Muchos lectores conocerán la cadena de bloques como la tecnología subyacente desarrollada para Bitcoin, una criptomoneda. Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, ofrece este resumen en su libro sobre la Cuarta Revolución Industrial: «En esencia, la cadena de bloques es un registro compartido, programable y protegido criptográficamente, y por lo tanto fiable, que ningún usuario controla por sí solo y que cualquiera puede inspeccionar».
La cadena de bloques tiene el potencial de convertirse en una poderosa fuerza disruptiva. Una encuesta a 800 ejecutivos, incluida en el mismo libro, indica que el 58% cree que hasta el 10% del PIB mundial se almacenará mediante esta tecnología.
La tecnología de cadena de bloques puede ofrecer varias características importantes que podrían aprovecharse en la economía creativa:
Las transacciones se verifican y aprueban por consenso entre los participantes de la red, lo que dificulta el fraude.
Se hace un seguimiento de toda la cronología de los acontecimientos (por ejemplo, las transacciones), lo que permite a cualquiera rastrear o auditar las transacciones anteriores.
La tecnología funciona en una plataforma distribuida, en lugar de centralizada, y cada participante tiene acceso exactamente a los mismos registros del libro mayor. Así, los participantes pueden incorporarse o retirarse cuando quieran y la red ofrece resistencia frente a los ataques.
Las implicaciones de estas características van mucho más allá del uso original de la cadena de bloques en las transacciones financieras. En teoría, cualquier transacción, ciclo de vida de un producto, flujo de trabajo o cadena de suministro podría utilizar cadenas de bloques.
Un modelo de cadena de bloques centrado en los artistas
En la economía creativa, la cadena de bloques puede redefinir la forma en que se remunera a los artistas al servir de plataforma para que los creadores de propiedad intelectual reciban valor por su trabajo. Una queja habitual de los artistas es que, a medida que las organizaciones de derechos de interpretación y nuevos intermediarios como YouTube y Spotify se insertan cada vez más en la cadena de valor entre los artistas y su público, los artistas reciben una porción menor de los ingresos y tienen menos voz en cómo se fijan los precios de sus obras, cómo se comparten o cómo se promocionan. Por ejemplo, en Spotify se necesitan entre 120 y 170 reproducciones para que los titulares de derechos reciban su primer céntimo.
«Hoy en día, cuando alguien quiere pagar por el derecho a interpretar una canción en un concierto o a incluirla en una película, esto genera bastantes fricciones en las transacciones y lleva tiempo», afirma Wences Casares, director ejecutivo de Xapo, uno de los mayores custodios de Bitcoin.
«La gente acaba haciéndolo sin pagar o no lo hace en absoluto».
«Es probable que [el trabajo creativo] en realidad valga mucho más, pero el problema es que se infravalora debido a todas las fricciones en las transacciones que vemos hoy».
Varias características de la cadena de bloques pueden servir de plataforma para abordar estos problemas. Las hemos presentado como «cinco fuerzas»:

Fuerza 1: facilitar los «contratos inteligentes»
Las cadenas de bloques pueden alojar «contratos inteligentes» para ayudar a los artistas a gestionar los derechos digitales y asignar partes de los ingresos a quienes contribuyen al proceso creativo. Estos contratos inteligentes podrían sustituir a los contratos convencionales, que pueden ser esotéricos y dejar a algunos artistas con poco poder sobre las condiciones aplicables al contenido que generan.
Las regalías podrían diseñarse de forma más inclusiva y ofrecer condiciones más justas a músicos, letristas y compositores: todas las partes interesadas que participan en el proceso creativo. PeerTracks es un ejemplo de servicio que permite a los artistas recibir de inmediato pagos de regalías y conservar la propiedad de su contenido. El servicio vincula un contrato inteligente a cada canción que sube un artista y reparte los ingresos de acuerdo con las condiciones estipuladas en el contrato.
Fuerza 2: establecer transacciones P2P transparentes
Uno de los mayores atractivos de la cadena de bloques es su carácter público. Todas las transacciones relacionadas con una obra creativa podrían verse y validarse, incluido quién accedió a ella y cuántos ingresos genera en cada momento. Esto permitirá a las partes interesadas comprender mejor el valor total de la obra creativa producida, todo ello en forma de un registro digital proporcionado por la cadena de bloques.
Además, la cadena de bloques permitirá saber con transparencia quién es el propietario del material creativo. Servicios como Ascribe.io ofrecen atribuir de forma segura la propiedad de obras creativas. El servicio asigna a cada obra creativa un identificador criptográfico único, verificado mediante la cadena de bloques. Esto permite rastrear la propiedad y compartir contenido creativo de forma segura.
Fuerza 3: promover una fijación de precios eficiente y dinámica
El contenido creativo puede tener un precio equivocado. Si se hace un seguimiento de la demanda de contenido creativo, los precios podrían ser más dinámicos y fluctuar según la oferta y la demanda. Además, los artistas podrían controlar los precios y fijarlos por sí mismos, sin tener que recurrir a una compleja red de intermediarios.
Como la cadena de bloques podría registrar quién ha recibido derechos de acceso a las obras creativas, esos datos podrían utilizarse para fijar sus precios de forma dinámica. Quizá lo más importante sea que, al estar más cerca de su obra creativa que antes, los artistas podrían tener más voz en la estrategia de precios y, por tanto, ofrecer descuentos en sus obras en determinados momentos.
Fuerza 4: permitir la «micromedición» o la «micromonetización»
iTunes y otras tiendas de música digital permiten a los consumidores comprar canciones individuales. Con la cadena de bloques, podrían ponerse a la venta fragmentos de obras creativas, por ejemplo, unos segundos de una canción para un tráiler de cine. Esta «micromedición» consiste en que la cadena de bloques registre los componentes precisos de la obra creativa que se utilizaron y defina la unidad de contenido creativo más pequeña que se puede consumir.
Esto podría tener enormes repercusiones: ¿por qué comprar partes innecesarias de material creativo? Ya hay servicios como Streamium, que están alterando el método tradicional de remunerar a los artistas a través de intermediarios al ofrecer servicios de pago por micromedición. En el ámbito de la publicidad, Brave permite a los usuarios de Internet pagar en bitcoins a los proveedores de contenido que apoyan a cambio de una experiencia sin anuncios.
«Permite a los usuarios apoyar a los creadores de contenido que elijan y reducir los anuncios no deseados», afirma Mike Belshe, cofundador y director ejecutivo de BitGo.
Fuerza 5: establecer un sistema de reputación
La cadena de bloques puede vincular reputaciones a «direcciones» específicas de la cadena, lo que permite que tanto los productores como los consumidores de contenido creativo se verifiquen mutuamente. Esto podría fomentar una colaboración más estrecha y un mejor comportamiento al promover condiciones de cooperación tanto para los creadores de contenido como para los consumidores. Las acciones de quienes incumplan repetidamente las condiciones de un contrato o intenten manipular el sistema quedarían registradas, lo que serviría para disuadir las malas prácticas.
Riesgos, desafíos y perspectivas
Pese a las ventajas que ofrece la cadena de bloques, la tecnología aún afronta varios desafíos. Para que su uso se generalice, será necesario encontrar soluciones a los problemas «fuera de la cadena», especialmente en los ámbitos empresarial, tecnológico y jurídico.
Problemas de licencias y desafío al statu quo: Aunque algunos artistas, como Zoe Keating e Imogen Heap, adoptan la cadena de bloques como una forma de publicar canciones con mayor control sobre las condiciones de su obra creativa, los artistas preparados para usar la cadena de bloques siguen siendo una pequeña minoría. Aún no está claro qué proporción de artistas bastaría para alterar el statu quo, en el que distribuidores, discográficas y otros intermediarios han establecido las condiciones, incluidas las estipulaciones sobre pagos y uso.
Promoción de los artistas: Aunque la cadena de bloques puede dar a los creadores mayor voz y participación en los ingresos generados por su contenido creativo, sigue sin saberse hasta qué punto pueden comercializarlo y promocionarlo sin la ayuda de agentes tradicionales, ya sean editoriales o compañías discográficas. Existe la preocupación de que la autopublicación o la autopromoción del material pueda, de hecho, reducir los ingresos de algunos artistas que, de otro modo, se beneficiarían del apoyo de los agentes.
Almacenamiento «en la cadena» frente a «fuera de la cadena»: Sigue sin saberse dónde se almacenarán los medios creativos: ¿en la propia cadena de bloques, como metadatos o en forma de claves de acceso? La tecnología actual puede limitar la posibilidad de guardar contenido creativo directamente en la cadena de bloques; almacenar solo los metadatos del contenido creativo plantea dudas sobre dónde se guardarán realmente los datos creativos y cómo se difundirán.
Metodología para la micromedición y la micromonetización: Bitcoin no se diseñó originalmente para admitir micropagos, por lo que requiere una «capa» fuera de la cadena que gestione los pagos.
Marcos de propiedad intelectual (PI): Los gobiernos y los consorcios de derechos de PI deberán definir marcos jurídicos que reconozcan las transacciones realizadas mediante la cadena de bloques. Aunque esta tecnología permite llevar un registro del titular de la propiedad, quizá aún debamos recurrir a mecanismos tradicionales para hacer valer los derechos de los propietarios, especialmente cuando no se cumplen los contratos.
Gobernanza y permisos: También cabe preguntarse si la cadena de bloques de la economía creativa debería ser pública o privada. Si se opta por una cadena pública, los datos almacenados en ella serán, por definición, accesibles para todos los participantes de la red. Esto podría plantear problemas de PI si el contenido creativo se almacena directamente en la cadena de bloques.
Por otro lado, si se elige una cadena de bloques privada, persistirán los problemas de gobernanza, en particular los relativos a los derechos de acceso. En ese escenario, una pregunta importante es quién financiará el nuevo sistema. Si la infraestructura la desarrollan agentes tradicionales, como las discográficas, es posible que cambie poco la forma en que se remunera a los artistas.
«Debemos desarrollar software que permita a los artistas registrar directamente en la cadena de bloques las características digitales de sus obras», afirma el Dr. Kenji Saito, profesor de cadena de bloques en la Universidad de Keio.
«De lo contrario, será difícil prescindir del consorcio tradicional de titulares de derechos de propiedad».
Definir el valor del trabajo creativo
Aunque la cadena de bloques podría permitir una fijación de precios más transparente y dinámica, los mecanismos basados exclusivamente en la demanda del mercado podrían pasar por alto los matices de cómo también se valoran las obras creativas por su importancia cultural, social o política. Esto podría llevar a una mercantilización aún mayor de las obras creativas. Está por ver cómo puede la cadena de bloques atribuir digitalmente esos matices a las obras creativas.
La cadena de bloques tiene un enorme potencial para derribar barreras y propiciar una mayor eficiencia, más rendición de cuentas, menores costos y una mejor remuneración para los artistas. Sin embargo, para aprovechar estas ventajas, la tecnología deberá desarrollarse de forma responsable y dentro de los marcos regulatorios adecuados.
«Debemos financiar centros de especialización en tecnología de cadena de bloques que abarquen organismos y funciones, desarrollar el talento necesario para comprenderla y alentar a los reguladores a cocrear soluciones basadas en ella», afirma Brian Behlendorf, director ejecutivo del Proyecto Hyperledger de la Fundación Linux.
Esto es parte de una serie de artículos sobre los efectos disruptivos de varias tecnologías (realidad virtual/aumentada, inteligencia artificial y cadena de bloques) en la economía creativa. El autor desea agradecer sus aportaciones expertas a Brian Behlendorf, director ejecutivo del Proyecto Hyperledger de la Fundación Linux; Mike Belshe, cofundador y director ejecutivo de BitGo; Wences Casares, director ejecutivo y fundador de Xapo; y Kenji Saito, profesor de la Facultad de Estudios Ambientales y de la Información de la Universidad de Keio; así como a los expertos de McKinsey & Company, en particular a Dan Singer, socio en Nueva York; Jonathan Dunn, socio en Nueva York; y Matt Higginson, socio en Boston, por sus aportaciones y comentarios sobre este artículo.
