Encontrar formas respetuosas con el medio ambiente de viajar resulta cada día más fácil.
Desde los coches y trenes eléctricos hasta los autobuses propulsados por biocombustibles, viajar ya no tiene por qué implicar quemar combustibles fósiles y liberar dióxido de carbono a la atmósfera.
Sin embargo, hay un medio de transporte en el que aumentar nuestra huella de carbono suele ser inevitable: viajar en avión.
Volar consume 1.500 millones de barriles de combustible para aviones cada año. Es responsable del 12 % de todas las emisiones de CO2 del transporte y del 2 % de las emisiones mundiales de carbono.
Se prevé que estas cifras aumenten a medida que la demanda de transporte aéreo se duplique de aquí a 2035 y otros medios de transporte y sectores, como la generación de electricidad, abandonen los combustibles fósiles.

Vuelos con emisiones netas cero
Los aeropuertos de Noruega lideran los esfuerzos de la industria aeronáutica mundial para frenar el aumento de sus emisiones de carbono.
El país escandinavo es uno de los 72 que se han adherido al programa voluntario de crecimiento neutro en carbono del transporte aéreo de la Organización de Aviación Civil Internacional de la ONU, que comenzará en 2020.
Avinor, el operador aeroportuario estatal de Noruega, centra sus esfuerzos en promover la mezcla de biocombustibles con combustible para aviones.
En sus dos aeropuertos más transitados, Oslo y Bergen, se ofrece a todos los aviones una mezcla especial de combustible para aviones y biocombustibles.
Bergen empezó a ofrecer biocombustibles en su nueva terminal este verano, después de que BP Biojet realizara su primera entrega en agosto.
Esto ocurrió después de que Oslo se convirtiera en 2016 en el primer aeropuerto del mundo en ofrecer biocombustibles a todas las aerolíneas.

Aunque algunas aerolíneas de todo el mundo han operado rutas concretas con biocombustibles, Oslo fue el primer aeropuerto en ofrecerlos a través del sistema principal de repostaje del aeropuerto.
La controversia de los biocombustibles
Pero el uso de biocombustibles no está exento de riesgos para las aerolíneas. Pueden costar el doble que el combustible convencional para aviones, y preocupa hasta qué punto muchos de ellos son respetuosos con el medio ambiente.
Los biocombustibles derivados de cultivos, como el aceite de palma, son controvertidos porque pueden tener efectos ambientales negativos que van desde reducir la producción de alimentos y aumentar el consumo de agua hasta la deforestación de las selvas tropicales.

En junio, Noruega se convirtió en el primer país del mundo en prohibir que los organismos estatales compren biocombustibles derivados del aceite de palma; entre esos organismos se encuentra Avinor.
Con el aceite de palma descartado, las aerolíneas y los operadores aeroportuarios que quieran incorporar biocombustibles a su mezcla deben buscar alternativas.
Los biocombustibles a base de alcohol son una alternativa más sostenible, pero el poder calorífico por unidad de masa del combustible alcohólico es bajo y no lo hace apto para aviones.
Otros, como los biocombustibles a base de algas, son difíciles de producir a gran escala, y un informe de la Real Academia de Ingeniería del Reino Unido publicado a principios de este año apunta a que podrían ser responsables de niveles de emisiones de gases de efecto invernadero superiores a los de los combustibles fósiles.
Sin embargo, el informe concluye que fabricar biocombustibles a partir de residuos agrícolas y forestales, así como de aceite de cocina usado, siempre reduce las emisiones en comparación con los combustibles fósiles.
El aeropuerto de Oslo obtiene sus biocombustibles de estas fuentes más respetuosas con el medio ambiente.
El operador aeroportuario Avinor empezó con un biocombustible elaborado a partir del aceite de plantas de Camelina sativa (una planta con flores de la familia de la mostaza, también conocida como lino bastardo), que se importaron de España. Refinado por la empresa finlandesa Neste, el combustible es una mezcla al 50:50 con combustible convencional para aviones.
Después, el aeropuerto de Oslo importó de California un biocombustible elaborado con aceite de cocina usado. Recibió algunas críticas por el impacto ambiental de transportar el biocombustible miles de kilómetros antes de utilizarlo.
Pese a ello, Olav Mosvold Larsen, asesor sénior de estrategia y desarrollo de Avinor, declaró a la ONU que la huella de carbono de los biocombustibles seguía siendo menor que la de los combustibles fósiles.
Dado que la industria aeronáutica se propone lograr un crecimiento neutro en carbono del transporte aéreo para 2020, parece poco probable que el combustible para aviones elaborado con aceite de cocina usado sea una moda pasajera. Cabe esperar más iniciativas como las que están en marcha actualmente en Noruega.
Japón, por ejemplo, aspira a que todos los vuelos de Japan Airlines y Nippon Airways utilicen biocombustible para aviones durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
