Los servicios de movilidad compartida tienen el potencial de reducir drásticamente los niveles de congestión y contaminación en nuestras ciudades.
Para obtener el máximo beneficio, estos servicios deben integrarse con los sistemas de transporte público.
La tecnología necesaria para lograrlo ya existe.
Los defensores de la movilidad autónoma esperan con ansias el día en que los vehículos autónomos compartidos de cero emisiones presten servicios que reduzcan drásticamente la congestión y la contaminación urbanas. Pero, a medida que el despliegue masivo de vehículos autónomos parece cada vez más lejano, es importante señalar que no tenemos que esperar a la autonomía para lograr muchas de las eficiencias que puede aportar la movilidad compartida.
La tecnología de optimización de trayectos que puede hacer funcionar el transporte compartido ya existe, tanto si el vehículo lo conduce un ordenador como si lo conduce una persona. Un ejemplo de ello es un proyecto para hacer más eficientes los autobuses escolares públicos de Boston. ¿Qué nos puede enseñar el humilde autobús escolar amarillo sobre el transporte urbano eficiente? Mucho, como resulta.
Aprender de las escuelas
En 2019, el distrito escolar público de Boston organizó un concurso para encontrar una solución que permitiera trasladar mejor a sus 25.000 estudiantes a más de 200 escuelas repartidas en 20 códigos postales. Los padres pueden elegir la escuela de sus hijos, por lo que los patrones de transporte son irregulares. Para complicar aún más las cosas, las escuelas de Boston tienen horarios de inicio diferentes. El transporte de los alumnos costaba al distrito $2.000 por estudiante, es decir, el 10% de su presupuesto.
Investigadores del Centro de Investigación de Operaciones del MIT afrontaron el reto. Desarrollaron un algoritmo capaz de procesar simultáneamente todas las necesidades de viaje, en lugar de optimizar el servicio de cada escuela de forma independiente, una por una. Al optimizar toda la red, con el nuevo horario, algunos autobuses dejaban a los alumnos en varias escuelas. En resumen, el algoritmo permitió al distrito eliminar 50 autobuses, más de un millón de millas de recorrido y 9.000 kg de emisiones de CO2 al día. Los tiempos de trayecto y las distancias a pie de los alumnos no se vieron afectados. Y el distrito dispone ahora de un ahorro de $5 millones al año para invertir en programas educativos.
Compartir el futuro
Muchos, entre ellos yo, han defendido que el futuro del transporte urbano es eléctrico, autónomo y compartido. Sigo creyendo que esto es cierto. Pero la verdadera clave para reducir el tráfico y la contaminación es compartir, y no tenemos que esperar a la adopción generalizada de vehículos eléctricos o autónomos para lograr avances significativos en eficiencia que saquen los coches y sus emisiones de las calles de las ciudades.
Varios estudios han concluido que los vehículos autónomos compartidos pueden mejorar drásticamente el tráfico:
· Un estudio del Foro Internacional del Transporte (FIT) sobre el tráfico en Lisboa concluyó que los coches autónomos compartidos combinados con el sistema de transporte público existente podrían reducir el tráfico en un 90%, con un tiempo máximo de espera de cinco minutos.
· Una simulación de la Universidad de Texas sobre el tráfico en Austin concluyó que un vehículo autónomo compartido podría hacer el trabajo de nueve vehículos privados, con tiempos de trayecto adicionales de dos a cinco minutos.
· Un estudio sobre el tráfico en Oslo realizado por el Grupo PTV concluyó que los vehículos autónomos compartidos podrían satisfacer las necesidades de la hora punta de la ciudad con solo el 7% de los vehículos actuales, y que combinar los servicios con el transporte público reduciría los tiempos de viaje una media de 11 minutos.
Si se sustituyen los vehículos autónomos que reciben instrucciones de un ordenador por vehículos conducidos por personas que reciben instrucciones a través de la aplicación móvil del conductor, se pueden obtener los mismos resultados, aunque hoy con coches de combustibles fósiles. Pero reducir el número de vehículos en las calles hasta en un 90% permitiría reducciones proporcionales de las emisiones.
Beneficios públicos
Un factor clave para el éxito de estos modelos es la integración de los servicios con el transporte público. El otro lado de la moneda sería utilizar los servicios compartidos en lugar del transporte público, lo que probablemente empeoraría la congestión. El transporte compartido integrado con el transporte público masivo tendría que ser impuesto por las ciudades, en lugar de implantarse sin control, que es como se introdujeron los servicios de viaje compartido entre particulares. Sin regulación ni integración, estos servicios han empeorado drásticamente el tráfico en la mayoría de las grandes ciudades.
Orquestar el éxito
Los analistas de Accenture publicaron recientemente un informe en el que piden a las ciudades que tomen la iniciativa en la creación de ecosistemas de movilidad coordinados y “orquestados”. Limitar los servicios compartidos a las rutas que conectan a las personas con el transporte masivo sería una forma de desplegar ahora servicios con conductor humano y prepararse para los servicios sin conductor en el futuro. Los servicios y los horarios pueden vincularse en el backend, y los operadores pueden, por ejemplo, enviar automáticamente más vehículos compartidos a una estación de tren cuando el tren lleva más pasajeros de lo habitual; o los coches pueden esperar a un tren que llega con retraso.
Orquestar grandes flotas y procesar grandes volúmenes de solicitudes de viaje de forma simultánea y en tiempo real, así como despachar vehículos y agrupar las solicitudes de viaje de la forma más eficiente posible, son procesos extremadamente complejos. Esta complejidad aumenta porque la mayoría de los entornos urbanos cambian constantemente. El tráfico, el clima, los eventos especiales, las obras y otras condiciones pueden afectar a los tiempos de viaje y de espera.
Gestionar el espacio
Gestionar la congestión y la movilidad urbanas se reduce a gestionar el espacio. Las ciudades se caracterizan por espacios residenciales, comerciales y de transporte restringidos. Los automóviles privados son el uso menos eficiente del espacio de transporte, mientras que el transporte masivo representa el uso más eficiente. Sacar a más personas de los coches privados y llevarlas a rutas de conexión compartidas hacia y desde los medios de transporte masivo es la forma más prometedora de reducir el tráfico de automóviles. Los modelos informáticos demuestran que puede lograrse, y no necesitamos la autonomía para obtener los beneficios de la movilidad compartida. Con la crisis climática cada día más aguda, podemos y debemos empezar a implantar la movilidad compartida ahora.

