La paradoja del crecimiento: ¿puede el turismo ser sostenible?

Tourists visit the Great Wall on the third day of the seven-day national day holiday, on the outskirts of Beijing, October 3, 2014. The national day holiday, known by many Chinese as "the Golden Week" for travel, started on October 1 this year, celebrating the 65th anniversary of the founding of the People's Republic of China. According to a prediction by the China Tourism Academy, a total of 480 million trips are expected to be made by travellers within these seven days, Xinhua News Agency reported. Picture taken October 3, 2014. REUTERS/Stringer (CHINA - Tags: TRAVEL SOCIETY ANNIVERSARY) CHINA OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN CHINA - RTR48XW4
'Travellers tend to arrive in increasing numbers and flock to the same locations'Image: REUTERS/Stringer
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El turismo crea empleos, muchísimos. De hecho, una de cada diez personas trabaja en empleos relacionados con el turismo. Cuando se gestiona bien, el turismo proporciona un impulso económico extraordinario a las comunidades anfitrionas. Por estas razones, casi todos los países del mundo desean expandir su sector turístico y aumentar el número de llegadas de turistas.

Cada vez más viajeros tienen muchas más probabilidades de visitar destinos y realizar compras a empresas de viajes en función de sus prácticas sostenibles. Muchos destinos cuentan con estrategias y planes para aprovechar el turismo con el fin de aliviar la pobreza y conservar su patrimonio natural y cultural, por ejemplo, mediante la creación y gestión de parques nacionales y monumentos. Sin embargo, casi el 50 % de los sitios del Patrimonio Mundial, reconocidos por la UNESCO por su valor universal excepcional, carece de planes de gestión turística para prevenir los efectos negativos del turismo.

Si la expansión del turismo genera más empleo y mayores oportunidades económicas, ¿por qué cada vez más destinos de todo el mundo proponen o aplican medidas para limitarlo o restringirlo? Destinos como Cinque Terre, el Parque Nacional Zion y Machu Picchu limitan el número anual de visitantes. Ámsterdam, Barcelona y las Seychelles están frenando el desarrollo a gran escala. Bután y Venecia cobran impuestos y tasas a los visitantes, mientras que lugares como Koh Tachai, en el Parque Nacional de las Islas Similan, prohíben por completo las visitas.

¿Por qué no se centran más destinos en los ingresos por visitante, en lugar de en el número de llegadas internacionales? ¿Por qué no invierten más empresas que dependen del turismo en los destinos a los que prestan servicio y en los activos de los que dependen sus negocios? Y ¿por qué el sector en su conjunto no aborda activamente estos problemas?

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El turismo y la paradoja del crecimiento

Se prevé que el turismo mundial siga creciendo a medida que un mayor número de viajeros potenciales prospere y aumente su renta disponible. Se espera que el sector supere el crecimiento de la economía mundial durante la próxima década, con un aumento estimado de un promedio del 4 % anual en los próximos 10 años.

No sorprende que la mayoría de los destinos quiera una porción mayor de este pastel y tenga estrategias para atraer a más visitantes y aumentar su gasto. Se emplea dinero de los contribuyentes para atraer visitantes y se da prioridad al volumen, en lugar del valor que representa cada visitante para la economía local.

El resultado neto es que los lugares atendidos por ministerios de turismo, organizaciones de promoción de destinos y oficinas de convenciones y visitantes suelen ser víctimas de su propio éxito. Los viajeros tienden a llegar en cantidades cada vez mayores y a concentrarse en los mismos lugares, lo que provoca problemas como la masificación, una mayor presión sobre los servicios públicos y las infraestructuras, la homogeneización cultural y el creciente descontento de los residentes locales.

El desarrollo improvisado, las limitaciones de la capacidad local y las fugas de ingresos también son problemas. Este último es el más citado: aunque el turismo puede ser una gran forma de distribuir la riqueza, a menudo tan solo entre el 5 y el 10 % del dinero que gastan los turistas permanece en los destinos que visitan. Para aprovechar plenamente los beneficios del turismo, es preciso abordar estos problemas mediante un enfoque inclusivo y la colaboración entre los sectores público y privado y las comunidades anfitrionas.

La industria de los viajes y los gobiernos deben reconocer que centrarse únicamente en aumentar las cifras es un problema que genera dificultades y efectos negativos, los cuales reducen la calidad (y el valor) de la experiencia tanto para los viajeros como para los visitantes.

El turismo puede ser una industria extractiva

Se podría argumentar que el turismo no puede ser sostenible y que la sostenibilidad es imposible. Los efectos negativos sobre el medioambiente son inherentes al sector, como las emisiones de gases de efecto invernadero y la generación de residuos, que actualmente son difíciles, si no imposibles, de evitar. El turismo también puede contribuir a la escasez de agua y energía, al deterioro de los suministros de agua y a la degradación de los ecosistemas, debido al desarrollo improvisado y a unas normas medioambientales débiles o aplicadas de manera deficiente.

Desde la tala rasa y la destrucción de manglares hasta las excavaciones y la construcción, los cambios en el uso del suelo asociados al turismo dan lugar a paisajes e infraestructuras artificiales. Esto degrada visualmente el valor paisajístico de los entornos naturales y modifica el medioambiente debido a factores como la erosión, la contaminación y las barreras artificiales. A su vez, esto puede provocar más erosión, un aumento de las inundaciones y los daños causados por las tormentas, así como repercusiones negativas en las pautas migratorias y reproductivas de la fauna silvestre.

El sector turístico atrae cada vez más inversiones en aeropuertos, aerolíneas, ferrocarriles, puertos, hoteles y atracciones turísticas, especialmente en zonas metropolitanas, sitios de patrimonio cultural y natural, y otros lugares y paisajes atractivos. Esto puede ser positivo para el desarrollo económico a corto plazo, pero perjudicial para los residentes cuando el desarrollo turístico se lleva a cabo de forma deficiente. Históricamente, la población local e indígena es desplazada o forzada a reubicarse cuando se crean nuevos parques nacionales o sitios patrimoniales. Los terrenos inmobiliarios de primera categoría se venden a promotores y el acceso local puede restringirse o perderse por completo. Aunque se crean empleos para la población local, suelen ser puestos de nivel inicial y mal remunerados, con escasas oportunidades de ascenso.

El movimiento por el turismo sostenible: una respuesta fragmentada

El turismo sostenible está en camino de generalizarse porque puede combatir los efectos negativos del turismo, mejorar vidas, proteger lugares y ofrecer experiencias auténticas a los visitantes. Sin embargo, el movimiento por el turismo sostenible está tan fragmentado como el propio sector.

Hoy en día, la promoción del turismo sostenible está plagada de pequeñas organizaciones y consultores independientes que a menudo compiten por proyectos de pequeña escala y con financiación insuficiente, así como por los pocos éxitos que se consiguen. La mayoría de los actores del ámbito solo tiene uno o dos empleados en nómina, y las ONG más grandes cuentan con menos de 25. En los sectores público y privado se hace hincapié en la planificación y la elaboración de informes, en lugar de cambiar las prácticas organizativas u operativas, y la puesta en práctica de las iniciativas de sostenibilidad es limitada debido a las «limitaciones de recursos». Esto genera una gran competencia por los escasos recursos disponibles y poca colaboración significativa. Ninguna organización logra el éxito a gran escala y, pese a las buenas intenciones, el impacto acumulado es muy inferior al necesario y posible.

El término turismo sostenible significa cosas distintas para diferentes personas del sector. Pero, al igual que el ecoturismo, el turismo sostenible ha perdido prácticamente todo significado, pues suele asociarse a esfuerzos superficiales y muy limitados, en lugar de a compromisos, estrategias y acciones que abarquen toda la organización.

Esto sorprende, dado que los argumentos empresariales a favor de la sostenibilidad y la responsabilidad corporativa en el turismo cobran cada vez más fuerza. De hecho, la ONU declaró 2017 Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. El turismo figura en tres de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, y el desarrollo del turismo sostenible puede contribuir al avance de los 17 objetivos.

Esto ha dado lugar a una mayor adopción de prácticas que mejoran el desempeño medioambiental y el bienestar social. Estas prácticas generan ahorros considerables, buena voluntad entre empleados y clientes, mayor motivación y retención de los empleados, y una mejor reputación de marca. Las empresas que las adoptan también se benefician al atraer a clientes que se preocupan por temas de primera plana como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad económica, y que cada vez más ajustan sus gastos a sus valores personales cuando perciben que el precio, la calidad y la comodidad son comparables.

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Aun así, pocas empresas y destinos relacionados con el turismo han integrado la sostenibilidad en su ADN operativo. Menos aún invierten en proteger la fuente de la que depende su negocio: los destinos donde desarrollan su actividad.

En general, el compromiso del sector turístico con el desarrollo sostenible es claramente débil. Se entiende si se tiene en cuenta que el turismo, como la mayoría de los demás sectores, está orientado al crecimiento y guiado por los beneficios, con un enfoque relativamente cortoplacista de la planificación y el desarrollo. El objetivo principal es generar un retorno de la inversión para aumentar el valor para los accionistas lo más rápido posible o, como muchos políticos, complacer a los electores para favorecer las posibilidades de reelección.

Las consecuencias de un modelo económico lineal y del pensamiento cortoplacista

La consecuencia de este modelo económico y operativo actual es que, en realidad, nadie gana. La saturación de los destinos y el exceso de capacidad generan presión física sobre las infraestructuras y los activos naturales, culturales y patrimoniales. La mercantilización de los productos y servicios turísticos reduce los márgenes de las empresas turísticas. Las atracciones y los sitios concurridos y abarrotados merman la calidad de la experiencia de los visitantes. La concentración de los ingresos, en lugar de su diversificación, junto con la congestión y la saturación, empeora la percepción del turismo.

El turismo a gran escala empieza a suscitar oposición pública y las tensiones entre residentes y visitantes aumentan en muchos destinos excesivamente populares, donde la calidad de vida, la experiencia de los visitantes o ambas se han deteriorado sustancialmente. Al parecer, los problemas que plantea el turismo crecen tan rápido que no podemos abordarlos. Se trata de un desafío social, medioambiental y empresarial.

La oportunidad de utilizar el turismo como una fuerza positiva

Las empresas, los destinos y los viajeros deben ser más conscientes de sus repercusiones y rendir cuentas por ellas. Todos tienen un papel importante para garantizar que el turismo cumpla su promesa de mejorar los medios de vida de las personas y proteger los entornos de los que dependen.

Cada actor parece estar desaprovechando la oportunidad de utilizar el turismo como vehículo para el progreso social, medioambiental y económico. Como ningún grupo de partes interesadas es el único responsable de generar resultados económicos o preservar el patrimonio natural y cultural de un destino, se requiere colaboración intersectorial para catalizar los cambios necesarios que mantengan saludables los destinos turísticos. Las autoridades de los destinos y los líderes empresariales deben trabajar juntos con un pensamiento verdaderamente innovador para determinar cómo gestionar el aumento del número de visitantes, responder a las cambiantes expectativas de los viajeros y dar forma a mejores experiencias tanto para visitantes como para anfitriones.

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Existe una gran oportunidad para que las empresas, los visitantes, las comunidades anfitrionas y los residentes obtengan mayores beneficios del turismo. Por ejemplo, el uso estratégico de alianzas entre el sector privado, el público y las comunidades respalda las estrategias turísticas a escala de destino, empodera a las comunidades anfitrionas para proteger sus activos turísticos y crea oportunidades para las empresas del sector privado y las ONG a lo largo de toda la cadena de valor del turismo. En el proceso, mejoran el bienestar de los residentes y la experiencia de los visitantes.

Muchos problemas pueden abordarse mediante:

  • El uso de metodologías complejas de colaboración e impacto colectivo;

  • Los principios de la economía circular;

  • Políticas y planificación basadas en datos empíricos;

  • La simplificación de la normativa;

  • Estrategias como la economía colaborativa, las empresas impulsadas por el mercado y el desarrollo de productos;

  • La medición del impacto económico, medioambiental y social;

  • El seguimiento y la elaboración de informes en las escalas espaciales pertinentes.

En conjunto, estos esfuerzos respaldarán la toma de decisiones basada en la ciencia y ayudarán a mitigar los efectos negativos del turismo. Además, pueden reducir la mercantilización de los hermosos lugares históricos de los que depende la industria turística, al tiempo que ofrecen más oportunidades a los viajeros y a las empresas turísticas. Cuando las actividades de viaje y turismo se planifican y ejecutan teniendo en cuenta su impacto en las comunidades y el comercio, el turismo como sector puede estar a la altura de su potencial y convertirse en un gran catalizador de la prosperidad económica, social y medioambiental.

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