Lo que nos dice sobre la ciencia ficción y las mujeres la elección de una mujer para interpretar a Doctor Who

The Tardis is seen in the grounds of Buckingham Palace during a reception to mark the 50th anniversary of Doctor Who, London November 18, 2013. REUTERS/Eddie Mulholland/pool (BRITAIN - Tags: ROYALS ENTERTAINMENT SOCIETY) - RTX15J1J
Una McCormack, author of the Doctor Who novels, says that science fiction 'is a genre that asks us to think about possibility.'Image: REUTERS/Eddie Mulholland
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Érase una vez una niña que soñaba con viajar al espacio. Se sentaba en el suelo de la biblioteca, con las piernas cruzadas sobre la alfombra, frente a una gran estantería de libros, y leía sobre una máquina capaz de viajar en el tiempo y el espacio. Encendía la televisión, veía al Doctor y la TARDIS y deseaba poder estar allí también. Quería formar parte de la tripulación de la Enterprise, la Liberator y el Halcón Milenario, e imaginaba grandes aventuras en las que salvaba el mundo, la galaxia y, por qué no, el universo.

Por desgracia, una escuela católica para niñas en los años ochenta no era el mejor lugar para albergar semejantes ambiciones, y no había muchas almas afines que compartieran esos sueños. Se convirtieron en historias privadas, que me contaba a mí misma en momentos sueltos, justo antes de dormirme, pero que no compartía con nadie. Al fin y al cabo, ¿a qué clase de chica le gusta Doctor Who? ¿Qué clase de chica quiere recorrer el tiempo y el espacio?

Decir que me alegra muchísimo la noticia de que Jodie Whittaker haya sido elegida para interpretar al decimotercer Doctores quedarse muy corto. Disfruté enormemente de toda la expectación mediática. Me divirtió mucho ver cómo buenos amigos se ponían rápidamente al día con las reglas del tenis para predecir cuánto podía durar una final de Wimbledon y asegurarse así de estar presentes cuando se hiciera el anuncio. Vi el tráiler con renovado asombro y un grito de alegría cuando se reveló la noticia.

Recordé lo felices que se habían puesto mis amigos cuando eligieron a Christopher Eccleston para el papeldel noveno Doctor, allá por 2004, y lo contentos que estaban de que hubiera un Doctor que parecía uno de ellos. Esperaba que ahora también se alegraran de que hubiera un Doctor como yo.

Rehacer el mundo

Para mí, la ciencia ficción —la ficción especulativa— es un género que nos invita a pensar en lo posible. Por supuesto, toda buena ficción nos pide que ampliemos nuestros horizontes imaginando con empatía la experiencia de otras personas. Pero los recursos de la ficción especulativa nos ofrecen herramientas particulares y útiles para volver a imaginar quién podría ser ese «otro» y qué tipos de mundos harían posible la existencia de seres radicalmente distintos.

Vida extraterrestre, sí; pero también formas de vida y organización humanas que podrían surgir de los avances tecnológicos o científicos, o de volver a imaginar radicalmente cómo podrían repartirse entre nosotros el poder, la autoridad y los recursos. Sus mejores escritores, como Ursula Le Guin, parecen tener el poder de rehacer el mundo.

Image: Informe sobre el techo de celuloide de 2015

La ciencia ficción alcanza la madurez

Históricamente, la ciencia ficción no ha sido generosa con las mujeres. Engendrado por Mary Shelley (en Frankenstein y El último hombre), el género se convirtió, durante la primera mitad del siglo XX, sobre todo en una forma de literatura heroica, empapada de fantasías de dominio y conquista.

Las mujeres rara vez aparecían en esta literatura, salvo como trofeos o tentaciones. Sobrevivíamos, en la impactante expresión acuñada por el gran escritor de ciencia ficción James Tiptree Jr. (también conocido como Alice Bradley Sheldon y Raccoona Sheldon): «de una en una o de dos en dos, en las grietas de la máquina del mundo». Una oleada de escritura utópica feminista en los años ochenta marca el comienzo de una transformación del género, que ahora puede deleitar y sorprender de muchas maneras.

Elegir a una mujer para interpretar al Doctor parece algo que debería haber ocurrido hace años. La televisión es cara, el éxito no está asegurado y puede ser difícil justificar los riesgos que implica una producción emblemática. Hay que felicitar al equipo de producción entrante por esta decisión: eligió a Whittaker, una actriz de gran talento cuya presencia sin duda revitalizará esta fascinante institución británica, siempre cambianteinstitución británica.

Que el Doctor sea una mujer no resolverá las condiciones de desigualdad abismal y cruel en las que viven hoy millones de mujeres. Tampoco cambiará la monstruosidad de que la mujer más cualificada de la historia fuera descartada para la presidencia de Estados Unidos en favor de un niño grande que quería un juguete y ahora no sabe qué hacer con él.

Pero la representación y la visibilidad sí importan. Lo que más he disfrutado de esta noticia sobre el casting es pensar que mi hija pequeña crecerá viendo a esta Doctora, a una mujer como Doctor. Será su Doctor. La heroína, la aventurera, la persona a quien el relato acude en busca de autoridad moral e intelectual: ahora es una mujer.

Una parte más del techo de cristal se ha resquebrajado. Una llave inglesa ha caído en los engranajes de la máquina del mundo. Se nos recuerda que algo distinto es posible.

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