La pandemia de coronavirus amenazó con provocar escasez de alimentos debido a las interrupciones en las cadenas de suministro y la falta de mano de obra.
Desde contribuir a la salud física y mental de la ciudadanía hasta reducir la contaminación atmosférica en zonas congestionadas, los beneficios de cultivar verduras en casa pueden hacer que la vida sea más sostenible para todo el planeta.
Desde el confinamiento, el interés público por cultivar frutas y verduras en casa se ha disparado. Los sobres de semillas están desapareciendo de las estanterías y las listas de espera para huertos comunitarios no dejan de crecer: un ayuntamiento recibió un 300% más de solicitudes. Algunas personas quizá se hayan visto motivadas por el temor a la escasez de alimentos, pero otras, con más tiempo libre en casa, habrán aprovechado la oportunidad de aliviar el estrés con una actividad familiar saludable.
Puede que ya hayan germinado las semillas del entusiasmo por los alimentos cultivados en casa, pero es esencial mantenerlo. La agricultura urbana tiene mucho que ofrecer tras la pandemia. Podría ayudar a las comunidades a reforzar la resiliencia de sus suministros de frutas y verduras frescas, mejorar la salud de sus residentes y ayudarles a llevar estilos de vida más sostenibles.
Estas son cuatro razones por las que el cultivo de alimentos debería convertirse en una presencia permanente en nuestros jardines, pueblos y ciudades tras la COVID-19.
1. Ciudades y pueblos más verdes
Más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas, y se prevé que esta proporción aumente hasta el 68% para 2050. En el Reino Unido, la proporción será aún mayor: se prevé que para entonces nueve de cada diez personas vivan en pueblos y ciudades.
Integrar el cultivo de alimentos en el tejido de la vida urbana podría acercar la vegetación y la fauna silvestre a nuestros hogares. El confinamiento por la COVID-19 reavivó el interés por cultivar en casa, pero uno de cada ocho hogares británicos no tiene acceso a un jardín. Por suerte, las oportunidades para la agricultura urbana van más allá: tejados, muros e incluso espacios subterráneos, como túneles abandonados o refugios antiaéreos, ofrecen diversas opciones para ampliar la producción de alimentos en las ciudades y, al mismo tiempo, renovar creativamente el entorno urbano.
Los tejados, muros y márgenes de carretera donde se cultivan alimentos también pueden ayudar a reducir el riesgo de inundaciones, proporcionar refrigeración natural a edificios y calles y reducir la contaminación atmosférica.
2. Suministros de alimentos resilientes
Diversificar dónde y cómo cultivamos nuestros alimentos ayuda a repartir el riesgo de que se interrumpan los suministros.
La dependencia del Reino Unido de las importaciones ha aumentado en las últimas décadas. Actualmente, el 84% de las frutas y el 46% de las verduras que se consumen en el Reino Unido son importadas. El Brexit y la COVID-19 podrían poner en peligro la continuidad del suministro, mientras que los problemas causados por el cambio climático, como la escasez de agua, amenazan con interrumpir las importaciones de alimentos del extranjero.
Cultivar frutas y verduras en pueblos y ciudades ayudaría a resistir estos impactos. La escasez de mano de obra para la cosecha que se observó durante la pandemia quizá no se habría sentido con tanta intensidad si las granjas urbanas cultivaran alimentos justo donde vive la gente.
Los cultivos verticales y subterráneos resisten mejor las condiciones meteorológicas extremas y las plagas; los entornos de cultivo en interiores son más fáciles de controlar que los campos, y la temperatura y la humedad son más estables bajo tierra. Los elevados costes iniciales y las facturas de energía de este tipo de agricultura han hecho que actualmente las granjas de interior produzcan una pequeña cantidad de cultivos de gran valor, como verduras de hoja y hierbas aromáticas. Sin embargo, a medida que la tecnología madure, se ampliará la variedad de productos cultivados en interiores.
3. Vidas más saludables
Salir a la naturaleza y dedicarse a la jardinería puede mejorar la salud mental y la forma física. Nuestra investigaciónsugiere que participar en el cultivo urbano de alimentos, o simplemente estar expuestos a él en nuestra vida cotidiana, también puede contribuir a una alimentación más saludable.
Quienes cultivan en las ciudades pueden tener muchos motivos para elegir alimentos más saludables. Tienen mayor acceso a frutas y verduras frescas, y salir al aire libre y estar en contacto con la naturaleza puede ayudar a reducir el estrés, lo que hace menos probable que las personas opten por alimentos poco saludables. Nuestro estudio sugirió que el cultivo urbano de alimentos también puede contribuir a cambiar la actitud hacia la comida, de modo que las personas valoren más los productos sostenibles, saludables y de origen ético.
4. Ecosistemas más saludables
Aunque se considera que la urbanización es una de las mayores amenazas para la biodiversidad, se ha demostrado que cultivar alimentos en pueblos y ciudades ha contribuido a aumentar la abundancia y diversidad de la fauna silvestre, así como a proteger sus hábitats.
Un estudio reciente descubrió que los huertos comunitarios y las parcelas de cultivo actúan como focos de concentración de insectos polinizadores, porque suelen contener una variedad diversa de plantas autóctonas y con frutos.
Si se diseñan y ejecutan correctamente, las parcelas de cultivo y los huertos comunitarios pueden beneficiar mucho a la biodiversidad. No solo hay que convertir los espacios baldíos en parcelas verdes y productivas, sino que también es importante conectar estos entornos para ayudar a la fauna silvestre a desplazarse entre ellos.
Los canales y los carriles bici pueden servir como corredores para la fauna silvestre. A medida que empezamos a diversificar los espacios destinados al cultivo de alimentos, especialmente los tejados y los espacios subterráneos, un reto apasionante será encontrar formas novedosas de conectarlos para beneficio de la fauna silvestre. Se ha demostrado que los puentes verdes ayudan a la fauna silvestre a cruzar carreteras transitadas; quizá pasos similares podrían conectar los jardines de las azoteas.
Todas estas razones, y muchas más, deberían impulsarnos a ampliar la producción de alimentos en pueblos y ciudades. La COVID-19 nos ha llevado a reevaluar la importancia que tienen para nosotros los espacios verdes urbanos de proximidad y qué esperamos de nuestras calles principales, parques y aceras. A juzgar por las ventas de los centros de jardinería, las listas de espera para huertos comunitarios y las redes sociales, muchas personas han decidido que quieren más frutas y verduras en esos espacios. Los urbanistas y promotores tienen la oportunidad de considerar qué podría aportar la incorporación de la agricultura a los paisajes urbanos.

