Este artículo se actualizó en noviembre de 2019.
Escarpadas, agrestes y poco pobladas, no es difícil entender por qué las islas Feroe atraen a turistas que buscan soledad, actividades al aire libre y naturaleza.
El archipiélago montañoso situado en el Atlántico Norte, entre Escocia e Islandia, recibe alrededor de 110.000 visitantes cada año. En un lugar donde los habitantes son menos numerosos que las ovejas, es una cifra considerable. Y el frágil entorno ya empieza a notar sus efectos.
Así que, en abril de 2020, las islas Feroe planean cerrar sus lugares turísticos más populares para repararlos y llevar a cabo una limpieza. Se seleccionará a un centenar de voluntarios entusiastas para formar parte del equipo de mantenimiento, y se les proporcionarán comida y alojamiento durante la iniciativa de dos días.
La iniciativa se basa en un proyecto piloto de la primavera de 2019, en el que 100 voluntarios de todo el mundo ayudaron a reparar y preparar para el futuro algunos de los lugares turísticos más populares de las islas.
La iniciativa piloto «cerrado al público, abierto al volunturismo» cerró varios lugares clave durante un fin de semana para realizar tareas de mantenimiento. Los equipos trabajaron en la creación de senderos en zonas muy transitadas, la instalación de señales y la reparación de antiguas estructuras de piedra.
Los voluntarios también pudieron probar la comida y las bebidas locales y participar en bailes tradicionales. Las islas Feroe se vieron desbordadas por las solicitudes para participar en la iniciativa: más de 3.500 personas compitieron por una plaza.
Aforo completo
En 2017, el turismo aportó 8,2 billones de dólares a la economía mundial. Genera una enorme cantidad de empleos y permite el crecimiento y el desarrollo económicos en todo el mundo. Además, se prevé que el sector siga creciendo.
Pero el exceso de turismo es un problema para los principales destinos del mundo: como muestra el gráfico a continuación, muchas ciudades ya tienen dificultades para hacer frente a la avalancha de visitantes. Existen varias definiciones del exceso de turismo, y la mayoría se centra en la influencia excesiva y negativa de los turistas en la vida de la población local y en la experiencia de los demás visitantes.
Hábitats vulnerables como la Antártida y las islas Galápagos están imponiendo restricciones al tamaño de los cruceros y al número de personas que desembarcan, con el objetivo de garantizar la sostenibilidad. El Camino Inca de Perú limita el número de permisos de trekking disponibles, y Ruanda restringe los pases para ver a sus gorilas de montaña.
La diversidad de países en la última edición del Informe de competitividad en viajes y turismo del Foro Económico Mundial demuestra que no existe una solución única para resolver el problema de la cantidad excesiva de visitantes. Pero quizás en el futuro veamos otros destinos seguir el ejemplo de las islas Feroe y pedir a los visitantes que ayuden a cuidar los lugares que han viajado para conocer.


