento, estos desconocidos aprenden rápidamente a trabajar juntos para alcanzar un objetivo común.
Esta única mecánica ha provocado una explosión en la popularidad de los deportes electrónicos, creando nuevos elementos sociales y oportunidades para participar en la cultura de los videojuegos. Jugadores de equipos de todos los géneros, edades, nacionalidades y capacidades se unen para competir por una victoria compartida, lo que ayuda a generar empatía y compasión hacia sus compañeros de equipo, al tiempo que desarrolla habilidades de comunicación y fortalece vínculos. Los deportes electrónicos también crean una comunidad de aficionados que se reúnen en línea para ver y comentar torneos, o que acuden en persona, a menudo viajando largas distancias para sentarse en las gradas junto a desconocidos, unidos por su pasión compartida por equipos o jugadores.
Los videojuegos –cada vez más a través de tecnologías de RV y RA– también son un factor de igualdad para personas con distintas capacidades físicas. Estos son solo algunos ejemplos de la innovación que ha impulsado la industria:
Un estudio de 2008 reveló que uno de cada cinco jugadores casuales de videojuegos tenía algún tipo de discapacidad física. Grupos de defensa, como AbleGamers, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a los jugadores con discapacidad a disfrutar mejor de los videojuegos, ha trabajado con desarrolladores y editoras para crear mandos modificados y tecnología especial que ayude a personas con problemas de accesibilidad;
Por su parte, Microsoft lanzó el Xbox Adaptive Controller en 2018, para ayudar a personas con movilidad limitada a jugar en esa consola;
Sony lanzó en 2015 una actualización del sistema de PS4 que incluía texto a voz, reasignación de botones y una fuente más grande. El periférico de seguimiento ocular de Tobii permite controlar la acción en pantalla con movimientos de los ojos.
Todos estos avances han permitido que más personas jueguen más juegos de la forma que necesiten; la comunidad se expande en todas direcciones.
Esta capacidad de los videojuegos para conectar y crear comunidad les permite ser una fuerza mayor para el bien social. Lual Mayen, un refugiado sursudanés que creció en zonas de ese país devastadas por la guerra, es hoy desarrollador de videojuegos y director ejecutivo de Junub Games en Estados Unidos. Utiliza sus experiencias de vida para crear juegos centrados en la consolidación de la paz y la resolución de conflictos. Su último juego es Salaam, en el que los jugadores viven la vida de un refugiado, esquivando bombas, encontrando agua y buscando puntos de energía, mientras avanzan desde una zona de guerra hasta una vida pacífica. Además, cualquier dinero que los jugadores gasten en el juego beneficia a refugiados reales gracias a las alianzas de Junub con organizaciones benéficas.
Games for Change desarrolla activamente una comunidad en torno a los juegos desde una perspectiva industrial. Durante más de 17 años, esta organización sin ánimo de lucro ha construido una comunidad de práctica basada en la premisa de que los juegos, como medio, pueden ser un poderoso impulsor del cambio social. Games for Change apoya a creadores de juegos e innovadores sociales para mejorar sus comunidades y aprender mediante el juego, y organiza eventos como el XR Brain Jam, un hackatón que reúne a investigadores y desarrolladores de juegos para crear nuevas aplicaciones para la salud. El Festival anual Games for Change incluye un enfoque en la salud y el bienestar, diversos temas cívicos y sociales, y juegos para el aprendizaje. Reúne a profesionales de campos diversos como la tecnología, los medios de comunicación, el gobierno, el ámbito académico, la investigación y la educación, que quieren utilizar este medio para hacer del mundo un lugar mejor.
El Games for Change Student Challenge enseña a los estudiantes a diseñar juegos basados en problemáticas sociales, promoviendo la adquisición de habilidades del siglo XXI –especialmente la empatía, la colaboración, la creatividad y la comunicación– y empodera a los jóvenes para convertirse en narradores digitales socialmente conscientes. Cuando los jóvenes asumen el papel de diseñadores, los juegos podrían considerarse uno de los medios narrativos más influyentes para la juventud. Dar a los jóvenes la oportunidad de expresarse a través de los juegos les ayuda a convertirse en “ciudadanos con visión macro” con mayor “empatía y comprensión de la diversidad.”
Estas habilidades blandas y cognitivas ayudan a preparar mejor a estos jóvenes jugadores para sanar los cismas que han surgido en este mundo cada vez más fragmentado. Construyen comunidades entre jugadores y aficionados, reuniendo a personas de culturas, creencias y edades dispares, que descubren que, pese a sus diferencias, tienen mucho en común.
En una era que a menudo parece más dividida que nunca, los videojuegos nos permiten conectar con otros de maneras nuevas que resultan familiares, al tiempo que ofrecen un camino para reimaginar la intersección entre el juego, el poder de las comunidades y la relevancia del impacto social.
