Un equipo olímpico de refugiados apareció por primera vez en los Juegos de Río en 2016.
Financiados por el patrocinio del COI, 29 atletas desplazados han conseguido un lugar en el equipo de Tokio 2020.
La participación del equipo ayuda a poner de relieve la crisis mundial de refugiados.
Representar a su país en unos Juegos Olímpicos es una experiencia que la mayoría de los atletas nunca olvidará, pero los competidores desplazados de su país de origen se ven privados de este honor.
Desfilando bajo la bandera olímpica en la ceremonia inaugural de los Juegos de Tokio, 29 atletas desplazados compiten como parte del Equipo Olímpico de Refugiados del COI.
Formado por primera vez en los Juegos de Río en 2016, el equipo cuenta actualmente con refugiados de once países, que compiten en 12 deportes y que han recibido financiación del patrocinio del Comité Olímpico Internacional para llegar a Tokio.
Juntos, representan a los 82,4 millones de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo.
Estas son solo tres historias de olímpicos que han huido de sus países de origen, pero que están unidos por el deporte, así como por el valor, la fuerza, la determinación y la esperanza.
Ciclismo rumbo a Tokio 2020
El ciclista de ruta nacido en Siria Ahmad Badreddin Wais ha competido en la contrarreloj en cuatro Campeonatos Mundiales de Ruta de la UCI de categoría sénior y forma parte del Equipo Olímpico de Refugiados del COI.
Empezó a practicar ciclismo a los 14 años, mientras vivía en su ciudad natal, Alepo, antes de trasladarse a la capital siria, Damasco, para unirse al equipo nacional. Tras competir en el Campeonato Mundial de Ruta de la UCI de 2009 en categoría júnior, un hito para el país, Badreddin terminó en el puesto 32 en la prueba en ruta del Campeonato Asiático en 2014 como corredor sénior.
Ese año fue importante por otro motivo. Tras estallar la guerra, Badreddin huyó de su país, devastado por la guerra, primero a Líbano, después a Turquía y luego a Grecia en barco, en un peligroso viaje a través del mar Mediterráneo, hasta que finalmente se instaló con la familia de un amigo en Lausana (Suiza). Pasaron tres años antes de que pudiera reanudar la competición.
«Fueron momentos muy, muy difíciles de mi vida», declaró a The New Indian Express.
Una vez instalado en su nuevo país de acogida, se trasladó a Hindelbank, cerca de Berna, y reanudó los entrenamientos. En 2017 compitió en el primero de cuatro campeonatos consecutivos de ciclismo en ruta de categoría sénior de la UCI y logró resultados destacados en la contrarreloj en otras carreras, incluido un puesto entre los diez primeros en el Campeonato Asiático de 2019. Ahora tiene la mirada puesta en la prueba olímpica de contrarreloj.
Camino al éxito olímpico
Como una de las 10 atletas que formaron el equipo original del Equipo Olímpico de Refugiados del COI en Río 2016, esta es la segunda vez que Anjelina Nadai Lohalith forma parte del equipo y participa en una final olímpica.
En Tokio, la mediofondista nacida en Sudán del Sur aspira a clasificarse para la segunda ronda de la carrera de 1500 metros en pista y mejorar su actuación en Brasil. Anjelina estableció su mejor marca personal en esta distancia en el Campeonato Mundial de la IAAF de 2017, celebrado en Londres.
Entre unos Juegos y otros, además de entrenar y competir, Anjelina se ha convertido en madre y ha asistido a la cumbre One Young World en Ottawa (Canadá), un foro mundial de líderes juveniles para debatir sobre los problemas a los que se enfrenta el mundo.
Actualmente vive en Kenia, adonde huyó de Sudán del Sur, devastado por la guerra, con su tía en 2002, en busca de seguridad frente al conflicto, y se instaló en el campo de refugiados de Kakuma, en el norte de Kenia. No ha vuelto a ver a sus padres desde que huyó, pero reencontrarse con ellos sigue siendo una gran motivación.
«Todo quedó destruido», declaró a la agencia ACNUR en 2016, al describir el impacto de la guerra al llegar a su aldea natal.
En el instituto de Kenia, las dotes de Anjelina para la carrera se hicieron evidentes y la Fundación para la Paz Tegla Loroupe la seleccionó para entrenar cerca de Nairobi, la capital del país. Tegla fue la primera atleta africana en ganar el maratón de Nueva York y ahora utiliza su éxito para seleccionar a atletas con talento de campos de refugiados, apoyando sus aspiraciones de llegar a los Juegos Olímpicos.
Entre entrenamientos, Anjelina encuentra tiempo para orientar a jóvenes atletas como parte de la fundación Deporte al Servicio de la Humanidad.
Luchar por los refugiados
El boxeo ha enseñado al aspirante olímpico Eldric Samuel Sella Rodríguez el respeto, la empatía, la humildad y la disciplina.
Creció en un barrio difícil de Venezuela y, a la edad de nueve años, se inscribió en el gimnasio de boxeo a una manzana de su casa para aprender a luchar y a defenderse de otros.
Esa decisión le llevó a ganar su primer campeonato nacional júnior en la categoría de 15 a 16 años y, más tarde, a incorporarse al equipo nacional de boxeo de Venezuela a los 18 años.
Cuando el colapso económico de su país de origen en 2014 provocó pobreza y violencia, tomó la difícil decisión de dejar a su familia y amigos y buscar refugio en Trinidad y Tobago.
Sobrevivió realizando trabajos manuales: mezclando cemento, pintando y cortando césped, siempre soñando con llegar a los Juegos Olímpicos.
Gracias a su beca para atletas refugiados del COI, sus aspiraciones olímpicas han vuelto a encaminarse.
«En este programa, tendré la oportunidad de participar en los Juegos Olímpicos y de representar no solo a mí, sino también a millones de personas de todo el mundo que, como yo, se vieron obligadas a dejar atrás su hogar y sus sueños», afirma.
Esté atento a los atletas que compiten con la designación oficial del equipo de refugiados «EOR» (équipe olympique des réfugiés). Han tenido que superar enormes desafíos para ocupar su lugar en el desfile de refugiados detrás de la bandera olímpica.
