Los restaurantes de Austin ya no pueden tirar comida. Una nueva ley que entra en vigor este mes exige que los restaurantes composten los restos de comida o los regalen, como parte de la Ordenanza Universal de Reciclaje de la ciudad (URO), cuyo objetivo es hacer más sostenible esta ciudad del sur.
Como parte del compromiso de Texas de lograr cero residuos para 2040, todas las empresas del sector alimentario (incluidos restaurantes, tiendas y mercados agrícolas que sirven comida preparada al momento, así como establecimientos que preparan y procesan alimentos) deberán recurrir a alternativas al envío de materiales orgánicos a los vertederos. La medida también exige que los empleados reciban formación sobre cómo gestionar estos residuos.
La ordenanza no se aplica únicamente a los alimentos y sus restos, sino que también incluye papel sucio o usado, como cartón, toallas de papel y servilletas; flores y restos de jardinería (de las plantas y los jardines de los restaurantes). Quienes no cumplan las normas recibirán multas de entre 100 y 2.000 dólares del Departamento de Cumplimiento Normativo de Austin.
«La ciudad se compromete a ayudar a empresas de todos los tamaños a encontrar soluciones rentables y establecer programas de desvío de residuos para garantizar que los alimentos y otros materiales orgánicos se aprovechen de la mejor manera, cumpliendo al mismo tiempo los requisitos de la ordenanza», declaró Sam Angoori, director interino de Austin Resource Recovery, en un comunicado.
En lugar de tirar la comida, se pide a los restaurantes que elijan medidas alternativas, como donar alimentos aptos para el consumo a albergues para personas sin hogar o comedores sociales, o vender los restos a granjas locales para compostarlos o usarlos como alimento para animales. Los restaurantes también pueden optar por compostar por su cuenta.
Según un estudio del gobierno local, más del 85 % de los residuos y materiales reciclables de Austin procede de empresas comerciales, edificios multifamiliares y establecimientos de servicios alimentarios. De los materiales que se envían a los vertederos, el 37 % es orgánico y podría haberse donado o compostado.
En Estados Unidos, el 40 % de los alimentos acaba desperdiciándose, mientras que decenas de millones de personas padecen inseguridad alimentaria, según el Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales (NRDC).
La capital de Texas no es la única que avanza hacia el objetivo de cero residuos. Otras ciudades, como San Francisco y Seattle, han adoptado medidas similares para reducir el desperdicio de alimentos en sus comunidades.
En 2009, San Francisco aprobó la primera ley de compostaje obligatorio del país, que exige a todas las empresas y residencias reciclar y compostar. Actualmente, la ciudad desvía de los vertederos cerca del 80 % de sus residuos, es decir, más de 1,5 millones de toneladas cada año.
«Cuando desperdiciamos alimentos, no solo añadimos materiales orgánicos a los vertederos (donde generan metano, un potente contaminante que contribuye al calentamiento global), sino que también desperdiciamos toda el agua, la tierra, la energía, el dinero, la mano de obra y otros recursos necesarios para cultivar, procesar, distribuir y almacenar esos alimentos», explicó Darby Hoover, especialista sénior en investigación del NRDC.

