En resumen
A escala mundial, se desperdicia cerca de un tercio de toda la producción de alimentos, mientras que casi 795 millones de personas pasan hambre. Un grupo cada vez mayor de emprendedores aborda esta paradoja con empresas que «revalorizan» los alimentos desperdiciados y los convierten en productos aptos para el consumo.
Alimentos olvidados
Es un problema de proporciones gigantescas: cada año se tira a la basura una cantidad de alimentos equivalente a unos 9.553 rorcuales azules — el animal más grande que jamás haya existido —. (Eso equivale a 1.300 millones de toneladas, o 2,9 billones de libras.)
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hasta un tercio de todos los alimentos se desperdicia antes de poder consumirse, ya sea por pérdida de alimentos (cuando se derraman o se estropean antes de llegar a una tienda) o por desperdicio de alimentos (cuando se tiran o se estropean antes de usarse).
La producción de alimentos ya es un proceso costoso para el medioambiente: agota los nutrientes y los organismos beneficiosos del suelo, añade pesticidas y nitrógeno que provoca proliferaciones de algas a las fuentes de agua cercanas, representa el 69 % de todo el uso de agua en el mundo y genera gases de efecto invernadero. De hecho, la agricultura ocupa el segundo lugar, después de la energía, entre las actividades que más dióxido de carbono y metano, gases que calientan el planeta, producen en el mundo.
Si se suma el impacto del desperdicio de alimentos, la huella de la producción alimentaria se vuelve abrumadora. La FAO calcula que el costo de los alimentos desperdiciados equivale a unos 750.000 millones de dólares estadounidenses cada año; esa cifra no incluye costos que no pueden calcularse, como los efectos sobre la biodiversidad y la escasez que alimenta los conflictos sociales. En el video siguiente, la FAO estima que la naturaleza podría cobrarnos al menos 700.000 millones de dólares adicionales por estos efectos secundarios ocultos.
Sin embargo, emprendedores de todo el mundo están tomando la iniciativa para abordar el desperdicio de alimentos de maneras extraordinariamente creativas.
Barnana produce aperitivoscon bananas deshidratadas procedentes de América Latina que, de otro modo, se habrían desperdiciado, ya fuera por tener magulladuras, estar demasiado maduras o tener un tamaño poco atractivo para el consumo. La empresa incluso ha «cerrado el ciclo del desperdicio de bananas», como dijo a Forbesel director de marketing, Nik Ingersoll, al alimentar su deshidratador con pellets elaborados con cáscaras de banana secas.
En los Países Bajos, Koffiekik cultiva setas ostra ricas en proteínas usando posos de café desechados. En California, Imperfect Produce distribuye productos agrícolas que los supermercados no venden en sus tiendas debido a sus formas y tamaños irregulares, a precios entre un 30 % y un 50 % inferiores a los del mercado. Baldor Fresh Cuts, con sede en el Bronx, usa restos de alimentos de restaurantes, como hojas de zanahoria y corazones de piña, para elaborar galletas, suplementos, pan rallado y otros productos.
«La idea es tomar un producto que normalmente se desperdiciaría y convertirlo en un producto de consumo», dijo Tom McQuillan, director de ventas de servicios alimentarios y sostenibilidad de Baldor, a Popular Science. «Es una excelente manera de poner alimentos al alcance de quienes padecen inseguridad alimentaria y de las personas que deberían comer alimentos saludables».
Equilibrar la balanza
Al convertir de nuevo el desperdicio de alimentos en comida, estos emprendedores empiezan a abordar una de las mayores paradojas del planeta: pese a producir muchos más alimentos de los que consumimos, millones de personas siguen pasando hambre.
Según el World Hunger Education Service, casi 795 millones de personas padecieron desnutrición crónica entre 2014 y 2016.
En las regiones en desarrollo, esto afecta a cerca del 12,9 % de la población, frente a menos del 5 % en los países desarrollados. Como era de esperar, el desperdicio de alimentos se distribuye de forma inversa: los países con más hambre generan menos desperdicio.
En estos países, el desperdicio de alimentos no suele deberse al rechazo de productos de aspecto irregular, sino a la falta de acceso a la tecnología necesaria para mantenerlos frescos. Un estudio de 2014de la Universidad de Birmingham concluyó que India pierde frutas y verduras por valor de 4.400 millones de libras esterlinas, o unos 5.800 millones de dólares estadounidenses, debido a la falta de tecnología de refrigeración.
Por ello, en estos países están en marcha proyectos que buscan conservar los alimentos antes de que se estropeen. En Kenia, donde más de la mitad de la cosecha de mangos suele estropearse antes de llegar al mercado, Azuri Healthestá desarrollando una planta para secar los mangos y convertirlos en láminas de fruta, un producto que se conserva a temperatura ambiente y es una fuente concentrada de nutrientes.
La iniciativa SAVE FOOD, asociada con la FAO,es una de las organizaciones más grandes que persiguen esta misión. Trece países africanos ya tienen iniciativas SAVE FOOD en marcha para reducir la pérdida de alimentos y fortalecer a los pequeños agricultores; también las tienen India, Egipto, Irán, Jordania, Líbano, Malasia y Timor-Leste. En enero de 2017, la iniciativa puso en marcha su primer proyectoen Rusia, donde el desperdicio de alimentos es inferior al promedio mundial, aunque se estimaba todavía, en 2013, en unos 56 kilos por persona al año.
«Si cada uno de nosotros mira en su refrigerador y empieza a contar la cantidad de alimentos que tira cada año, las cifras que obtendremos serán de escala industrial. Esto resulta especialmente inquietante si se considera la gran cantidad de personas que nos rodean y que tienen que economizar en lo esencial y necesitan ayuda», dijo Viktoria Krisko, presidenta de Foodbank Rus, durante el lanzamiento.

