Un plátano modificado genéticamente podría mejorar la nutrición de millones de ugandeses y evitar miles de muertes gracias al trabajo pionero de un científico australiano.
El distinguido profesor James Dale, de la Universidad Tecnológica de Queensland (QUT), ha desarrollado un plátano «biofortificado»: una versión del fruto amarillo que contiene niveles más elevados de vitamina A.
Los plátanos son un alimento básico importante en la dieta de Uganda, donde una persona consume un promedio de 0,5 kg al día. Es popular una variedad que se cosecha verde, se cocina y luego se machaca; constituye una buena fuente de almidón, pero tiene niveles bajos de vitamina A y otros nutrientes, como el hierro.
Para hacerlos más nutritivos, el trabajo del profesor Dale consiste en extraer un gen específico de una especie de plátano común en Papúa Nueva Guinea, que ya es rica en esta vitamina, e insertarlo en las variedades que se cultivan habitualmente en Uganda y África Oriental.
El proyecto, fruto de más de una década de investigación, cuenta con el apoyo de 7,6 millones de dólares de la Fundación Bill y Melinda Gates y busca combatir los efectos de la deficiencia de vitamina A, que pueden incluir ceguera, debilitamiento del sistema inmunitario y muerte como consecuencia de una enfermedad. En Uganda más de un tercio de las mujeres y los niños tienen deficiencia de vitamina A, y la desnutrición es la causa subyacente del 60 % de las muertes de niños menores de cinco años en el país.
La modificación genética se realizó primero en plátanos Cavendish, y los ejemplares resultantes se cultivaron y cosecharon en Queensland. Algunos de estos frutos se enviaron a Estados Unidos para realizar pruebas en personas en 2014, y también se han llevado a cabo ensayos de campo en Uganda con la variedad de plátano de las tierras altas de África Oriental. El objetivo es que las autoridades y los organismos reguladores de Uganda aprueben el fruto antes de 2021; a partir de entonces, los agricultores podrían cultivarlo como cosecha y los consumidores comprarlo.
«Lograr estos resultados científicos y publicarlos es un hito importante en nuestra búsqueda de proporcionar una dieta más nutritiva a algunas de las comunidades de subsistencia más pobres de África», dijo Dale.
Aunque los plátanos modificados genéticamente tendrán la misma cáscara amarilla que los frutos convencionales, su pulpa será más anaranjada debido a su alto contenido de vitamina A. Según Dale, la misma tecnología podría aplicarse a los cultivos de plátano de otros países, como Ruanda, Kenia y Tanzania; también podría funcionar con otras variedades, como el plátano macho.
