Reducir la cantidad de carne que comemos puede beneficiar nuestra salud y el planeta.
Las ventas de alternativas vegetales a la carne y los lácteos están aumentando rápidamente.
Las dietas veganas y otras con poca carne podrían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
La presión para crear más tierras de cultivo disminuirá si incluimos menos carne en nuestra dieta.
¿Le apetece acompañar eso con patatas fritas?
No hace tanto, elegir qué acompañaría a la hamburguesa era sencillo. Ahora, cada vez más, la elección gira en torno a la propia hamburguesa. ¿Se queda con la carne o preferiría una alternativa de origen vegetal?
Hay muchas investigaciones que muestran que cada vez más personas estamos dispuestas a prescindir de la carne de vacuno —y de otros productos de origen animal— en favor de opciones veganas o vegetarianas.
Así que, con motivo del Día Mundial del Veganismo, analizamos las tendencias de las dietas basadas en plantas y el posible impacto de esas tendencias en los esfuerzos por crear una economía alimentaria más sostenible.
Las ventas de alimentos de origen vegetal están en auge
Nuestras decisiones sobre qué poner en el plato empiezan por lo que elegimos echar al carrito de la compra. Los datos del Good Food Institute muestran que el mercado de alimentos de origen vegetal solo en Estados Unidos ya tiene un valor de 7.400 millones de dólares. Por supuesto, esa cifra incluye las frutas y verduras que siempre hemos comprado, pero otras categorías cuentan una historia más amplia.
Como muestra el gráfico anterior, las ventas de carne y leche de origen vegetal en Estados Unidos alcanzaron los 4.000 millones de dólares en 2021. En los tres años hasta 2021, las ventas de carne vegetal aumentaron un 74%, mientras que las alternativas a la leche crecieron un 33% en el mismo período.
Estos datos sugieren que cada vez estamos más dispuestos a cambiar nuestra dieta y reducir la cantidad de productos de origen animal que consumimos.
En una encuesta realizada en diciembre de 2021 a más de 1.000 adultos de Estados Unidos, Statista constató que el 28% había optado por leche de origen vegetal y el 22% había probado alternativas vegetales a la carne.
Un análisis más detallado de la Encuesta Global de Consumidores de Statista (2021) sugiere que seguirá creciendo nuestro interés por una dieta más basada en plantas. «En el mercado de la alimentación de origen vegetal, las alternativas a la leche, como las bebidas de soja, avena o almendra, tienen la mayor cuota de mercado, con unos ingresos mundiales estimados de 18.000 millones de dólares en 2021», señala. «Se prevé que el sector de las alternativas a la carne crezca a un ritmo aún más rápido: de unos 7.000 millones de dólares en 2021 a alrededor de 17.000 millones en 2026».
Beneficios para la salud
Hoy en día se acepta ampliamente que reducir o eliminar la carne de nuestra dieta puede aportar diversos beneficios para la salud. La Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) afirma que dejar de comer carne o reducir su consumo reduce el riesgo de cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, obesidad, hipertensión arterial, diabetes tipo 2 y muchas formas de cáncer.
Si la idea de hacerse vegano le parece demasiado radical, hay otras opciones. La AHA ha definido varias dietas con menos productos de origen animal, todas ellas capaces de reducir los riesgos para la salud asociados al consumo excesivo de carne y lácteos. Estas son las opciones de la AHA:
Una dieta vegana es totalmente vegetal. Excluye la carne, el pescado, los lácteos y los huevos; básicamente, cualquier producto de origen animal.
Los vegetarianos también siguen una dieta basada en plantas, pero su menú puede incluir lácteos y huevos.
Un flexitariano es una persona vegetariana que a veces come carne o pescado, pero que opta principalmente por alimentos de origen vegetal.
La alimentación centrada en vegetales es un estilo de cocinar y comer que da prioridad a los alimentos de origen vegetal, pero no se limita estrictamente a ellos. Puede incluir carne, aunque esta no suele ser la protagonista.
Personas sanas, planeta sano
Hacerse vegano o reducir la cantidad de productos de origen animal en nuestra dieta puede contribuir significativamente a nuestros esfuerzos por construir economías más sostenibles. Como muestra el gráfico siguiente de Our World in Data, producir 100 gramos de carne de vacuno genera una media de 25 kilogramos de CO₂ equivalente. El cordero y los camarones de cultivo también generan muchas emisiones.
En el otro extremo están las proteínas de origen vegetal. «Producir 100 gramos de proteína a partir de guisantes emite apenas 0,4 kilogramos de dióxido de carbono equivalente», señalan los investigadores. «Para obtener la misma cantidad de proteína de la carne de vacuno, las emisiones serían casi 90 veces mayores».
La producción de alimentos nutritivos mediante la cría de animales ocupa una enorme cantidad de tierra en comparación con la superficie necesaria para los alimentos de origen vegetal, como muestra el gráfico siguiente.
Las investigaciones de Our World in Data muestran que se necesitan 119 metros cuadrados de tierra para obtener 1.000 kilocalorías de un rebaño de ganado vacuno. La misma cantidad de calorías procedente de la leche de vaca ocupa casi 15 metros cuadrados.
Compárese con el arroz, un alimento básico en gran parte del mundo, que requiere menos de un metro cuadrado de tierra para producir 1.000 kilocalorías.
Entonces, ¿qué ocurriría con el uso de la tierra si todos adoptáramos una dieta vegana?
Como muestra el gráfico siguiente, utilizamos 4.13 mil millones de hectáreas de tierra para la agricultura, pero solo una fracción se destina directamente a cultivar alimentos para las personas. Alrededor del 80% de todas las tierras agrícolas del mundo se utilizan para pastorear animales o cultivar pienso.
Si todo el mundo se hiciera vegano, solo necesitaríamos mil millones de hectáreas para cultivar todos los alimentos del mundo. Eso supondría reducir un 75% la superficie necesaria para satisfacer las necesidades de las dietas actuales en todo el mundo, lo que equivaldría a liberar una extensión de tierra igual a la de toda América del Norte y Brasil.
El gráfico también muestra que cualquier reducción considerable del consumo de carne y lácteos liberaría vastas extensiones de tierra que ahora se utilizan para la agricultura.
Conviene tener presente que quienes tienen el privilegio de elegir si comen carne o no se encuentran entre las personas más afortunadas del mundo. Para muchos millones de personas, las preferencias alimentarias no son una opción.
Pero quienes sí pueden hacerlo obtendrían importantes beneficios para su salud y para el planeta del que obtenemos nuestros alimentos si consumieran menos carne y lácteos.





