Estamos en deuda con el planeta y la situación no hace más que empeorar

A photo taken by Expedition 46 flight engineer Tim Peake of the European Space Agency (ESA) aboard the International Space Station shows Italy, the Alps, and the Mediterranean on January, 25, 2016. REUTERS/NASA/Tim Peake/Handout ATTENTION EDITORS - FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. THIS PICTURE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. REUTERS IS UNABLE TO INDEPENDENTLY VERIFY THE AUTHENTICITY, CONTENT, LOCATION OR DATE OF THIS IMAGE. THIS PICTURE IS DISTRIBUTED EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS
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Endeudarse con la naturaleza es peligroso. Cuando agotamos nuestras reservas de agua, tierra y aire limpio, no tenemos un segundo planeta al que pedirle prestado. Pero ese es precisamente el rumbo que está tomando la Tierra. El 1 de agosto de 2018 se celebra un acontecimiento anual, «Día de la Sobrecapacidad de la Tierra»: el día en que se agotan los recursos naturales que el planeta puede regenerar en un año. Esta es la fecha más temprana en que se ha alcanzado el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra.

Uno de los principales factores que llevan al planeta al límite es nuestro sistema alimentario. Así es como los seres humanos cultivan, producen, transportan y consumen alimentos. Tal como funcionan actualmente, estos sistemas contribuyen negativamente al cambio climático y la deforestación; comprometen las reservas de agua dulce y reducen rápidamente la biodiversidad.

Image: CCAFS

Es necesario transformar los sistemas alimentarios para producir alimentos más nutritivos con una menor huella ambiental. En todo el mundo hay varias iniciativas que trabajan con ese fin. Estas son solo cinco que aplican distintas disciplinas científicas —desde métodos inteligentes para la cría de ganado y el cultivo hasta el reciclaje de aguas residuales— y que podrían ayudar a la humanidad a saldar su creciente deuda con el planeta.

Soluciones inteligentes

Reducir las emisiones de los animales: Después de los sectores de la energía y el transporte, el sistema alimentario es uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero; representa aproximadamente una cuarta parte de las emisiones totales.

La cría de ganado para obtener carne y productos lácteos representa el 14,5 %, principalmente por el metano que emiten los animales. La investigación respaldada por el Instituto Internacional de Investigación Ganadera ya está en marcha para identificar vacas que produzcan menos emisiones de metano.

Después, estos animales pueden cruzarse de forma natural con el resto de la población. Se espera que esto reduzca entre un 5 y un 20 % las emisiones asociadas al ganado bovino.

Recuperar alimentos olvidados: Tan solo doce cultivos y cinco especies animales proporcionan el 75 % de los alimentos del mundo. Se estima que 940 especies de plantas cultivadas corren el riesgo de desaparecer.

Sin embargo, hay muchos alimentos olvidados que pueden producirse de forma sostenible, son resistentes al cambio climático y están repletos de nutrientes. Por ejemplo, la berenjena africana, de color rojo anaranjado, tiene hojas con un contenido muy alto de calcio, hierro y betacaroteno (que el organismo convierte en vitamina A).

Tiene sentido recurrir a estas joyas nutritivas desatendidas para satisfacer las necesidades alimentarias del mundo. En el Consorcio Africano de Cultivos Huérfanos, albergado por el Centro Mundial de Agroforestería, los científicos utilizan técnicas de mejora genética para aumentar la resiliencia y la calidad nutricional de cultivos infrautilizados.

Cultivar con precisión: El nitrógeno, el fósforo y el potasio son nutrientes esenciales para que prosperen los cultivos alimentarios. Sin embargo, el exceso de escorrentía de estos fertilizantes está sobrepasando los límites de sustancias químicas que pueden llegar al medio ambiente sin causar daños. Un estudio realizado para el Programa de Investigación del CGIAR sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria en una región productora de trigo de México demostró que una aplicación más precisa de nitrógeno reduce significativamente las emisiones y la escorrentía asociadas, sin afectar el rendimiento.

Los investigadores han estudiado y promovido prácticas de gestión que ayudan a los agricultores a utilizar los fertilizantes con mayor eficiencia y a tener en cuenta el nitrógeno disponible en el suelo y las condiciones meteorológicas. Se puso a prueba la capacidad de dispositivos portátiles de detección, que evalúan las necesidades de nitrógeno de las plantas, para recomendar a los agricultores las dosis óptimas de fertilizante. En 2017 y 2018, agricultores mexicanos del valle del Yaqui utilizaron dispositivos de detección similares montados en drones para recibir recomendaciones sobre cultivos de trigo que ocupaban más de 1.000 acres.

Vigilar la deforestación desde el cielo: Se estima que, entre 2000 y 2010, la agricultura fue responsable del 80 % de la deforestación mundial.

La producción de aceite de palma, presente en productos que van desde el pan hasta el helado, es una de las principales causas de deforestación, sobre todo en los países ecuatoriales. En estos países, los agricultores suelen despejar terrenos para plantar palmas aceiteras.

Pero un mapa completamente nuevo del Centro de Investigación Forestal Internacional permite ahora rastrear prácticas insostenibles. Una herramienta vinculada al mapa, conocida como «Atlas de Borneo», utiliza imágenes satelitales que se actualizan periódicamente para mostrar el impacto de las 467 plantas extractoras de aceite de palma de la isla en las zonas boscosas cercanas, así como cualquier expansión de las plantaciones existentes.

La idea es que esta mayor transparencia ayude a los comerciantes a eliminar con el tiempo las prácticas insostenibles de sus cadenas de suministro.

Reciclar las aguas residuales: Aproximadamente el 84 % de los recursos mundiales de agua dulce se utilizan en la agricultura. Para 2030, se prevé que la demanda de agua destinada únicamente a la agricultura supere la oferta disponible, incluso antes de satisfacer las necesidades domésticas de agua.

Sin embargo, más de la mitad del agua dulce del mundo se convierte en aguas residuales inutilizables. El Instituto Internacional de Gestión del Agua ha analizado 24 posibilidades para aprovechar esa agua desperdiciada y generar ingresos al mismo tiempo.

En Bangladés, por ejemplo, se utilizaron aguas residuales de un complejo hospitalario que, de otro modo, habrían desembocado en un río cercano para crear alimento rico en proteínas destinado a la cría de peces. La venta de los peces permitió recuperar fácilmente el costo del sistema, lo que supuso un doble beneficio para la empresa y para la seguridad alimentaria de la zona.

Saldar nuestra deuda

Los cobradores de deudas dan miedo, y la naturaleza no es diferente. Pero, como revelan estos proyectos —y cientos de otros que científicos llevan a cabo en todo el mundo—, los seres humanos no están indefensos. Se puede hacer mucho para que los sistemas alimentarios sean más sostenibles y saldar nuestra deuda con el planeta.

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