¿Cómo está cambiando la COVID-19 los aeropuertos?

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  • El tráfico de pasajeros aéreos cayó un 98 % en abril cuando golpeó la pandemia.

  • La crisis ha acelerado la adopción de tecnologías como las pruebas biométricas.

  • Es probable que la COVID-19 impulse cambios duraderos en el diseño de los aeropuertos.

La COVID-19 ha causado enormes daños al sector de la aviación, que antes prosperaba en todo el mundo. El número de pasajeros se ha desplomado y muchas aerolíneas han advertido que quizá no sobrevivan si la pandemia se prolonga mucho más.

Los aeropuertos tampoco se han librado. Corporación América Airports, que opera 52 aeropuertos en todo el mundo, incluido el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en Argentina, afirmó que la combinación de restricciones y prohibiciones de vuelos provocó una caída del 98 % del tráfico de pasajeros en abril. «Esta es la peor perturbación que ha sufrido esta industria desde que se popularizó hace 50 años», afirmó Martin Eurnekian, director ejecutivo de Corporación América Airports, durante una sesión sobre cómo reconstruir los viajes y el turismo celebrada esta semana en la Cumbre de Impacto sobre el Desarrollo Sostenible del Foro Económico Mundial.

La COVID-19 ha sido la Image: IATA

Pero, pese al panorama sombrío, Eurnekian cree que la pandemia probablemente tendrá un impacto positivo duradero en su sector, al obligar a los aeropuertos a adoptar rápidamente mejores características de diseño y tecnología cuya implementación podría haber tardado años si no hubiera surgido la COVID-19. «Del mismo modo que estas tendencias se aceleraron durante la pandemia en otros aspectos de la vida, creo que veremos lo mismo en los aeropuertos», afirmó.

Los sistemas biométricos, que suelen utilizar el reconocimiento facial para identificar a los pasajeros, siempre han prometido agilizar el registro, desde la acera hasta la puerta de embarque. Esta tecnología también reduce drásticamente la necesidad de interacción entre pasajeros y la posibilidad de tocar superficies que podrían contener el virus, como las pantallas de los quioscos de registro. Cada vez más, los aeropuertos «utilizan tecnología biométrica para gestionar todo el flujo de pasajeros, desde que se entra al aeropuerto hasta que se sube al avión, y así exigir que se toquen menos cosas, que se interactúe menos con otras personas y poder ofrecer el distanciamiento social necesario», afirmó Eurnekian.

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Los sistemas automatizados de inspección, que eliminan la necesidad de cachear a los pasajeros y revisar su equipaje de mano, también pueden acortar los tiempos de registro. Por ejemplo, los fabricantes de uno de estos sistemas, utilizado en el Aeropuerto Internacional de Oakland, en Estados Unidos, afirman que puede inspeccionar hasta 800 personas por hora.

También es probable que los aeropuertos sean lugares mucho más limpios, a medida que los operadores respondan a los nuevos hábitos de higiene de los pasajeros. Esto incluirá la instalación de más estaciones de desinfección. «No les basta con que les digamos que lo desinfectamos todo y cambiamos los protocolos para que estén seguros. Quieren poder hacerlo por sí mismos», afirmó Eurnekian. «Quieren tener a mano materiales de limpieza y toallitas en el aeropuerto para limpiar las superficies a su alrededor y tener la confianza que necesitan».

Puedes ver la sesión completa a continuación.

Los diseñadores también han empezado a imaginar cómo pueden adaptarse los aeropuertos a las realidades de viajar durante la COVID-19 sin recurrir necesariamente a tecnología nueva, sofisticada y costosa. «[El diseño aeroportuario] se centrará más en el uso eficiente del espacio disponible tanto en la zona aeronáutica como en la zona pública de las terminales, para que podamos mejorar el aprovechamiento de áreas de alta densidad, como las salas de espera y las zonas de asientos de los locales comerciales», afirmó Scott Gorenc, director de diseño del estudio de aviación de Corgan, en una entrevista publicada por AirportTechnology este mes.

Gorenc explicó al medio especializado que hay que animar a los pasajeros a alejarse de las puertas de embarque y las salas de espera mediante la creación de servicios singulares. Citó el acuario del aeropuerto de Vancouver como un buen ejemplo. Pero también podrían ayudar a distribuir mejor a los pasajeros opciones más sencillas, como asientos tipo salón o tiendas temporales.

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