Cómo #ricebunny ayuda a visibilizar el acoso sexual en China

A woman checks her phone as passengers arrive at the Beijing Railway Station as the annual Spring Festival travel rush begins ahead of the Chinese Lunar New Year, in central Beijing, China February 1, 2018. REUTERS/Damir Sagolj
The hashtag #RiceBunny is being used by Chinese women to expose sexual harassment.Image: REUTERS/Damir Sagolj
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Rice bunny dice: «Lo único que quiero para el próximo Año Nuevo lunar son resoluciones contra el acoso sexual… Puedes quitarme el plato, pero no puedes hacerme callar».

Así comienza una página de debate sobre la campaña #MeToo en China, publicada en Weibo, la plataforma china de redes sociales.

«Rice bunny» (米兔), pronunciado «mi tu», es un apodo que los usuarios chinos de redes sociales dieron a la campaña #MeToo. Las mujeres chinas usan el hashtag #RiceBunny, acompañado de emojis de cuencos de arroz y cabezas de conejo, para visibilizar el acoso sexual, a menudo junto con otros hashtags chinos, como #IAmAlso (#我也是)y #MeTooInChina (#MeToo在中国).

El uso de emojis para sortear la censura

La adopción de apodos y emojis no es solo una estrategia de relaciones públicas diseñada para aumentar la popularidad de la campaña; también constituye una respuesta táctica para sortear la censura en internet.

En China se recurre ampliamente a prácticas similares, como el uso de homófonos e imágenes, como forma de lenguaje cifrado para evitar la censura en las redes sociales.

«Cangrejo de río» y «caballo de barro y hierba» —ambos inventados por usuarios de internet— son dos ejemplos. Debido a su pronunciación en chino, el primero se usa para aludir a la censura y el segundo se refiere a una obscenidad china.

La censura en internet es un gran desafío para la campaña #MeToo en China. Los usuarios de internet han denunciado numerosos casos de publicaciones y páginas de chat sobre el tema que fueron eliminadas.

Alrededor del 19 de enero, el hashtag principal de la campaña #MeToo en China, #MeTooInChina, fue bloqueado temporalmente. En respuesta, los usuarios de Weibo lanzaron el hashtag alternativo #RiceBunnyInChina para continuar la campaña.

Cómo llegó #MeToo a China

El 1 de enero, Luo Xixi —ciudadana china que ahora reside en Silicon Valley— decidió llevar la campaña #MeToo a las redes sociales de su país. Empezó publicando una entrada de 3000 palabras en Weibo, donde reveló un secreto que había guardado durante 12 años. Mientras estudiaba su doctorado en la Universidad de Beihang, en Pekín, sufrió acoso por parte de Chen Xiaowu, un reconocido profesor que había sido su supervisor.

La publicación de Luo recibió millones de visitas y circuló ampliamente tanto en los medios estatales como en las redes sociales. La universidad y las autoridades educativas respondieron rápidamente al escándalo despidiendo a Chen Xiaowu.

Animadas por el éxito de las acusaciones de Luo contra Chen, más mujeres de China rompieron el silencio y compartieron sus propios relatos de acoso sexual por parte de profesores universitarios.

Según un informe reciente, estudiantes y antiguos alumnos de más de 50 universidades han firmado peticiones en línea para exigir que sus centros establezcan mecanismos de prevención y respuesta al acoso sexual en el campus. En solidaridad, profesores de más de 30 universidades también habrían firmado una carta abierta que pide a las instituciones educativas de China reforzar la normativa y establecer un sistema para denunciar casos de acoso sexual.

Por qué las universidades son el epicentro

No es casualidad que las universidades se convirtieran en el primer campo de batalla de China en la lucha contra el acoso sexual.

La estructura de poder institucional de las universidades genera un desequilibrio de poder entre estudiantes y tutores. Esa disparidad resulta especialmente problemática cuando el sistema educativo es opaco y está corrompido.

En China, desde la escuela primaria hasta la universidad, hacer regalos y sobornar son prácticas habituales entre estudiantes y padres para conseguir oportunidades. Esta cultura propicia los abusos.

Como han contado varias víctimas de acoso sexual en universidades, los docentes depredadores solían aprovechar las calificaciones de los trabajos, las becas e incluso el resultado de los títulos para atraer o chantajear a los estudiantes.

Pero el maltrato no se limita a profesores varones y estudiantes mujeres. A finales de diciembre, se encontró ahogado en un río de Xi’an a un estudiante de doctorado, Yang Baode. Más tarde, su novia publicó una carta abierta en las redes sociales en la que afirmaba que Yang se había suicidado tras años de abusos por parte de una supervisora. Según su declaración y los resultados de la propia investigación de la universidad, durante sus estudios de doctorado obligaron a Yang a convertirse en sirviente de su supervisora: regaba sus plantas, la acompañaba de compras y la recogía en los estacionamientos.

Los llamamientos a establecer mecanismos contra el acoso en las instituciones educativas han recibido el apoyo del Ministerio de Educación y de los medios estatales, pero quizá no sea fácil reproducir este éxito en otros sectores de la sociedad china.

Las feministas como «alborotadoras»

A diferencia de su equivalente occidental, la campaña #MeToo en China no tiene libertad para convertirse en un movimiento a gran escala debido a la inevitable intervención del gobierno.

Para el partido gobernante, las campañas en línea que buscan movilizar a amplios sectores de la población son como incendios forestales que pueden propagarse fácilmente sin control. Por ahora, las personas señaladas suelen ser figuras de perfil relativamente bajo, como profesores universitarios, pero no cuesta imaginar que el escándalo llegue a quienes ocupan puestos de poder.

La popularidad es el beso de la muerte para cualquier movimiento civil en China. Se sabe que el gobierno chino impide que la actividad en línea se convierta en acción colectiva —sobre todo, en manifestaciones—, por inocua que sea políticamente.

En 2015, cinco activistas por los derechos de las mujeres fueron detenidas por las autoridades chinas por «provocar problemas» al organizar protestas contra el acoso sexual en el transporte público. En 2017, Zhang Leilei, activista de la ciudad de Guangzhou, emprendió iniciativas similares. Zhang intentó recaudar fondos mediante financiación colectiva para una campaña nacional de publicidad contra el acoso sexual. Sin embargo, las autoridades locales acabaron rechazándola y pidieron a la propia Zhang que abandonara la ciudad.

Es ingenuo esperar que las mujeres de China sigan una trayectoria occidental para lograr la igualdad de género. Pero, como muestra el hashtag #RiceBunny en las redes sociales, incluso bajo presión política las activistas siguen recurriendo a su creatividad para sortear el sistema. Mientras estas luchadoras no dejen de «provocar problemas», podemos confiar en un futuro más seguro e igualitario para las mujeres de China.

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