Para las mujeres del grupo de autoayuda de la aldea de Tuluroba, el objetivo era sencillo: juntar sus ahorros para comprar ganado, engordarlo y venderlo a la industria cárnica para su sacrificio.
Pero había un problema.
«No teníamos tierras para que pastara el ganado. Tampoco podíamos obtener un préstamo bancario para comprar tierras, porque, como mujeres, no somos propietarias de títulos de propiedad», dijo Fatuma Wario, quien preside el grupo, integrado por 13 mujeres.
Es algo habitual. Pocas mujeres en Kenia tienen títulos de propiedad de tierras, y son pocas las que los obtienen: desde 2013, menos del 2 por ciento de los títulos expedidos se han otorgado a mujeres, señaló en marzo de 2018 la Kenya Land Alliance, una organización sin fines de lucro.
Y como para obtener un préstamo de un banco convencional se exige una garantía —por lo general, un título de propiedad de tierras—, la mayoría de las mujeres no puede acceder a la posibilidad de iniciar un negocio.
Al final, las mujeres del grupo HoriJabesa pidieron dinero prestado a una entidad que concede préstamos a grupos de mujeres sin exigir títulos de propiedad de tierras. En su lugar, los ahorros del grupo respaldan el préstamo.
En el caso de Wario, eso significó trasladar su cuenta de ahorros al banco que estaba dispuesto a concederles un préstamo de 1.000 dólares. Con ese dinero y parte de sus ahorros, «compramos ganado y alquilamos tierras para que pastara»
Eso ocurrió en 2017. Así, el grupo pudo alquilar 10 acres (4 hectáreas) de pastizales por un costo anual de 30.000 chelines kenianos (300 dólares).
El interés del préstamo es del 12 por ciento anual. En el primer año obtuvieron 10.000 dólares de su inversión: cada cabeza de ganado engordada les reportó 30 dólares de ganancia.
Miles de beneficiarias
El primer paso para el grupo de Wario fue asociarse con el Program for Rural Outreach of Financial Innovations and Technologies (PROFIT), financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de la ONU (FIDA) y la Alliance for a Green Revolution in Africa (AGRA).
David Kanda, asesor de SNV Netherlands Development Organisation, quien ha visto el impacto de PROFIT en mujeres como Wario, dijo que solo en el este de Kenia se beneficiaban del programa PROFIT unos 60 grupos de mujeres.
«Además de apoyar iniciativas ganaderas, el programa también ayuda a las mujeres a criar aves de corral y a dedicarse a la apicultura en tierras alquiladas».
El programa comenzó en diciembre de 2010 y está previsto que continúe hasta junio de este año. Después, se evaluará con miras a darle continuidad, dijo un funcionario de AGRA.
Para obtener un préstamo, la persona debe ser miembro activo de una red de agronegocios. Luego puede solicitar un préstamo a una entidad de crédito agrícola como persona individual —en cuyo caso, su participación en la red de agronegocios sirve de garantía— o junto con su grupo, como hizo el colectivo de Wario.
La Agricultural Finance Corporation (AFC), una agencia gubernamental, es una de esas entidades de crédito.
Hasta la fecha, dijo Millicent Omukaga, directora de operaciones de AFC, más de 40.000 mujeres en Kenia se han beneficiado de préstamos sin garantía. Ninguno de esos préstamos ha resultado impago.
«Nuestro objetivo es duplicar el número [...] de mujeres beneficiarias. Pero el objetivo general es que alcancen el empoderamiento financiero para que puedan luchar por sus derechos sobre la tierra».
Una cosecha de pasto
Ese ha sido el caso de Mabel Katindi, una viuda que vive en la aldea de Kathiani, en el condado de Machakos, a 195 kilómetros al sur de la aldea de Wario.
Katindi, de 42 años, perdió a su esposo hace una década. Desde entonces ha tenido que hacer frente a familiares que intentan expulsarla, junto con sus tres hijos, del terreno de un acre que heredó.
El problema es que su difunto esposo no tenía título de propiedad. Como se trata de tierras ancestrales, estas estaban incluidas en un único título de propiedad en manos del miembro de mayor edad de su familia, dijo.
Y sin un título, Katindi no podía obtener un préstamo para financiar actividades lucrativas en su parcela.
«Nuestra tierra no es muy buena para cultivar alimentos porque las lluvias no son suficientes. Alimentar por sí sola a mis hijos ha sido la tarea más difícil», dijo.
Pero tras unirse a la organización local de mujeres en 2017, Katindi supo que, como miembro activa del grupo de agronegocios, podía usar su participación para solicitar un préstamo.
En marzo de ese año pidió prestados 50.000 chelines a una cooperativa de ahorro y crédito, y usó ese dinero para plantar pasto brachiaria resistente a la sequía en medio acre de su terreno.
El pasto ha prosperado, dijo.
«La demanda de pasto es muy alta porque hace que el ganado produzca mucha leche. Además, no necesita mucha lluvia para crecer», dijo Katindi.
Cada fardo de pasto genera hasta 300 chelines, y el medio acre produce 100 fardos al año. En la otra mitad del acre cultiva alimentos básicos para su familia.
«Mis hijos están todos en la escuela. Ya no tengo que preocuparme por alimentarlos», dijo Katindi, y añadió que los beneficios económicos del préstamo también habían ayudado a reparar las relaciones con la familia de su difunto esposo.
«Incluso uso parte de mi dinero para ayudar a los familiares que querían echarme de las tierras».
