Los fertilizantes sintéticos suelen ser lo único que pueden permitirse las familias campesinas de bajos ingresos, y los productos químicos que contienen pueden provocar, con el tiempo, la acidificación y degradación de sus suelos.
Safi Organics ha desarrollado un fertilizante orgánico asequible que puede ayudar a regenerar las tierras de cultivo y mejorar el rendimiento.
Hasta la fecha, más de 5.000 agricultores de Kenia han comprado el fertilizante, lo que ha incrementado sus rendimientos en unos 800.000 dólares.
La empresa prevé ahora trabajar con agricultores de la India y de otras zonas del África subsahariana.
La mayor parte del fertilizante comercial recorre un largo camino antes de llegar a los agricultores rurales de Kenia. Los costos de transporte obligan a muchos agricultores a depender de fertilizantes sintéticos baratos, que pueden provocar, con el tiempo, la acidificación y degradación de sus suelos.
La situación constituye una crisis que afecta a varias generaciones, ya que los mayores han visto cómo sus rendimientos agrícolas disminuían a lo largo de décadas.
Ahora, Safi Organics utiliza una tecnología perfeccionada en el D-Lab del MIT para fabricar fertilizante orgánico que puede ayudar a regenerar estas tierras de cultivo. El fertilizante se produce localmente a partir de los residuos de los cultivos después de la cosecha.
Safi compra a los agricultores residuos de cultivos, como cáscaras de arroz, y los procesa en las inmediaciones antes de vendérselos de nuevo a los agricultores a precios competitivos. La empresa afirma que se ha demostrado que su fertilizante reduce la acidificación del suelo e incrementa los rendimientos de los cultivos hasta un 30 por ciento tras un único ciclo de siembra.
Se trata de un aumento que transforma la vida de los agricultores que dependen de sus cultivos para sobrevivir. Los agricultores han utilizado los ingresos adicionales por las ventas de sus cosechas para alimentar a sus familias, enviar a sus hijos a la escuela y alcanzar la independencia financiera.
«Safi está descentralizando la producción de fertilizantes para que, por primera vez, pueda llevarse a cabo en aldeas rurales», afirma Kevin Kung, cofundador y director de tecnología de Safi, con un máster (SM) en 2013 y un doctorado (PhD) en 2017.
La empresa lleva trabajando con agricultores de Kenia desde 2015. Hasta la fecha, más de 5.000 agricultores han comprado el fertilizante de Safi Organics. Kung afirma que esos agricultores han registrado un aumento total de 800.000 dólares en sus ingresos gracias al incremento de los rendimientos de sus cultivos.
Ahora Safi pretende llevar su modelo a la India y a otras zonas del África subsahariana.
Un largo camino
A finales de 2012, Kung llevaba más de tres años dedicado a un proyecto de investigación para convertir residuos orgánicos, como los restos de cultivos de aldeas africanas, en carbón vegetal para combustible de cocina. Durante esos esfuerzos, Kung recibió el apoyo de la Beca de Servicio Público Priscilla King Gray, el Centro Tata del MIT, el Centro Legatum del MIT y el programa MIT IDEAS Social Innovation Challenge.
Por desgracia, una serie de proyectos piloto fallidos lo dejó buscando un modelo de negocio sostenible, mientras su equipo de estudiantes del MIT se disolvía poco a poco. Por ello, Kung decidió utilizar parte de su financiación para viajar a Kenia en el verano de 2013 y asociarse con un colaborador local.
Tras redactar una descripción del puesto, le contactó un gestor de agronegocios llamado Samuel Rigu. Como el trabajo de doctorado de Kung seguía en curso, contrató a Rigu para dirigir las operaciones en Kenia mientras él regresaba al MIT al final del verano.
Poco después de que Rigu se hiciera cargo del proyecto, Kung comenzó a apreciar su visión empresarial.
Rigu descubrió que el carbón vegetal que producían también podía utilizarse como fertilizante para cultivar plantas, siempre que se combinara con otros nutrientes. Este hallazgo allanó el camino para una producción local de fertilizantes que ofrecería ventajas frente al elevado costo de los fertilizantes sintéticos importados.
Rigu conocía bien los inconvenientes de los fertilizantes sintéticos baratos: había crecido en una comunidad agrícola rural y pobre, y recordaba a su abuela llorando mientras hablaba de cómo la tierra de la familia iba perdiendo poco a poco su fertilidad.
Kung era escéptico sobre la producción de fertilizantes, pero Rigu lo convenció de probar la idea con un pequeño grupo de agricultores. Cuando llegó la temporada de cosecha, algunos de los agricultores que utilizaron la fórmula casi duplicaron sus rendimientos (las pruebas de pH demostraron posteriormente que el fertilizante ayudaba a combatir la acidificación causada por otras técnicas agrícolas). Rigu y Kung observaron con asombro cómo los ingresos extra desencadenaban efectos en cadena en la comunidad: los agricultores empobrecidos utilizaban los fondos adicionales para enviar a sus hijos a la escuela y mejorar aún más sus granjas.
Los fundadores decidieron crear una empresa que vendiera la fórmula para el suelo. La llamaron Safi Organics. En 2018, Kung recibió una subvención del Laboratorio Abdul Latif Jameel de Sistemas de Agua y Alimentación (J-WAFS) del MIT para desarrollar la tecnología que sustenta las operaciones de Safi.
Hoy en día, cada una de las instalaciones de producción de Safi puede suministrar de forma rentable fertilizante a miles de agricultores situados a hasta 20 millas de distancia. Además, dado que el biocarbón de Safi es rico en carbono inerte, al utilizarse como fertilizante secuestra carbono de la atmósfera.
Mientras tanto, el doctorado de Kung evolucionó hasta convertirse en un proyecto para construir sistemas portátiles y de bajo costo de conversión de biomasa que se desplegarían en zonas rurales como las pequeñas granjas con las que trabaja Safi. Afirma que su participación en Safi ayudó a que su trabajo de doctorado siguiera siendo relevante para los desafíos del mundo real.
«[Safi] empezó como un proyecto del MIT», afirma Kung. «Pero tuvimos que aprender a colaborar con socios locales y reconocer que, a veces, ellos serán los impulsores de estas iniciativas, no necesariamente nosotros, y tendrán la última palabra sobre la dirección que toman las cosas».
Alianzas para generar impacto
Las interrupciones de las cadenas de suministro causadas por la Covid-19 han hecho que el fertilizante fabricado localmente por Safi se haya vuelto fundamental en la vida de los agricultores. Kung afirma que la empresa vendió más de 40 toneladas de fertilizante solo el año pasado.
Este año, el equipo de Safi espera llevar su modelo a otras regiones del mundo donde los agricultores rurales pagan de más por fertilizantes baratos. La empresa está iniciando estudios en Tanzania y Uganda para comprobar si los socios locales pueden crear negocios sostenibles por su cuenta. El modelo también está siendo replicado por otro grupo en la India con agricultores del norte de Punjab, que disponen de distintos tipos de residuos de cultivos para procesar.
Para Kung, el éxito de Safi ha demostrado el valor de empoderar a los socios locales para que tomen decisiones empresariales en las comunidades que tan bien conocen.
«Al principio era bastante escéptico respecto a toda la idea [de reorientarnos hacia los fertilizantes]», afirma Kung. «No creía que fuera viable. Pero el equipo local me demostró que estaba equivocado y ha validado la mejora de los rendimientos y el impacto en los agricultores. Para mí, ha sido un viaje inspirador».
