Las mujeres que trabajan en los sistemas agroalimentarios tienden a desempeñar funciones marginales y a tener peores condiciones laborales que los hombres, según un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
También tienen menos acceso al crédito y a la formación, y deben trabajar con tecnologías diseñadas para los hombres. Estas desigualdades contribuyen a generar una brecha de productividad de género del 24 % entre mujeres y hombres en explotaciones de igual tamaño.
Abordar estas desigualdades ayudará a alcanzar los objetivos mundiales de erradicar la pobreza y crear un mundo libre de hambre, afirma QU Dongyu, director general de la FAO.
Abordar las desigualdades de género en los sistemas agroalimentarios y empoderar a las mujeres reduce el hambre, impulsa la economía y refuerza la resiliencia ante crisis como el cambio climático y la pandemia de COVID-19, según revela un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La situación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios Este informe, el primero de su tipo desde 2010, va más allá de la agricultura para ofrecer una visión integral de la situación de las mujeres que trabajan en los sistemas agroalimentarios, desde la producción hasta la distribución y el consumo.
El informe señala que, a nivel mundial, el 36 % de las mujeres ocupadas trabaja en los sistemas agroalimentarios, frente al 38 % de los hombres ocupados. Sin embargo, las funciones de las mujeres tienden a ser marginales y es probable que sus condiciones laborales sean peores que las de los hombres: trabajos irregulares, informales, a tiempo parcial, poco cualificados o intensivos en mano de obra. Asimismo, las mujeres asalariadas en la agricultura ganan 82 centavos por cada dólar que ganan los hombres.
Las mujeres también tienen una tenencia de la tierra menos segura, menos acceso al crédito y a la formación, y deben trabajar con tecnologías diseñadas para los hombres. Junto con la discriminación, estas desigualdades generan una brecha de productividad de género del 24 % entre mujeres y hombres agricultores en explotaciones de igual tamaño.
Cabe destacar que el estudio subraya que, en muchos países, los sistemas agroalimentarios son una fuente de sustento más importante para las mujeres que para los hombres. Por ejemplo, en África subsahariana, el 66 % del empleo femenino se concentra en este sector, frente al 60 % del masculino. En Asia meridional, las mujeres trabajan de forma abrumadora en los sistemas agroalimentarios (el 71 % de las mujeres, frente al 47 % de los hombres), aunque hay menos mujeres que hombres en la fuerza laboral.
Beneficios socioeconómicos
«Si abordamos las desigualdades de género arraigadas en los sistemas agroalimentarios y empoderamos a las mujeres, el mundo dará un gran paso adelante en la consecución de los objetivos de erradicar la pobreza y crear un mundo libre de hambre», afirma QU Dongyu, director general de la FAO, en el prólogo del informe.
De hecho, el estudio explica que cerrar la brecha de género en la productividad agrícola y la brecha salarial en el empleo agrícola aumentaría el producto interior bruto mundial en casi 1 billón de dólares y reduciría en 45 millones el número de personas con inseguridad alimentaria.
Del mismo modo, los beneficios de los proyectos que empoderan a las mujeres son superiores a los de aquellos que solo incorporan la perspectiva de género de forma transversal. Los autores explican que, si la mitad de los pequeños productores se beneficiara de intervenciones de desarrollo centradas en el empoderamiento de las mujeres, se incrementarían significativamente los ingresos de 58 millones de personas adicionales y se aumentaría la resiliencia de otros 235 millones.
«Los sistemas agroalimentarios eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles dependen del empoderamiento de todas las mujeres y de la igualdad de género. Las mujeres siempre han trabajado en los sistemas agroalimentarios. Es hora de que hagamos que los sistemas agroalimentarios funcionen para las mujeres», añade Qu.
Desigualdad relacionada con el clima y las crisis económicas mundiales
El informe también indica que, cuando las economías se contraen, los empleos de las mujeres son los primeros en perderse. A nivel mundial, el 22 % de las mujeres que trabajan en los segmentos «no agrícolas» de los sistemas agroalimentarios perdieron su empleo durante el primer año de la pandemia de COVID-19, frente al 2 % de los hombres.
La inseguridad alimentaria de las mujeres también aumentó más rápidamente durante la pandemia, y ellas tuvieron que asumir más responsabilidades de cuidado, lo que a menudo provocó que las niñas faltaran más a la escuela que los niños. La violencia de género también aumentó, especialmente la violencia doméstica contra mujeres y niñas.
El estudio confirma además que las mujeres son más vulnerables a las crisis climáticas y a los desastres naturales, ya que las limitaciones de recursos y las normas de género discriminatorias pueden dificultarles la adaptación. Por ejemplo, la carga de trabajo de las mujeres, incluidas las horas trabajadas en la agricultura, tiende a disminuir menos que la de los hombres durante crisis climáticas como el estrés térmico.
Progreso lento
Si bien se han logrado algunos avances en la reducción de las brechas de género en el acceso digital y financiero, una década después de el último informe de la FAO, el progreso en la reducción de la mayoría de las brechas de género se ha estancado o revertido, lo que obstaculiza las mejoras en aspectos que van desde la nutrición hasta el desarrollo infantil temprano, pasando por los ingresos y el acceso a empleos de calidad.
Además, las desigualdades en los sistemas agroalimentarios frenan a las mujeres en todos los niveles y en todas las funciones. Las mujeres carecen de acceso a la formación, al crédito y a herramientas fundamentales, entre ellas la tierra, los fertilizantes y los sistemas de riego, que les permitirían empoderarse y hacer una contribución en igualdad de condiciones.
Los autores subrayan que, aunque el grado en que los marcos de políticas nacionales abordan las cuestiones de género ha mejorado en la última década, la desigualdad de género en los sistemas agroalimentarios persiste en parte porque las políticas, las instituciones y las normas sociales discriminatorias siguen limitando la igualdad de oportunidades y de derechos en el acceso a los recursos.
Recomendaciones
En conjunto, el informe concluye que reducir las desigualdades de género en los medios de vida, mejorar el acceso a los recursos y promover la resiliencia es una vía fundamental hacia la igualdad de género, el empoderamiento de las mujeres y unos sistemas agroalimentarios más justos y sostenibles.
Esto incluye cerrar las brechas relacionadas con el acceso a activos, tecnología y recursos. El estudio muestra que las intervenciones para mejorar la productividad de las mujeres tienen éxito cuando abordan la carga de los cuidados y del trabajo doméstico no remunerado, ofrecen educación y formación, y refuerzan la seguridad de la tenencia de la tierra.
El acceso a los servicios de cuidado infantil también tiene un gran efecto positivo en el empleo de las madres, mientras que se ha demostrado que los programas de protección social aumentan el empleo y la resiliencia de las mujeres.
El informe indica además que los enfoques transformadores de género son prometedores para cambiar las normas discriminatorias y son rentables, con altos rendimientos.
Por último, los autores recomiendan abordar la persistente falta de datos de alta calidad desagregados por sexo, edad y otras formas de diferenciación social y económica, lo cual es fundamental para supervisar y acelerar los avances hacia la igualdad de género en los sistemas agroalimentarios.
Otras conclusiones clave
• Los hombres tienen una mayor titularidad o derechos de tenencia seguros sobre la tierra agrícola que las mujeres en 40 de los 46 países que informan sobre el indicador 5.a.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
• La brecha de género en el acceso de las mujeres a internet móvil en los países de ingreso bajo y mediano se redujo del 25 % al 16 % entre 2017 y 2021, y la brecha de género en el acceso a cuentas bancarias se redujo de 9 puntos porcentuales a 6 puntos porcentuales.
• La brecha en inseguridad alimentaria entre hombres y mujeres aumentó de 1,7 puntos porcentuales en 2019 a 4,3 puntos porcentuales en 2021.
• Si bien el 75 % de los documentos de política relativos a la agricultura y al desarrollo rural de 68 países reconocen el papel de las mujeres y/o los desafíos de las mujeres en la agricultura y el desarrollo rural, solo el 19 % incluye objetivos de política relacionados con el género.
