Un estudio revela que una dieta vegana cuesta un tercio menos que las dietas con un alto contenido de carne y lácteos en países de ingresos altos como el Reino Unido.
Cambiar a una dieta con más alimentos de origen vegetal, con opciones vegetarianas, flexitarianas y veganas, podría ahorrar casi 900 dólares por persona.
Las dietas habituales en los países de ingresos bajos son distintas de las de los países de ingresos altos, por lo que se determinó que allí las dietas más saludables eran más caras.
Muchas personas están optando por cambiar a dietas basadas en plantas por muchas razones; entre ellas, reducir su huella climática o mejorar su salud.
Sin embargo, desde hace tiempo existe la idea de que las dietas basadas en plantas son por naturaleza más caras que seguir una dieta omnívora más tradicional, por lo que algunas personas podrían dudar en dar el paso. Pero resulta que esto no es del todo cierto. De hecho, la investigación reciente que mis colegas y yo publicamos en Lancet Planetary Health descubrió que seguir una dieta más saludable y sostenible —como una dieta vegana, vegetariana, pescetariana o flexitariana— podría reducir hasta en un tercio la factura de la compra si vives en un país de ingresos altos, como el Reino Unido, Estados Unidos o algún país de Europa.
Para realizar nuestro estudio, utilizamos datos del Banco Mundial, que recopila periódicamente información sobre los precios de muchos productos distintos para estimar el poder adquisitivo de cada país y así calcular su producto interno bruto (PIB). En el caso de los alimentos, recopiló datos sobre más de 460 productos de mercados de todo el mundo. Estos incluían desde productos globales —como marcas de arroz ampliamente disponibles— hasta productos regionales exclusivos de ciertos países.
Utilizamos los datos de precios de productos tanto globales como regionales para calcular el coste medio de distintos grupos de alimentos —como arroz, frutas y verduras, legumbres y pescado— en cada país. Para calcular el coste total de las dietas y los cambios en ese coste, combinamos los datos de precios con información sobre la demanda de alimentos y el desperdicio actuales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, así como con recomendaciones de patrones alimentarios que pueden ser más saludables y sostenibles que las dietas actuales, como las flexitarianas, pescetarianas, vegetarianas y veganas. Esto nos permitió estimar cuánto podría gastar una persona, en promedio, para seguir distintas dietas.
Asequibilidad
Los resultados de nuestro análisis nos sorprendieron un poco. Si se consideran únicamente los costes de los ingredientes, una dieta vegana cuesta un tercio menos que las dietas «occidentales» actuales, con un alto contenido de carne y lácteos, que muchas personas consumen en países de ingresos altos como el Reino Unido. Las dietas vegetarianas tienen un coste similar, mientras que quienes siguen dietas flexitarianas ahorran un 14% de media. Solo las dietas pescetarianas —que incluyen una mayor proporción de pescado y marisco— pueden costar a veces un 2% más que las dietas actuales.
Para ponerlo en perspectiva, calculamos que una dieta occidental típica cuesta unos 50 dólares estadounidenses por persona a la semana (37 libras). En comparación, las dietas flexitarianas cuestan alrededor de 42 dólares por persona a la semana; las vegetarianas, desde 34 dólares, y las veganas, desde 33 dólares. Esto significa que, a lo largo de un año, podrías ahorrar casi 900 dólares por persona si cambiaras a una dieta con más alimentos de origen vegetal.
Conviene tener presente que los datos que utilizamos se refieren al coste de ingredientes básicos, como frutas, verduras, legumbres y otros. No incluimos comidas preparadas, comida para llevar ni alimentos muy procesados, como las hamburguesas vegetales. Así que, si quieres conseguir estos ahorros, elige alimentos mínimamente procesados y prueba algunas recetas nuevas. Esto no solo es mejor para tu bolsillo, sino que, en la mayoría de los casos, también será más saludable y sostenible que seguir dietas basadas en alimentos muy procesados.
Sin embargo, la situación era algo más complicada al analizar los países de ingresos bajos, como los del África subsahariana. Allí, las dietas habituales se componen principalmente de alimentos ricos en almidón. Descubrimos que, aunque seguir dietas veganas, vegetarianas, flexitarianas o pescetarianas era una cuarta parte más barato que seguir una dieta occidental rica en carne y lácteos, estos patrones alimentarios seguían costando al menos un tercio más que las dietas ricas en almidón que se consumen actualmente en los países de ingresos bajos.
Poder permitirse una dieta saludable y sostenible en los países de ingresos bajos es, sin duda, un desafío. Por eso, nuestro estudio también analizó cómo podríamos reducir los costes. Descubrimos que, si el desarrollo económico de las regiones pobres se acompañaba de medidas para reducir el desperdicio de alimentos y establecer precios de los alimentos favorables para la salud y el clima, era posible lograr que las dietas sostenibles fueran competitivas en costes en los países de ingresos bajos en un plazo de diez años.
Es urgente avanzar hacia dietas más saludables y sostenibles para evitar niveles peligrosos de cambio climático y hacer frente a la carga para la salud que suponen las dietas deficientes. Nuestro estudio demuestra que, con el apoyo político adecuado, las dietas saludables y sostenibles también pueden ser asequibles en todas partes, no solo en los países de ingresos altos.

