Más de 800 millones de personas en todo el mundo padecen hambre extrema y más de 3.000 millones no pueden permitirse los alimentos que necesitan para garantizar el bienestar de sus familias.
El mundo necesita un sistema alimentario y de uso de la tierra más inclusivo, sostenible y resiliente, escribe Edward Davey, del World Resources Institute.
Investigaciones recientes del WRI y la Food and Land Use Coalition han definido las medidas clave necesarias para lograrlo, entre ellas 4 prioridades urgentes para 2021.
Mientras el mundo sigue haciendo frente a la pandemia de coronavirus, también tiene ante sí una oportunidad sorprendente —y la obligación— de propiciar un sistema alimentario y de uso de la tierra más justo, inclusivo, sostenible y resiliente.
Investigaciones recientes de WRI y la Food and Land Use Coalition plantearon una visión de un mundo en el que todas las personas tengan acceso a alimentos saludables y sostenibles, al tiempo que se protege la biodiversidad y se salva el clima. El informe del WRI describió un menú de 22 medidas necesarias para alcanzar este objetivo, mientras que la Food and Land Use Coalition se centró en 10 «transiciones críticas» para orientar la próxima década.
Los problemas expuestos en ambas publicaciones se han vuelto aún más evidentes desde el inicio de la COVID-19, que ha tenido importantes efectos negativos en el acceso de las personas a los alimentos y ha retrasado avances muy necesarios en agricultura sostenible y protección de los ecosistemas.

Este año, los gobiernos gastarán billones de dólares en estímulos fiscales y en reorientar las economías en respuesta a la pandemia. La alimentación y el uso de la tierra deberían ocupar un lugar central en sus decisiones.
Un sistema alimentario y de uso de la tierra mejorado debe abordar la desigualdad en el acceso a los alimentos que la COVID-19 puso tan claramente de manifiesto. Este sistema también garantizaría que todos los agricultores y pescadores del mundo —que han seguido trabajando duro durante la crisis, a menudo en circunstancias excepcionalmente difíciles— puedan vivir con prosperidad y dignidad. Y, en lugar de alimentar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, nuestro sistema alimentario y de uso de la tierra debe convertirse en un poderoso impulsor de la reducción de emisiones, la adaptación al cambio climático y la recuperación de la naturaleza.
Las investigaciones demuestran que una agricultura más sostenible, dietas más saludables y una menor pérdida y desperdicio de alimentos —junto con mayores esfuerzos para proteger y restaurar la naturaleza— podrían generar millones de empleos y contribuir a importantes beneficios económicos. Estudios más recientes han demostrado que estas medidas también ayudarían a hacer crecer las economías y mejorar el bienestar después de la pandemia.
Lograr un sistema alimentario y de uso de la tierra de este tipo exigirá un esfuerzo internacional concertado en el que participen todos los actores: desde jefes de Estado y gobiernos nacionales hasta empresas grandes y pequeñas, asociaciones de agricultores, científicos, comunidades y particulares.

2021: un año clave para avanzar hacia una alimentación sostenible
En 2021 se celebrarán varios eventos de gran repercusión que situarán la alimentación en un lugar destacado de la agenda internacional y ofrecerán la oportunidad de impulsar un compromiso político significativo, regulaciones y flujos financieros en favor de un sistema alimentario y de uso de la tierra más sostenible.
La Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios del Secretario General de la ONU de septiembre de 2021 —que se celebrará en paralelo a la Asamblea General y a la que se ha invitado a todos los jefes de Estado del mundo— será uno de los eventos destacados. Es la primera cumbre de este tipo en la historia de la ONU y contará con cinco líneas de acción sobre seguridad alimentaria y nutrición, consumo sostenible, protección ambiental, pobreza y resiliencia, además de trabajar en cuatro palancas transversales del cambio: derechos humanos, igualdad de género, financiación e innovación. Agnes Kalibata, enviada especial del Secretario General de la ONU para la cumbre, expresó su esperanza de que sea «una cumbre de los pueblos» y llegue a 5.000 millones de personas mediante sus comunicaciones y actividades de divulgación. Como preparación, los Diálogos de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios están en marcha en más de 100 países.
Además, el G7, organizado por el Reino Unido en junio de 2021, se centrará en el clima y la naturaleza. Es probable que incluya un impulso al liderazgo mundial en materia de protección de la naturaleza, bosques tropicales y cadenas de suministro de productos básicos libres de deforestación, los océanos y la pérdida y el desperdicio de alimentos. El G20, organizado por Italia en octubre de 2021, anunció que se centrará en el hambre y en la necesidad de un sistema alimentario y de uso de la tierra más sostenible. En la COP del CDB sobre biodiversidad, que se celebrará en China a finales de octubre de 2021, los países suscribirán un nuevo marco mundial de biodiversidad, con compromisos importantes sobre alimentación y uso de la tierra. La cumbre climática de la CMNUCC (COP26), en noviembre de 2021, pondrá gran énfasis en la agricultura sostenible y la protección de los bosques tropicales como parte de la COP del CDB sobre biodiversidad, que se celebrará en China a finales de octubre de 2021, los países suscribirán un nuevo marco mundial de biodiversidad, con compromisos importantes sobre alimentación y uso de la tierra. La cumbre climática de la CMNUCC (COP26), en noviembre de 2021, pondrá gran énfasis en la agricultura sostenible y la protección de los bosques tropicales como parte de la Campaña por la Naturaleza de la COP26. Además, el Gobierno japonés organizará la cumbre Nutrición para el Crecimiento en diciembre de 2021, una reunión histórica en la que es probable que se anuncien nuevos compromisos financieros para la nutrición.

4 prioridades urgentes para una alimentación sostenible en 2021
Todos estos eventos ofrecen grandes oportunidades de cambio. La adopción de medidas decisivas en 2021, en particular en cuatro ámbitos, será fundamental para garantizar que la próxima década cumpla lo necesario en materia de alimentación y uso de la tierra:
1. Aumentar el compromiso político y la financiación para combatir el hambre.
La prioridad inmediata es abordar el hambre en el mundo, agravada por la pandemia. Se estima que el número de personas que padecen hambre crónica en el mundo aumentó en 130 millones durante el último año, hasta superar los 800 millones.
De ellas, 235 millones de personas —un 40% más que el año pasado— necesitan asistencia y protección humanitarias inmediatas, incluidas las comunidades que afrontan la hambruna en Sudán del Sur, la República Democrática del Congo, Yemen, Nigeria y Burkina Faso.
En todo el mundo, es urgente tomar medidas para negociar la paz, facilitar el acceso a los alimentos y abordar el actual déficit de financiación humanitaria. Los gobiernos donantes, que han movilizado billones para la recuperación de la COVID-19, deben aumentar considerablemente sus contribuciones para satisfacer las necesidades de financiación del Programa Mundial de Alimentos y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. Las empresas pueden hacer lo mismo.
2. Garantizar que todas las personas puedan acceder a alimentos nutritivos y saludables y pagarlos.
Asimismo, mientras fluctúan los tipos de cambio y las economías se tambalean, han subido los precios de los alimentos. En total, 3.000 millones de personas en el mundo no pueden permitirse hoy los alimentos que necesitan para garantizar el bienestar de sus familias. La malnutrición es una lacra en casi todos los países del mundo, incluidos países y regiones tan diversos como Estados Unidos, África subsahariana, India y Brasil.
Para abordar esta situación, los gobiernos pueden ampliar las redes de protección social, como el programa social alimentario de India, el Sistema de Distribución Pública, que llega a 800 millones de personas. También podrían promulgar políticas que garanticen el acceso a alimentos saludables y asequibles, como hace Kenia con su Estrategia de Agri-Nutrición, centrada en aumentar la producción nacional de alimentos saludables y nutritivos.
También es importante invertir en cadenas locales de suministro de alimentos, así como adoptar medidas de comercio mundial que mantengan abiertos, sostenibles y justos los mercados agrícolas nacionales y mundiales. (Es probable que esto reciba una acogida favorable por parte de la próxima directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala).
También puede ser un buen momento para que los gobiernos reformen sus sistemas de subsidios y regulaciones con el fin de fomentar un mayor consumo de alimentos más saludables y hacer frente a las altas tasas de obesidad y otras enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación (que, a su vez, están vinculadas al impacto de la pandemia). Por ejemplo, como parte de su estrategia nacional contra la obesidad, el Gobierno del Reino Unido estudia aprobar una legislación ambiciosa que prohíba los anuncios televisivos y en línea de alimentos con alto contenido en grasas, azúcar y sal antes de las 21:00. La política también prohibiría las ofertas de «compre uno y llévese otro gratis» en alimentos poco saludables en los supermercados.
3. Forjar un nuevo acuerdo con los agricultores del mundo.
La pandemia reveló que los agricultores (al igual que las personas que trabajan en toda la cadena de suministro de alimentos) son algunos de los trabajadores más esenciales. Merecen recibir una remuneración adecuada por los alimentos que producen y una recompensa más generosa por sus esfuerzos para adoptar prácticas agrícolas más sostenibles.
Hoy, el mundo gasta al menos 600.000 millones de dólares al año en subsidios agrícolas. Aproximadamente el 70% de estos fondos proporciona apoyo directo a los ingresos, mientras que solo el 5% respalda algún objetivo de conservación o sostenibilidad. Gran parte de este dinero podría reasignarse de forma innovadora en circunstancias de limitación fiscal para lograr mejores resultados para los agricultores, los consumidores, el clima y el medio ambiente.
Por ejemplo, China reformó sus subsidios a los fertilizantes para financiar mejoras en la gestión del estiércol y el nitrógeno. En la región de Punyab, en Pakistán, el gobierno regional colabora con el Banco Mundial para modernizar la producción de trigo, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos y fomentar mejores prácticas agrícolas que protejan el entorno natural,como la gestión integrada del agua. Varios gobiernos, convocados por la Coalición para la Acción Política de la Transición Rural Justa, han empezado a colaborar con este fin e intercambiar enseñanzas y conocimientos de las reformas en curso, incluido el nuevo programa de gestión ambiental de tierras del Reino Unido, que recompensa a los agricultores con «dinero público para bienes públicos».
4. Producir, proteger, reducir y restaurar.
Por último, urge redoblar los esfuerzos mundiales para «producir, proteger, reducir y restaurar».
Los países pueden trabajar para aumentar de forma sostenible su productividad agrícola mediante una mayor inversión en investigación y desarrollo agrícolas, junto con reformas normativas. Estas mejoras de productividad pueden vincularse explícitamente a compromisos más firmes para proteger la naturaleza. Tanto en tierra como en el mar, queda mucho por hacer para salvaguardar los derechos de los pueblos indígenas, proteger los bosques intactos y los ecosistemas marinos, invertir en áreas protegidas y planificar adecuadamente las economías nacionales para proteger ecosistemas y paisajes clave.
Estos esfuerzos por «producir» y «proteger» pueden vincularse con iniciativas paralelas para «reducir» y «restaurar».
En algunos países, la agenda de «reducir» se refiere a iniciativas para fomentar un menor consumo de carne y una mayor adopción de dietas basadas en plantas. En casi todos los países del mundo, también se refiere a los esfuerzos para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, donde la adopción de un enfoque de «fijar objetivos, medir y actuar» ya ha dado lugar a reducciones significativas en el Reino Unido y los Países Bajos.
Por último, y en todo el mundo, urge invertir en mayores esfuerzos para restaurar las tierras degradadas, con importantes efectos positivos para las economías rurales, la adaptación al cambio climático, la recuperación de los ecosistemas y la prevención de futuras hambrunas y crisis humanitarias. Países tan diversos como India, Brasil y Malawiestán marcando el camino a seguir en este ámbito.
Construir un sistema alimentario mejor en 2021
Queda poco tiempo, y, en medio de los efectos persistentes de la pandemia, en 2021 los países tienen una oportunidad real de avanzar hacia una recuperación mejor frente a la COVID-19. Esto incluye centrarse en una de las cuestiones más importantes que unen a toda la humanidad y determinan nuestra relación con el mundo natural: los alimentos.