8 maneras de reconstruir la confianza en el periodismo

A journalist being escorted away by a security officer
According to the 2021 Edelman Trust Barometer Spring Update: A World in Trauma, trust in traditional news media is at a record low.Image: Unsplash/Valery Tenevoy
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  • La confianza en los medios de comunicación tradicionales está en mínimos históricos, según la actualización de primavera de 2021 del Barómetro de confianza de Edelman: Un mundo traumatizado.

  • La fricción entre las noticias basadas en hechos y la desinformación es evidente.

  • Las organizaciones de noticias pueden informar más sobre soluciones, escribe Sharon Moshavi, presidenta del Centro Internacional para Periodistas.

Ser periodista hoy no es fácil. Te enfrentas a amenazas y acoso diarios desde todos los frentes: gobiernos represivos y aspirantes a autócratas, tuits y publicaciones abusivas en Facebook, además de amenazas físicas y un riesgo sin precedentes de que te maten por tu trabajo. A esto se suma el estrés crónico de trabajar en un sector asediado por una crisis financiera existencial.

¿La recompensa por sobrellevar todo esto? Casi nadie confía en ti. Según la actualización de primavera de 2021 del Barómetro de confianza de Edelman: Un mundo traumatizado, la confianza en los medios de comunicación tradicionales está en mínimos históricos (aunque la confianza en las redes sociales es aún menor). Aunque la confianza del público en la mayoría de las instituciones —incluidos los gobiernos y las ONG— no es sólida, su confianza en los medios de comunicación es todavía más débil. Sabes que la situación es grave cuando la gente dice que los políticos son fuentes más creíbles que nosotros, los periodistas.

Es cierto que gran parte de la culpa recae en la creciente polarización política y el pantano de la desinformación. Cada vez más, los periodistas no son vistos como voces independientes, sino como personas con agendas ocultas, lo que hace que se los considere «de los nuestros o contra nosotros». Mientras tanto, las noticias basadas en hechos compiten por la atención con desinformación que provoca ira y busca tocar la fibra sensible. Algunos «malos actores» atacan activamente la credibilidad de los periodistas y, con demasiada frecuencia, lo consiguen gracias al entorno propicio del ecosistema actual de las redes sociales.

Un ejemplo: la intrépida periodista filipinoestadounidense Maria Ressa, ganadora del Premio Nobel de la Paz de 2021. Mi organización, el Centro Internacional para Periodistas, junto con la Universidad de Sheffield y el medio de noticias Rappler de Ressa, realizó recientemente un análisisforense de cientos de miles de ataques en redes sociales contra Ressa durante los últimos cinco años. Casi el 60% de esos ataques estaban diseñados específicamente para socavar su credibilidad profesional y, por extensión, la confianza del público en su trabajo periodístico.

¿Qué se puede hacer para revertir esta marea hostil? Una mejor autorregulación de las plataformas de redes sociales ayudaría, al igual que otras intervenciones de política pública; sin embargo, actualmente hay poco consenso sobre cuáles podrían ser, y muchos periodistas temen que las medidas gubernamentales que supuestamente buscan ayudar a los medios a menudo acaben haciendo lo contrario. Por eso muchos periodistas creen que la mejor estrategia consiste sencillamente en «agachar la cabeza y hacer el trabajo».

No creo que eso sea suficiente. Ha llegado el momento de replantear el periodismo a fondo: desde cómo se produce y distribuye hasta cómo interactúa con el público y cómo medimos su impacto. Recuperar la confianza requiere muchas acciones, grandes y pequeñas, que pueden emprender los periodistas y las organizaciones que aún los emplean. Consideren las sugerencias que siguen no como un plan de cambio listo para ponerse en marcha, sino como una exploración inicial de posibles medidas que podrían marcar la diferencia.

Repensar la cobertura informativa

Una sugerencia proviene de una fuente inesperada: el papa Francisco. El pontífice expuso recientemente una visión del periodismo que apunta directamente a reconstruir una cultura de confianza. La misión del periodista, dijo, es «explicar el mundo, hacerlo menos oscuro, lograr que quienes viven en él le teman menos y miren a los demás con mayor conciencia y también con más confianza». En otras palabras, no basta con destapar lo oscuro; también hay que aportar luz.

Por supuesto, muchos periodistas ya hacen mucho de ambas cosas. Sacan a la luz «lo oscuro» ayudando a derrocargobiernos corruptos en Eslovaquia, destapandoredes de trata de personas en Nigeria y documentandouna crisis de hambre cada vez más grave en Afganistán. También aportan luz al informar sobre la vida de las personas en las comunidades de São Paulo con menos recursos y menos cobertura mediática, sobre iniciativas exitosas para aumentar la participación electoral en la Nación Navajo, sobre lo que los países pueden aprender de Estonia en materia de ciberseguridad y mucho más.

Sin reducir el periodismo de investigación esencial que expone los problemas, ¿hay otras formas inteligentes de que las organizaciones de medios informen más sobre soluciones? ¿Y de qué otras maneras pueden las redacciones adaptar su cobertura para que sea más pertinente para los lectores? Algunas sugerencias:

  • Combatir de frente la desinformación. Las redacciones podrían adoptar un enfoque más integral para cubrir la desinformación y examinar la «infodemia» del mismo modo que han abordado todos los aspectos de la pandemia de COVID-19. Pueden descubrir quiénes están detrás de las campañas de desinformación e informar periódicamente sobre hallazgos como este, realizado por investigadores, que reveló que tan solo 12 cuentas de Facebook, Twitter e Instagram estaban detrás de la mayoría de la información errónea sobre las vacunas contra la COVID-19 en esas plataformas. Imaginen que las redacciones hicieran este trabajo con regularidad e identificaran los agentes patógenos de la información errónea a medida que aparecen, en lugar de esperar a que se propaguen. Los medios podrían colaborar periódicamente con investigadores y centros de análisis que cuenten con capacidad informática y analítica para identificar estas tendencias en las redes sociales.

  • Conectar mejor con el público. Las investigaciones muestran que la gente se interesa más por las noticias cuando una pieza periodística responde a la pregunta que todos los lectores suelen hacerse instintivamente: «¿Qué significa esto para mí?». ¿Por qué no publicar más reportajes que expliquen cómo repercute un gran tema en una comunidad y menos cobertura política al estilo de una carrera de caballos? Un ejemplo: Code for Africa, una organización de participación ciudadana, pone en marcha periódicamente proyectos basados en datos que, por ejemplo, ayudan a calcular la brecha salarial de género en cualquier país africano o a comparar los precios de los medicamentos en las farmacias cercanas.

  • Incorporar la confianza al enfoque. En cada reportaje, los periodistas deberían preguntarse: «¿Cómo puedo abordar este trabajo de una manera que ayude a la gente a confiar en él?». Esto puede incluir destacar soluciones y no solo problemas, incluir una diversidad de voces e involucrar directamente al público en el reportaje, por ejemplo, recopilando aportes de la comunidad.

Editar con transparencia

Pocas personas ajenas al periodismo saben realmente cómo se producen las noticias. Esta falta de transparencia alimenta las sospechas sobre los sesgos de los periodistas. Las secciones sobre «la historia detrás de la historia» que ofrecen algunos medios —como New York Times Insider— son un paso en la dirección correcta. Las organizaciones de medios deberían plantearse ir más allá y:

  • Distinguir mejor la opinión de las noticias informativas. A medida que proliferan los artículos de opinión y los análisis de noticias en todo tipo de medios, también aumentan las posibilidades de confusión entre el público. En un estudio de 2018, apenas el 43% de las personas dijo que podía distinguir fácilmente las noticias de la opinión en Twitter y Facebook.

  • Sumarse a iniciativas como The Trust Project, un consorcio que ha desarrollado una serie de ocho «indicadores de confianza» que las organizaciones de noticias pueden utilizar para mostrar quién está detrás de una noticia y qué la sustenta. Una investigaciónde la Universidad de Texas en Austin concluyó que los indicadores mejoran la credibilidad de un medio de comunicación. Los indicadores que más captaron la atención del público fueron «la descripción de por qué se escribió la historia (advertida por el 44%) y la información sobre The Trust Project (advertida por el 43%)». El proyecto, que se lanzó en 2017, cuenta hasta la fecha con apenas 200 socios mediáticos en todo el mundo. En 2022, esa cifra debería aumentar considerablemente.

  • Medir y comunicar el impacto de las noticias. Hacer seguimiento del impacto de una noticia es una buena decisión editorial, ya se trate de un gran reportaje de investigación o de una historia puramente local sobre un problema cotidiano. El medio brasileño Gazeta do Povo lo intentóhace un par de años y publicó un boletín sobre el impacto para su público. CGNet Swara, una iniciativa de periodismo ciudadano en India, CGNet Swaraha seguido cientos de efectos concretos de su labor informativa —como la puesta en marcha del servicio eléctrico y el pago a docentes— y los comunica a su público.

El asunto es la distribución, estúpido

En el mundo actual, dominado por las redes sociales, controlar cómo se distribuye el contenido se ha convertido en un reto complejo que muchas organizaciones de noticias tienen dificultades para afrontar. Como era de esperar, las investigaciones del Instituto Reuters muestran que las noticias generan menos confianzacuando se ven en plataformas de redes sociales infestadas de desinformación. Los medios han intentado responder con notificaciones automáticas y una avalancha de boletines, llegando a los lectores a través de sus teléfonos y bandejas de entrada. Es un comienzo. Pero el periodismo necesita actuar con más creatividad para encontrar otras formas de controlar mejor la distribución de sus contenidos. Por ejemplo:

  • Crear consorcios. Hemos visto grandes colaboraciones editoriales, como los Papeles de Panamá y los Papeles de Pandora. Pero también hay otros tipos de colaboración, centrados en la distribución y la marca compartida, que podrían ayudar a estrechar los vínculos con los lectores. Podrían adoptar formas experimentales como la Ohio Local News Initiative, que reúne a pequeños medios y grupos comunitarios de todo el estado bajo un mismo paraguas. O la iniciativa de las mayores empresas mediáticas de Suizapara crear un único inicio de sesión para todos sus sitios y recuperar una conexión directa con los lectores. Iniciativas como estas también podrían sacar al público de sus propias cámaras de eco y dirigirlo hacia nuevas fuentes de información. O pensemos en #FactsMatter, que reúne a verificadores de datos y organizaciones de noticias de Nigeria con personas influyentes en las redes sociales —es decir, mensajeros de confianza— para que las noticias rigurosas que producen lleguen a un público más amplio.

  • Pensar en grande. Las organizaciones de noticias llegaron tarde a la era digital y desde entonces han ido a la zaga. Sin embargo, unos pocos periodistas inconformistas se adelantaron a su tiempo. Roger Fidler, de Knight Ridder, hoy desaparecidainventó la tableta en la década de 1990, 15 años antes que Steve Jobs, pero las redacciones estaban demasiado acomodadas para prestarle atención. Necesitamos reavivar ese espíritu innovador y, esta vez, respaldar las grandes ideas que genere. Aún no sabemos cuál será la próxima gran innovación. Lo que sí sabemos es que hace mucho que se acabó el tiempo de la complacencia.

LA CONFIANZA DEBE OCUPAR UN LUGAR CENTRAL EN TODOS LOS ASPECTOS DE LA LABOR PERIODÍSTICA, DESDE LA COBERTURA INFORMATIVA Y LA EDICIÓN HASTA EL MARKETING Y LA DISTRIBUCIÓN.

Sea cual sea tu opinión sobre estas ideas concretas, la idea general debería estar clara: fortalecer la credibilidad periodística no puede ser algo secundario a lo que los medios recurren después de hacer el «trabajo de verdad». Este es el trabajo de verdad para las organizaciones de noticias y para quienes las valoramos y apoyamos. La confianza debe ocupar un lugar central en todos los aspectos de la labor periodística, desde la cobertura informativa y la edición hasta el marketing y la distribución. Hay mucho en juego. El periodismo se enfrenta no solo a una crisis de confianza, sino también a una crisis financiera existencial. Sin embargo, es mucho más probable que la gente pague por noticias en las que confía. Resolver una crisis quizá permita resolver también la otra.

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