Por qué las verduras importadas siguen siendo más sostenibles que la carne local

Cows are seen to be grazing on a farm in Iran.
Transport emissions account only for about 10% of all emissions.Image: Unsplash/ Erfan Parhizi
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  • Consumir alimentos locales puede mejorar el bienestar humano y, al mismo tiempo, reducir de forma radical las emisiones de gases de efecto invernadero.

  • Sin embargo, no todos los alimentos producidos localmente son más sostenibles que algunos productos importados equivalentes, escribe el experto en gestión responsable Tamas Lestar.

  • Por ejemplo, el ganado vacuno produce 60 kg de CO₂ por kilo, frente a los nogales, con solo 0,3 kg de CO₂ equivalente.

Un antiguo colega, investigador y promotor de los sistemas alimentarios locales, sostuvo en una ocasión que los mercados locales de carne acercan a los niños a la realidad. «Si los jóvenes no tienen una experiencia directa con los alimentos», me dijo, «podrían pensar que estos proceden de los estantes de los supermercados. Las carnicerías locales mejoran la alfabetización alimentaria y reducen la desconexión entre los consumidores y sus decisiones». Hoy muchos discreparían de este enfoque, pero entiendo lo que quería decir. La cuestión es: ¿cómo encaja esto con lo que sabemos sobre los alimentos y el medio ambiente?

Los defensores de los alimentos locales, como el colega citado anteriormente, afirman con frecuencia que consumir alimentos en un radio corto (distancia varía según los países) permitirá mejorar el bienestar humano y, al mismo tiempo, reducir de forma radical las emisiones de gases de efecto invernadero. Hay indicios de que la producción y el consumo de alimentos locales tienen efectos positivos en el empleo, la salud, el desarrollo comunitario, las economías locales, la ayuda humanitaria, la biodiversidad y más.

Al mismo tiempo, no es posible considerar que todos los productos de origen local sean más sostenibles que los alimentos importados de lugares lejanos. Antes de llegar a nuestro plato, los alimentos suelen pasar por varios meses de preparación, producción, almacenamiento y distribución. La eficiencia ecológica de este ciclo depende de varios factores, como la calidad del suelo, las condiciones meteorológicas, la idoneidad del clima, y los métodos de producción y almacenamiento.

Así pues, para comprender mejor el impacto planetario de nuestra dieta, debemos evaluar nuestras decisiones alimentarias desde diversas perspectivas. Y, aunque la distancia de transporte es una variable, no es la única. De hecho, las emisiones del transporte son relativamente pequeñas para la mayoría de los alimentos, pues representan solo alrededor del 10 % de todas las emisiones.

Una excepción notable se da cuando los alimentos se transportan por vía aérea en lugar de por mar o por carretera. En casos como las judías verdes de Kenia o las piñas de Mauricio que se transportan por avión por todo el mundo, el transporte puede representar más del 90 % de la huella de carbono total de estos productos.

La carne de vacuno, el cordero y el queso son los que generan más emisiones de gases de efecto invernadero por kilo.Image: Our World In Data

Según un estudio publicado en Science, resumido por Our World in Data en el gráfico anterior, los dos principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero son los cambios en el uso del suelo, como la conversión de bosques en campos de cultivo o pastizales, y los procesos agrícolas. Estos últimos incluyen las emisiones de metano de los animales rumiantes y del cultivo de arroz, las emisiones procedentes de fertilizantes orgánicos o sintéticos, y la maquinaria. En conjunto, estos dos factores representan más del 80 % de la huella de la mayoría de los alimentos, una cifra considerable en comparación con el 10 % del transporte. Asimismo, las emisiones de todas las demás actividades posteriores a la producción, incluidos el procesamiento, la venta al por menor y el envasado, son comparativamente insignificantes.

Uno de los grandes retos actuales es el aumento general de la demanda de productos cárnicos. La infografía anterior muestra con claridad las enormes diferencias de emisiones entre las fuentes de origen vegetal y animal, con el ganado vacuno en la parte superior (60 kg de CO₂ equivalente por kilo) y los nogales en el extremo más bajo de la escala (solo 0,3 kg de CO₂ equivalente por kilo, en parte porque los nogales suelen sustituir a tierras de cultivo y luego almacenan carbono en los árboles).

Casi sin excepción, los productos cárnicos obtienen resultados muy malos. La pesca parece comportarse mejor que otras industrias cárnicas, con 3-5 kg de CO₂ equivalente por kilo, pero actualmente está siendo muy criticada por la contaminación por plásticos y otros daños. No obstante, aunque los productos de origen vegetal son, en general, mucho más sostenibles, algunos también obtienen malos resultados, como el café, el cacao y el aceite de palma.

Otro punto importante es que las comparaciones entre las tasas de emisión de productos alimentarios idénticos deben hacerse a menudo caso por caso. Por ejemplo, el Reino Unido no puede afirmar por defecto que sus tomates son más sostenibles que los producidos en España, ni viceversa. Si se cultivan en invernaderos calefactados en el Reino Unido y en invernaderos no calefactados en España, estos últimos causarán con toda probabilidad mucho menos daño ambiental, incluso si se transportan al extranjero. Sin embargo, si se producen en invernaderos en España y en campo abierto en el Reino Unido, los británicos podrían ser la opción más óptima, siempre que se tengan en cuenta otros factores, como la fertilización y el uso de energía.

Los enormes invernaderos de España no necesitan calefacción adicional.Image: Alex Tihonovs

Por tanto, la compra sostenible no es tan sencilla como comprobar si un producto es de origen local o no. Debido a la falta de un sistema estandarizado de etiquetado de la huella, ofrecer alimentos más sostenibles exige tener en cuenta múltiples factores.

Como regla general, se puede estar casi seguro de que los productos cárnicos, sean locales o no, son menos sostenibles que las verduras importadas incluso desde el punto más lejano del planeta. Dejando a un lado las consideraciones médicas o éticas, las emisiones de la carne son simplemente demasiado altas, lo que hace que las millas alimentarias sean una parte insignificante de la comparación.

Por supuesto, algunos productos de origen vegetal también generan muchas emisiones, pero esto no está relacionado con su transporte. La carne de los animales de pastoreo sigue siendo la peor opción desde la perspectiva de las emisiones. Recordemos esto antes de volver a degustar el cordero local. Y, en la formación en alfabetización alimentaria, podemos mostrar a los niños cómo son los tomates reales antes de que acaben en sus patatas fritas o pizza.

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