El sector de viajes y turismo en América Latina y el Caribe se prevé que sufra un golpe de 110 000 millones de dólares debido a la COVID-19, según un nuevo informe del Foro Económico Mundial.
La inversión en infraestructura podría reactivar el turismo y reconstruir la economía.
Las asociaciones público-privadas, la mejora de la tecnología y la inversión en la resiliencia de la infraestructura son claves para reconstruir mejor en el mundo posterior a la pandemia.
La pandemia de COVID-19 llegó tarde a América Latina en comparación con otras regiones, pero los daños a la salud pública y a la economía no fueron menos graves.
A medida que se contiene lo peor del brote, los países de la región se sumarán a otros de todo el mundo en la búsqueda de una estrategia para reactivar sus economías. Los viajes y el turismo representan una oportunidad lucrativa para la recuperación, pero el sector se vio especialmente afectado en América Latina y el Caribe, según el reciente informe del Foro Económico Mundial, Informe sobre el panorama de la competitividad en viajes y turismo en América Latina y el Caribe: evaluación de oportunidades y desafíos regionales en el contexto de la COVID-19. En la región, se prevé que el sector sufra una pérdida de 110 200 millones de dólares debido a la crisis, lo que supone una caída prevista de más del 30 % en el PIB del sector de viajes y turismo en comparación con 2019.
Resulta doblemente preocupante que este golpe llegue cuando la región comenzaba a avanzar en la competitividad de su sector de viajes y turismo. Más de la mitad de los 21 países encuestados para el informe del Foro mejoraron su competitividad desde 2017, en categorías como la infraestructura aérea, terrestre y marítima que sustenta tanto al sector como a la economía en general.
Tras la pandemia, centrarse en la infraestructura no solo podría ayudar a reactivar el sector turístico de América Latina, sino también fortalecer toda la economía.
Encontrar financiamiento
La falta de financiamiento adecuado es un obstáculo importante para el desarrollo de infraestructura. Lamentablemente, el gasto de los gobiernos latinoamericanos en infraestructura con fondos públicos, como proporción del PIB, ha disminuido de forma constante desde finales de la década de 1980, en gran medida debido a recortes del gasto público para aliviar las restricciones presupuestarias. Dados los elevados costos económicos de contener la COVID-19, es cada vez más probable que el sector privado deba financiar la infraestructura en los próximos años. Esto requerirá aprovechar las asociaciones público-privadas, los diversos modelos de colaboración entre entidades públicas y organizaciones privadas para financiar, construir y operar proyectos de infraestructura.
Esta estrategia es una con la que la región ya está familiarizada y que ha implementado con éxito. El programa de carreteras de peaje 4G de Colombia aprovecha las asociaciones público-privadas para construir 5892 kilómetros de carreteras, por un valor de 24 000 millones de dólares. Para 2016, casi la mitad de los proyectos previstos en el marco del programa 4G había asegurado financiamiento, con 10 000 millones de dólares en inversión movilizada. Una vez completado, el programa abrirá nuevas zonas del país al turismo y reducirá los costos del transporte comercial en un 28 %.
El financiamiento colectivo es otra alternativa de financiamiento cada vez más popular. En Estados Unidos, la Ley JOBS (Jumpstart Our Business Startups) de 2012 allanó el camino para que las plataformas de financiamiento colectivo emitan inversiones de deuda y de capital, generalmente para proyectos inmobiliarios y de infraestructura energética. En 2019, el inversor francés en infraestructura Meridiam cerró un proyecto de energía limpia que recaudó 3,5 millones de euros de 2200 inversores individuales cerca de la ciudad francesa de Reims. Permitir que las comunidades inviertan en proyectos de infraestructura puede brindarles tanto un sentido de pertenencia como un rendimiento financiero.
Turismo 4.0 se encuentra con la infraestructura 4.0
Aumentar las capacidades tecnológicas de la infraestructura también podría ayudar a América Latina y el Caribe a mejorar tanto la competitividad turística como sus economías. Opciones de pago y de emisión de boletos sin contacto en aeropuertos, autobuses y metros ahorran tiempo y dinero. También permiten a los pasajeros evitar tocar superficies que puedan albergar enfermedades, lo que frena su propagación.
También es importante invertir en la transformación tecnológica del desarrollo y la operación de los activos de infraestructura en sí, no solo de los aspectos orientados al usuario. Una infraestructura más avanzada tecnológicamente puede mejorar la calidad y reducir los costos a lo largo del ciclo de vida de los activos de infraestructura. La región también podría mejorar su competitividad invirtiendo más intensamente en infraestructura digital. En toda la región, se espera que 58 millones de usuarios estén conectados a redes 5G para 2025. La inversión en las tecnologías de la información y la comunicación más recientes puede ayudar a más pymes a conectarse con sus clientes, al tiempo que permite a América Latina aprovechar la mayor movilidad de los trabajadores, lo que se traduce en estancias más largas y más dinero para las economías locales. En el mundo posterior a la COVID, el 74 % de los directores financieros prevé permitir que algunos empleados trabajen de forma remota de manera permanente. ¿Por qué pasar febrero en la gélida Filadelfia si se puede trabajar de forma remota desde el soleado Perú, en la misma zona horaria?
Resiliencia a largo plazo
La resiliencia de la infraestructura ha cobrado mayor relevancia con la COVID-19, pero tiene implicaciones a largo plazo a medida que el mundo se adapta al cambio climático. Como señala el informe del Foro, una infraestructura sanitaria mejorada aumentará la competitividad turística; un enfoque en el diseño resiliente de hospitales es clave. La capacidad de operar en medio de un desastre natural o de atender oleadas de pacientes derivadas de un brote de enfermedad beneficiaría a los turistas, pero, lo que es más importante, también beneficiaría a los habitantes locales, que durante mucho tiempo han sufrido sistemas de salud deficientes.
Sin embargo, los beneficios de planificar la infraestructura teniendo en cuenta la resiliencia van mucho más allá de la mejora de la atención sanitaria. Según el Banco Mundial, el beneficio neto promedio de invertir en infraestructura más resiliente en los países de ingreso bajo y mediano sería de 4,2 billones de dólares, con 4 dólares de beneficio por cada 1 dólar invertido. En los Países Bajos, el plan “Espacio para el río” ayudó a la ciudad de Nimega a mejorar la gestión del agua mediante una reconsideración radical del diseño tradicional de control de inundaciones. En lugar de construir diques más altos para contener las aguas fluviales crecidas, los diseñadores los retiraron y aumentaron el espacio para que el río fluyera, permitiendo que la naturaleza controlara el flujo del agua. Esto preservó tanto la vida urbana como la integridad natural. El programa se considera tan exitoso que representantes de Bangladés, China, Filipinas y Vietnam han visitado los Países Bajos para conocer cómo puede aplicarse en sus países.
Construir mejores destinos
Caracterizadas por culturas diversas, impresionantes activos naturales y ciudades vibrantes, América Latina y el Caribe tienen mucho que ofrecer a los turistas de dentro y fuera de la región. Mejorar la infraestructura no solo ayudará a que más personas viajen a América Latina y dentro de ella, sino que también sentará las bases para un éxito económico a largo plazo.
Cuando termine la crisis de la COVID, el mundo tendrá la oportunidad de reconstruir mejor. Los países que aprovechen esa oportunidad no solo brindarán experiencias positivas a los visitantes, sino que también ofrecerán futuros sostenibles, inclusivos y prósperos para los ciudadanos.
