La Cuarta Revolución Industrial corre el riesgo de quedarse sin impulso debido a la escasez de los elementos esenciales para hacerla funcionar.
Estamos acostumbrados a oír hablar de la escasez de los metales necesarios para impulsar la tecnología del futuro, como el litio, pero hay otros elementos más raros sin los cuales los teléfonos móviles, los reproductores de DVD, los televisores, las comunicaciones por microondas y los coches autónomos podrían dejar de funcionar.
Garantizar cantidades suficientes de estos elementos podría ser esencial para que se haga realidad el futuro de alta tecnología que los gobiernos y las empresas globales siguen prometiendo.

Galio, indio, hafnio y selenio
Una tabla periódica elaborada para un informe de la Sociedad Estadounidense de Química (ACS, por sus siglas en inglés) en 2015 clasificó 62 elementos diferentes según el riesgo de suministro, sus implicaciones medioambientales y su vulnerabilidad a la escasez.
Los nombres de algunos de los metales estudiados pueden dejar perplejos a quienes no son especialistas. Entre ellos figuran el galio, el indio, el hafnio y el selenio, todos ellos obtenidos como subproductos de otros procesos de minería y extracción.
Aunque sus nombres quizá resulten desconocidos para muchos, sus usos no lo son.
El galio, un subproducto de los minerales de zinc y bauxita, se utiliza en semiconductores —que representan el 98% de la demanda comercial de este elemento— y también en los láseres de los reproductores Blu-Ray.
El indio, que también se encuentra en el zinc, se utiliza en células solares, pantallas LCD, chips informáticos, LED y paneles solares.
El hafnio, un subproducto del zirconio, se encuentra en las barras de control de los reactores nucleares, los circuitos integrados de microprocesadores y las toberas de los propulsores de combustible líquido de las naves lunares Apolo.
El selenio, extraído de minerales como los de cobre, níquel y plomo, se utiliza en fotocopiadoras, máquinas de detección por rayos X y en el desarrollo de tecnologías de baterías.
Pero las respuestas sobre cómo podríamos arreglárnoslas sin ellos ya las esbozó hace casi una década un famoso creador de futuros maravillosos, aunque a veces distópicos.
¿Una solución de ciencia ficción?
Un estudio de 2008 que pronosticaba la desaparición del galio para 2017 llevó al autor de ciencia ficción Robert Silverberg a escribir: «Todo el hafnio [y el galio] habrá desaparecido para 2017... y otros 20 años bastarán para que se extinga el zinc. Incluso el cobre es un elemento en peligro de extinción porque es probable que, para finales del siglo actual, la demanda mundial supere las existencias disponibles».
Silverberg expuso entonces lo que los Estados y las empresas debían hacer para garantizar el futuro de alta tecnología que imaginan: «Necesitaremos soluciones si queremos seguir teniendo cosas como pantallas de televisión, paneles solares y chips informáticos. Una idea evidente es sintetizar los elementos necesarios o encontrar sustitutos viables.
«Otra es reciclar estos elementos que se están agotando a partir de equipos desechados. Siempre podemos intentar que nuestros dispositivos de alta tecnología sean más eficientes, al menos en cuanto a la necesidad de estas sustancias. Y ayudaría descubrir mejores formas de separar los elementos raros de las matrices en las que existen apenas en trazas...»
Aunque el pronóstico de que ciertos metales desaparecerían para 2017 era erróneo —y los autores de la tabla periódica y del estudio de 2015 no asignaron fechas de caducidad a ninguno de ellos—, lo cierto es que depender de cualquiera de estos elementos podría crear problemas para el desarrollo de la Industria 4.0.
Equilibrar los factores de riesgo
Dos de los riesgos generales destacados por la ACS son bien conocidos: uno son los peligros medioambientales causados por los procesos de minería y extracción de metales, como el uso de mercurio tóxico por parte de mineros artesanales para unir pepitas de oro.
Además de perjudicar los ecosistemas naturales, la minería también depende de combustibles fósiles que generan dióxido de carbono y otras emisiones, las cuales contribuyen al cambio climático y dañan la salud humana.
El otro riesgo es cómo mantener el suministro de metales extremadamente raros, como el galio, que solo se producen como subproductos de la fundición y otros procesos industriales.
Pero hay un tercer riesgo del que se habla poco: incluso metales con grandes reservas naturales, como el oro y el platino, además de estar entre los más perjudiciales para el medio ambiente durante su extracción, están «muy concentrados desde el punto de vista geopolítico». Su abundancia en lugares como China y África —y su escasez en otros lugares— podría plantear problemas en el futuro.
Como señalaron los autores de la ACS: «[En 1962] una guerra civil en la República Democrática del Congo provocó una disminución significativa, aunque temporal, del suministro de cobalto... Más recientemente, una reducción de las exportaciones de tierras raras por parte de China causó diversas alteraciones tecnológicas.
«Como resultado, en los últimos años se han multiplicado los llamamientos a evaluar mejor los recursos elementales y a determinar cuáles son “críticos”, con el objetivo de minimizar nuevas alteraciones en las tecnologías y economías nacionales y mundiales».
