Las medidas contundentes de Francia para combatir el desperdicio de alimentos, promover estilos de vida saludables y adoptar técnicas de agricultura ecológica le permitieron encabezar una clasificación de países publicada el martes, que evalúa la sostenibilidad de sus sistemas alimentarios.
Los Países Bajos, Canadá, Finlandia y Japón completaron los cinco primeros puestos, y Ruanda obtuvo la puntuación más alta entre los países de ingresos bajos en un índice de la Economist Intelligence Unit y la Fundación Barilla Center for Food & Nutrition.

China, Estados Unidos y Gran Bretaña no lograron entrar entre los 20 primeros de los 67 países evaluados en cuanto al desperdicio de alimentos, la agricultura sostenible, y la salud y la nutrición.
A escala mundial, se desperdicia un tercio de todos los alimentos producidos cada año, lo que supone una pérdida de casi 1 billón de dólares, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
Los críticos afirman que esto no solo es poco ético en un mundo donde aumentan los niveles de hambre, sino también perjudicial para el medio ambiente.
«Francia ha estado a la vanguardia de las políticas y medidas para reducir esas pérdidas», afirmó Martin Koehring, autor del índice.
El país aprobó en 2016 una ley que obliga a los supermercados a redistribuir los alimentos sobrantes entre organizaciones benéficas, como parte de un conjunto de propuestas contra el desperdicio de alimentos publicado en 2015.
Cada año, los consumidores de Francia desperdician 67,2 kg de alimentos por persona, frente a los 95,1 kg de Estados Unidos, los 87,1 kg de Bélgica y los 78,2 kg de Canadá, afirmó Koehring.
Francia también está impulsando una política de agroecología, que, según el Ministerio de Agricultura, «tiene como objetivo orientar la agricultura hacia la combinación del rendimiento económico, ambiental y social».
Según Koehring, el ministerio espera que para 2025 la mayoría de los agricultores franceses se adhieran a este concepto, que incluye prácticas como la rotación de cultivos para mejorar la fertilidad del suelo y reducir la dependencia de los fertilizantes químicos.
Francia está demostrando que «las mejoras en el rendimiento agrícola no deben producirse a costa de las condiciones ambientales y sociales», dijo a la Thomson Reuters Foundation.
Ruanda, pese a sus altos niveles de hambre, obtuvo una puntuación alta gracias a prácticas agrícolas más saludables y sostenibles.
China obtuvo una puntuación baja debido a las altas emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura.
Estados Unidos obtuvo malos resultados debido a una población con sobrepeso, poca actividad física y dietas con alto contenido de azúcar, carne, grasas saturadas y sodio.
Gran Bretaña registró altas emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura y también obtuvo malos resultados en la gestión del agua, afirmó Koehring.
Francia también encabezó el índice el año pasado.
