Decidir qué hacer con las montañas de alimentos desperdiciados en todo el mundo se ha convertido en un gran desafío. Pero una empresa neerlandesa ha encontrado una solución interesante al problema.
En una granja interior construida a tal efecto, bajo potentes luces artificiales, enjambres de moscas soldado negras se alimentan de restos de comida desechados por los humanos para producir larvas de insectos: una fuente de proteínas barata, respetuosa con el medio ambiente y nutritiva.
Protix, la empresa detrás de la iniciativa con insectos, gestiona todo el ciclo de vida de las moscas, desde los huevos hasta las larvas, y desde el capullo hasta el insecto adulto.
Una vez cosechadas, las larvas se convierten en una pasta que puede utilizarse como alimento para gallinas ponedoras y en piscifactorías. También puede añadirse a los alimentos para mascotas como sustituto natural de otras fuentes de proteína a las que algunos animales son alérgicos.
Un enjambre de larvas de mosca soldado negra devora una pizza en tan solo unas horas.
Un desperdicio cada vez mayor
Los proyectos que fomentan una economía circular de los alimentos, que minimiza el desperdicio y aprovecha al máximo los recursos, son un paso importante hacia un futuro más sostenible.
¿Qué es una economía circular?
La forma en que actualmente se cultivan y comercializan nuestros alimentos somete a los recursos de la Tierra a una fuerte presión, ya que aproximadamente un tercio de todos los alimentos producidos para el consumo humano se pierde o desperdicia. Esto equivale a unos 1.300 millones de toneladas al año, según las cifras de la ONU.
Y el problema va en aumento a medida que la población mundial que se prevé alcance los 9.800 millones en 2050 – aumenta y los ingresos crecen en los países en desarrollo, lo que eleva cada vez más la demanda de alimentos.
Con los niveles de crecimiento actuales, el desperdicio de alimentos podría aumentar casi un tercio de aquí al final de la próxima década, según un estudio de la Fundación Thomson Reuters.

La cantidad de alimentos perdidos o desperdiciados difiere relativamente poco entre los países desarrollados y los del mundo en desarrollo. Sin embargo, el punto en el que se producen las pérdidas difiere mucho.
En los países más pobres del África subsahariana y de Asia, el 40 % de las pérdidas se produce entre la cosecha y la transformación de los cultivos. Las limitaciones financieras y técnicas afectan a los rendimientos, que además están a merced de las plagas y de los fenómenos meteorológicos extremos, como las sequías y las inundaciones.
En cambio, en los países industrializados se desperdicia más alimento en las etapas finales de la cadena de suministro. Más de dos quintos se pierden en el ámbito minorista y por parte de los consumidores, debido en parte a las normas de calidad que hacen hincapié en el aspecto físico de los alimentos y en el momento en que deben venderse o consumirse.
Cambiar de actitud
Niveles tan elevados de desperdicio afectan gravemente al medio ambiente, ya que se talan tierras para la agricultura y el pastoreo, disminuye la fertilidad del suelo y los océanos se sobreexplotan, todo lo cual agrava el cambio climático.
Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 de la ONU fija como objetivo reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita a nivel mundial, para disminuir las pérdidas a lo largo de los sistemas de producción y de las cadenas de suministro de aquí a 2030. Pero lograrlo exigirá cambios profundos en la forma en que se producen y consumen los alimentos que comemos.
Además de encontrar formas más sostenibles de cultivar y procesar los alimentos, algunas empresas también estudian ofrecer alternativas. Además de sus proteínas de larvas para piensos animales, Protix produce una gama de proteínas a base de insectos para el consumo humano.
Si bien sustituir las formas más tradicionales de proteína por una dieta nutritiva y sostenible a base de grillos, saltamontes y gusanos de la harina tiene ventajas, muchas personas hoy en día podrían mostrarse reacias a hacer este cambio. Pero en el futuro, quizá no parezca una idea tan descabellada.
«Estamos viviendo una auténtica crisis a escala mundial», declaró Esben Hegnsholt, coautor de un estudio sobre el desperdicio mundial de alimentos del Boston Consulting Group, a la Fundación Thomson Reuters. «El volumen de desperdicio y sus repercusiones sociales, económicas y medioambientales son graves si no cambiamos la trayectoria. Cuando luchamos contra la pérdida y el desperdicio de alimentos, también luchamos contra el hambre, la pobreza y el calentamiento global.»
