Alemania está convirtiendo sus antiguas minas en destinos turísticos

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A los pies de las montañas, rodeado de vegetación y salpicado de animadas cafeterías, el Distrito de los Lagos de Lusacia, en Alemania, puede dar a sus visitantes pocas pistas sobre el paisaje devastado que yace bajo sus tranquilas aguas.

Hace treinta años, los pueblos que hoy son tranquilos convivían con el ruido y el polvo de una gran mina de carbón.

En su apogeo, las minas de Lusacia daban trabajo a miles de personas. Se excavaron numerosas minas a cielo abierto para extraer lignito —una forma de carbón de baja calidad— y alimentar las centrales eléctricas de Alemania. Muchos vecinos tuvieron que marcharse mientras se removía la tierra para acceder a los recursos naturales: 26.0000 personas fueron reubicadas para dar paso a las minas.

Sin embargo, con la reunificación de Alemania, la mayoría de las minas cerraron. El antiguo emplazamiento industrial cayó en decadencia. Y el paisaje dañado era una fuente de contaminación.

Ahora, una importante inversión en la región ha creado el mayor complejo de lagos artificiales de Europa. A una hora y media al sureste de Berlín, la zona atrae hoy a cientos de miles de turistas al año.

Cómo ha cambiado el uso del suelo en la región minera de Lusacia.Image: Vattenfall

Más de 20 lagos están conectados por una red de rutas ciclistas y ofrecen espacios para practicar deportes acuáticos, montar a caballo, ir en quad, pescar y bucear. Hay cafeterías, restaurantes y hoteles.

Se han plantado millones de árboles para recuperar grandes bosques, y se han creado muchas hectáreas de tierras agrícolas en antiguos vertederos mineros. También hay incluso viñedos.

Los turistas pueden visitar antiguas minas, que la fauna silvestre va recuperando poco a poco, y una antigua central eléctrica alberga ahora exposiciones de arte y un local de música.

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Un paisaje devastado

Pero, como el carbón todavía proporciona electricidad a muchos hogares alemanes, algunas minas de la región siguen activas. Además, una misión de investigación del Parlamento Europeo concluyó en 2018 que las cicatrices ambientales del pasado industrial de la región siguen siendo evidentes.

La transición energética de Alemania va tomando forma poco a poco.Image: Agencia Internacional de la Energía

Preocupa que las sustancias químicas que llegan a los ríos amenacen el suministro de agua potable de Berlín. Algunas zonas sufren sequía porque los niveles de las aguas subterráneas están bajando alrededor de las minas, y existe el riesgo de que los movimientos del terreno afecten a los edificios.

Los lodos tóxicos en los cursos de agua amenazan con acabar con peces e insectos y poner en peligro la conservación de la naturaleza.

Alemania planea cerrar su industria del carbón para 2038, un cambio que probablemente costará decenas de miles de millones de euros.

En los últimos años, las energías renovables han aumentado su participación en la generación eléctrica. La energía eólica fue la segunda fuente de energía más importante el año pasado y, durante la mayor parte del año, aportó más electricidad que el carbón de hulla o la energía nuclear, según el Instituto Fraunhofer, organismo de investigación en energía solar.

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