Un nuevo estudio ha demostrado que los combustibles alternativos al queroseno que suelen quemar los aviones podrían ayudar a reducir el impacto de la aviación en el calentamiento global.
El estudio concluyó que los combustibles sostenibles pueden reducir las emisiones de CO₂ de la aviación y también su producción de nubes cirros de estela.
Existen obstáculos que superar, como el coste financiero potencialmente elevado de desarrollar y distribuir biocombustibles y combustibles sintéticos.
Mientras que la aviación representa el 2.4% de todas las emisiones procedentes del uso de combustibles fósiles a nivel mundial, dos tercios del efecto calentador del sector dependen de algo distinto de sus emisiones de CO₂. Y una de las formas más significativas en que la aviación contribuye al calentamiento global es a través de las nubes que los aviones generan en la alta atmósfera.
Sin embargo, en un nuevo estudio, los investigadores han demostrado que los combustibles alternativos al queroseno que suelen quemar los aviones pueden ayudar.
A altitudes de crucero, donde la atmósfera es lo bastante fría y húmeda, se forman estelas de condensación (contrails, en inglés, abreviatura de condensation trails) detrás de las aeronaves. Se trata de nubes formadas por cristales de hielo que se producen inicialmente a partir del hollín y las emisiones de vapor de agua del motor del avión; probablemente las hayas visto como estelas blancas y esponjosas en el cielo en un día despejado. Cuando la atmósfera es especialmente fría y húmeda a gran altura, estas estelas en forma de línea pueden durar muchas horas y extenderse hasta formar extensas redes de nubes cirros, que parecen mechones blancos de pelo.
Estas nubes reflejan la radiación solar de vuelta al espacio, enfriando la atmósfera, pero también pueden atrapar la radiación infrarroja reflejada por la Tierra. Este proceso acaba calentando la atmósfera, ya que el efecto de calentamiento supera al de enfriamiento. Esto es calculado como el mayor efecto de calentamiento actual de la aviación, casi el doble del derivado de las emisiones históricas de CO₂.
Reducir los impactos climáticos de la aviación derivados de las estelas dependerá de minimizar las partículas de hollín de los escapes de los aviones. Antes, los penachos de escape de las aeronaves eran humeantes, ya que contenían mucho hollín. Los motores modernos están diseñados para reducir la intensidad de las emisiones de hollín, pero el tamaño y el número de cristales de hielo que se forman dependen de la gran cantidad de partículas de hollín. Hay un límite a lo que se puede lograr limpiando los escapes de los aviones: los esfuerzos futuros deben centrarse en el propio combustible.
Las impurezas como el naftaleno, presentes de forma natural en los combustibles fósiles para aviación como el queroseno, se denominan compuestos aromáticos. Se trata de estructuras químicas con forma de anillo de carbono que constituyen los bloques de construcción de las partículas de hollín. Biocombustibles elaborados a partir de cultivos y aceites vegetales usados, y los combustibles sintéticos producidos con electricidad renovable, hidrógeno y CO₂, están diseñados para reducir la huella de carbono del vuelo.
Estos combustibles no contienen impurezas aromáticas, lo que significa que se generan menos partículas de hollín al quemarse. En el nuevo estudio, los investigadores descubrieron que también generan menos cristales de hielo (pero más grandes) en la atmósfera durante el vuelo. Esto, a su vez, hace que las estelas y las nubes cirros que forman calienten menos la Tierra.
El futuro de los vuelos
Actualmente, los aviones solo pueden repostar queroseno o mezclas de queroseno y biocombustibles. Los autores del nuevo artículo comprobaron que las mezclas de combustibles con bajas impurezas aromáticas reducen la formación de cristales de hielo entre un 50 y un 70%. En otro artículo, los investigadores predijeron que eso equivaldría a una reducción del efecto calentador global de las estelas de aproximadamente un 20%-50%. Es probable que, en algún momento del futuro, se permita que los vuelos funcionen con biocombustibles puros, por lo que la posible reducción del calentamiento causado por la aviación podría ser aún mayor.
Los resultados del nuevo estudio sugieren que las mezclas de combustibles sostenibles ofrecen una situación en la que todos ganan para reducir las emisiones de CO₂ de la aviación y su producción de nubes cirros de estela.
Otras soluciones, como los vuelos eléctricos, probablemente solo sean posibles en rutas muy cortas. Incluso es posible que las aeronaves propulsadas por hidrógeno solo se desarrollen para distancias medias. Ambas tecnologías tardarán más de una década en madurar antes de poder incorporarse a la flota aérea mundial. Es probable que la aviación de largo recorrido siga dependiendo de combustibles líquidos de tipo queroseno en el futuro previsible.
Otra opción es que los pilotos eviten las zonas de la atmósfera donde es más probable que se formen estelas. Sin embargo, vuelo a vuelo, desviarse para evitar estas regiones casi con toda seguridad aumentaría las emisiones de CO₂ del vuelo. Además, los modelos meteorológicos tampoco pueden predecir con suficiente precisión las zonas donde se formarán las estelas.
Por supuesto, los costes financieros de desarrollar y distribuir biocombustibles y combustibles sintéticos a una escala suficiente probablemente serán elevados y podrían aumentar el coste de volar. Con toda probabilidad, los gobiernos tendrán que imponer la eliminación progresiva del queroseno de origen fósil y ofrecer grandes incentivos a las aerolíneas para que cambien. Pero el tiempo apremia para descarbonizar el vuelo, y esta es una opción eficaz que las aerolíneas pueden desarrollar de inmediato para reducir el impacto climático general del sector.
