4 formas de sacar a Somalia de la crisis climática

A worker pours camel milk into a container at a farm on the outskirts of Mogadishu, Somalia.
A worker pours camel milk into a container at a farm on the outskirts of Mogadishu, Somalia.Image: Reuters/Feisal Omar
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  • Somalia, al igual que otros países del África subsahariana, sufre los efectos humanitarios del cambio climático.

  • Las crisis provocadas por el cambio climático suelen tener efectos en cadena en otros sectores, como los derechos sobre la tierra y la educación.

  • Somalia debe desarrollar su resiliencia en materia de agricultura sostenible, sistemas locales y tecnología.

El mundo se enfrenta actualmente a un problema acuciante y omnipresente: los crecientes desafíos humanitarios provocados por el cambio climático.

Desde inundaciones devastadoras y sequías implacables hasta olas de calor abrasadoras, sus repercusiones de gran alcance se sienten en todas partes, lo que da paso a la hambruna y a otros efectos asociados. Somalia, al igual que otros países del África subsahariana, se encuentra en la primera línea de esta preocupación mundial.

Los años de sequía han devastado esta región, que depende principalmente de la agricultura (cultivo de cereales y pastoreo de ganado), y han vuelto insostenible la actividad agrícola. Los pastores han perdido millones de dólares, y los agricultores tienen cada vez más dificultades para sembrar y obtener cosechas significativas, ya que no pueden adoptar técnicas modernas como el riego.

Millones de personas se ven obligadas a tomar decisiones difíciles de supervivencia a diario. Según informes, en diciembre de 2022 Somalia experimentaba su quinta temporada de lluvias consecutiva sin éxito, y al menos 3 millones de ciudadanos vivían en diversos campamentos para personas desplazadas internas (PDI) en todo el país, tras huir de sus hogares debido al hambre, la sequía y el conflicto.

A lo largo de los años, las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales han logrado mucho. Sin embargo, aún se requiere una respuesta humanitaria estratégica para controlar la crisis en el presente y evitarla en el futuro.

Además, estas crisis no afectan simplemente a una única zona; en los países con poca resiliencia, son estructurales y sistémicas, y tienen con frecuencia consecuencias en cadena. La falta de lluvias provoca que los ríos se sequen y que las zonas de pastoreo sean limitadas. Esto obliga a los pastores a desplazar cientos de camellos, cabras, vacas y ovejas. Los conflictos por las zonas de pastoreo y de abrevadero suelen llevar el cambio climático al ámbito de la seguridad y los derechos sobre la tierra. Las malas cosechas provocan escasez de alimentos, lo que conduce a la desnutrición, hace que los niños abandonen la escuela, que las madres pierdan a sus hijos no nacidos y que los hombres vendan sus bienes para reunir dinero con el que mantener a sus familias. En este caso, el cambio climático pasa a ser un problema para la educación, el desarrollo económico y la salud.

La situación actual a la que se enfrentan Somalia y el resto de África —que pone en riesgo a mujeres y niños debido a los efectos adversos del cambio climático y a los conflictos en curso— no es nueva. Los africanos deben hacer frente a los efectos negativos del cambio climático, que no son responsabilidad suya.

El fin de la hambruna y del conflicto que azotan a Somalia desde hace décadas no se vislumbra con la rapidez necesaria; los distintos regímenes del país han tenido dificultades para abordar estos problemas de una manera que ofrezca una solución a largo plazo.

Estos son los pasos que deben darse para ayudar a Somalia a superar esta crisis:

1. Impulsar la agricultura sostenible

La crisis alimentaria humanitaria que sufre Somalia es un claro ejemplo de un sistema disfuncional de producción, distribución y administración de alimentos. Si se alienta a Somalia a crear sistemas alimentarios que se ajusten a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los respalden, podremos ayudar al país a poner fin a este ciclo. Para lograrlo, la agricultura del país debe ser sostenible y estar respaldada por sistemas alimentarios funcionales. Crearlos promovería la resiliencia climática, impulsaría el crecimiento y el empleo, incluiría la igualdad y la inclusión social en sus operaciones y animaría a los ciudadanos a seguir buenos hábitos alimentarios y dietas saludables.

Los sistemas alimentarios que funcionen reducirían significativamente el según la evaluación del Banco Mundial de que el 69 % de los somalíes vive por debajo del umbral internacional de pobreza.

2. Acceso a la financiación para el desarrollo en favor de la seguridad alimentaria y de mejores prácticas agrícolas

Uno de los temas debatidos en la Cumbre Global de Soluciones, celebrada recientemente en Berlín, fue la financiación para el desarrollo, que analizó cómo los países del G7 y del G20 pueden trabajar de forma más eficaz con los países africanos en innovaciones institucionales, de inversión y de políticas necesarias para construir estructuras como sistemas alimentarios nacionales funcionales, como base para el desarrollo sostenible.

¿Cómo puede promoverse en Somalia la neutralidad en la degradación de las tierras (NDT), es decir, la situación en la que la cantidad y la calidad de las tierras necesarias para sostener la seguridad alimentaria se mantienen estables o mejoran? ¿Cómo podemos crear y gestionar una agricultura inteligente con el clima (AIC) sostenible mediante alianzas con la comunidad internacional? ¿Cómo puede la financiación para el desarrollo de la comunidad internacional respaldar ecosistemas hídricos adecuados y sostenibles (que puedan utilizarse en la agricultura y la producción de alimentos)? Los profesionales y responsables de políticas de la comunidad internacional pueden trabajar con Somalia para desarrollar políticas pertinentes. Para lograr una infraestructura de inversión sostenible en la que puedan confiar el Gobierno de Somalia y sus socios internacionales para el desarrollo, y que permita crear una solución a largo plazo para la crisis alimentaria humanitaria anual, debe incluirse la movilización de fondos y las alianzas entre los sectores público y privado.

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3. Acceso a las tecnologías agrícolas

A diferencia de unos pocos agricultores comerciales de la zona, los somalíes, al igual que la mayoría de sus homólogos del África subsahariana, son pequeños agricultores que practican la agricultura principalmente para su propio consumo y subsistencia. Los masáis de África Oriental y los somalíes, por ejemplo, crían ganado vacuno, cabras, ovejas y camellos.

Una solución a largo plazo para el dilema somalí promovería la creación y aplicación de tecnología agrícola que respalde o se adapte a las necesidades locales de los pequeños agricultores. La introducción de variedades de cultivos resistentes a la sequía, el desarrollo y despliegue de mejores sistemas de previsión meteorológica y de alerta temprana en los que puedan confiar los agricultores y el público, el uso de sistemas de riego y la investigación local sobre los cambios en los patrones climáticos, así como el uso de esta información para responder al cambio climático, son solo algunos ejemplos.

4. Fortalecimiento de los sistemas e instituciones locales

Uno de los mayores problemas del país es que los sistemas de Somalia apenas empiezan a recuperarse del caos que ha azotado la nación durante años. Los pequeños agricultores, los gobiernos locales y el gobierno federal carecen de la capacidad necesaria para hacer frente al cambio climático de manera eficaz.

No existen mecanismos de gestión de riesgos para los sistemas de producción agrícola, como redes fiables de difusión de información agrícola, información meteorológica oportuna y seguros para el ganado impulsados por el gobierno.

La comunidad internacional puede colaborar con el gobierno para mejorar las competencias de los funcionarios agrícolas mediante la formación (para aumentar su número y mejorar sus competencias), lo que les permitirá ayudar a los pequeños agricultores con cuestiones relacionadas con el cambio climático. Esto implicaría reforzar las capacidades del Ministerio de Agricultura, de las instituciones educativas orientadas a la agricultura y similares. Supone proporcionarles los recursos, los conocimientos y las herramientas necesarios para evaluar con eficacia los riesgos climáticos, desarrollar estrategias de adaptación y aplicar medidas de mitigación.

Al empoderar a estas instituciones, podemos garantizar que las consideraciones climáticas se integren en las políticas, los planes y los procesos de desarrollo locales.

Además, es esencial fomentar la colaboración y las alianzas entre las distintas partes interesadas, incluidas las agencias gubernamentales; un enfoque de colaboración comunitaria permite compartir las mejores prácticas, identificar estrategias innovadoras y movilizar la acción colectiva en favor de la resiliencia climática. Otro aspecto fundamental es desarrollar la capacidad de las comunidades locales para comprender y responder a los efectos del clima. Esto implica sensibilizar, proporcionar educación y promover la participación comunitaria en iniciativas relacionadas con el clima.

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