Los sistemas alimentarios no satisfacen las necesidades mundiales. Consumidores y agricultores pueden cambiarlo juntos

A farmer works in cabbage field while Egypt celebrates Farmers Day, amid concerns over the coronavirus disease (COVID-19), near Sharqia along the agricultural road which leads to Cairo, Egypt September 9, 2020. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh - RC28VI9XE235
A farmer works in cabbage in Egypt amid concerns over the coronavirus disease (COVID-19).Image: REUTERS/Amr Abdallah Dalsh
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  • Los sistemas alimentarios mundiales no satisfacen todas las necesidades de las personas ni del planeta.

  • Tener en cuenta las necesidades de consumidores y agricultores podría dar forma a un sistema más justo y resiliente.

Los sistemas alimentarios mundiales no satisfacen todas las necesidades de las personas ni del planeta. Actualmente, más de dos mil millones de personas en todo el mundo tienen sobrepeso u obesidad, más de 600 millones de personas enferman cada año por consumir alimentos no inocuos y una de cada nueve personas en el mundo sufre desnutrición. Además de los problemas de malnutrición e inocuidad, un tercio de los alimentos que se producen cada año en el mundo para el consumo humano —aproximadamente 1.300 millones de toneladas— se pierde o se desperdicia. El sistema alimentario está vinculado a otros efectos negativos, como el elevado consumo de energía y agua, la deforestación, los conflictos sociales, la migración y el cambio climático.

¿Y si replanteáramos los sistemas alimentarios desde la perspectiva de consumidores y agricultores para centrarnos más en las personas y el planeta? Cerca de 500 millones de agricultores familiares producen la mayor parte de los alimentos del mundo; sin embargo, son quienes más sufren la pobreza y quienes están más marginados de la toma de decisiones. Al mismo tiempo, podríamos facilitar que los 7.700 millones de consumidores del mundo den forma a un sistema más justo y resiliente, y cambiar patrones de consumo centenarios para que menos personas pasen hambre.

Aprovechar el poder de los consumidores

Los consumidores desempeñan un papel esencial y complejo en los sistemas alimentarios. Todas las personas consumen alimentos y tienen derechos en el mercado; además, los consumidores son ciudadanos, contribuyentes, trabajadores y padres.

Además, los consumidores no son meros receptores pasivos: pueden propiciar e impulsar cambios con su poder económico colectivo y cada vez exigen más transparencia y normas éticas más estrictas a los productores de alimentos. La protección y el empoderamiento de los consumidores son componentes clave para resolver estos desafíos, replantear los sistemas alimentarios para aprovechar de nuevas maneras el papel de los consumidores y atender mejor a las personas y al planeta.

En los hogares de bajos ingresos, la disponibilidad y el precio son los factores más importantes, mientras que en los hogares de ingresos medios cobran más importancia la nutrición y la salud. En las regiones más prósperas del mundo, los consumidores preguntan dónde, cómo y quién produjo los alimentos. Los líderes agrícolas han destacado las grandes variaciones y los rápidos cambios de la demanda, que a veces pueden resultar difíciles de seguir.

Para muchas personas, la pandemia de COVID-19 hizo más patente el vínculo entre nutrición y salud, así como la realidad de cómo se cultivan y distribuyen nuestros alimentos en todo el mundo. También mostró el rostro más cruel del hambre en las comunidades vulnerables.

El hambre en el mundo aumenta por tercer año consecutivoImage: Statista

Establecer nuevas prioridades conjuntas
Agricultores y consumidores se reunieron recientemente en un Diálogo sobre los sistemas alimentarios, para debatir y explorar opciones para transformar los sistemas alimentarios. El diálogo, celebrado en la Cumbre sobre el Impacto del Desarrollo Sostenible, organizada conjuntamente por Consumer International y el Foro Económico Mundial, definió prioridades comunes y un sentido compartido de responsabilidad entre ambas comunidades. Estas prioridades ayudan a trazar una hoja de ruta para impulsar cambios reales. Entre ellos se incluyen:

  • Replantear las políticas comerciales que influyen en lo que producimos y comemos, para que sean más integradas y holísticas.

  • Reajustar los incentivos para consumidores y agricultores a fin de orientar la demanda hacia productos nutritivos y respetuosos con el medio ambiente. Esto podría desencadenar una reacción en cadena en las políticas y los mercados, que permitiría a agricultores y empresas agroalimentarias adoptar prácticas distintas para atender las necesidades de salud y medio ambiente.

  • Adoptar un enfoque más coherente en el comercio minorista y el consumo, en el que los sectores de fabricación, procesamiento, venta minorista y restauración se consideren parte integral de la oferta de información que orienta las decisiones de los consumidores.

  • Rediseñar los enfoques para que sean más inclusivos desde la perspectiva de agricultores y consumidores, por ejemplo, acortando las cadenas de valor y fomentando la venta directa, y restableciendo el equilibrio de poder para hacer posibles los cambios que se avecinan.

Agricultores y consumidores también expresaron preocupaciones comunes sobre cuestiones como la inocuidad y la trazabilidad de los alimentos, la falta de transparencia en las cadenas de suministro y la distribución equitativa del valor, especialmente entre las comunidades agrícolas.

Como señaló el grupo, el cambio no será fácil. Los líderes sacaron a la luz tensiones reales del sistema que ya no se pueden ignorar. En cada etapa tendremos que hacer concesiones y coordinarnos: desde decidir qué, cómo y dónde cultivamos y consumimos alimentos hasta abordar el poder, la influencia, la salud y los medios de vida de las comunidades de agricultores y consumidores y su interacción con otros actores del sistema. También debemos pensar en cómo generar confianza, mejorar el flujo de información y respetar estas concesiones, que variarán de un lugar a otro.

Ya no se pueden ignorar las tensiones reales de los sistemas alimentarios.

Aunque el cambio será difícil, muchas personas son optimistas. En el evento de septiembre, representantes de agricultores y consumidores hicieron un llamamiento a derribar los compartimentos estancos. Invitaron a una cooperación más directa entre las comunidades agrícolas y de consumidores y señalaron el papel fundamental del pensamiento innovador, los modelos de negocio, las herramientas y las tecnologías para abrir nuevas oportunidades y abordar las principales concesiones.

Los Diálogos sobre los sistemas alimentarios (FSD) se pusieron en marcha en 2018 y han convocado a miles de líderes de 30 países para que diversos actores de distintos sectores de producción y consumo de alimentos se reúnan, debatan y exploren opciones para transformar los sistemas alimentarios. Con el objetivo de alcanzar un consenso sobre los sistemas alimentarios del futuro, cómo llegar a ellos y cómo sacar a la luz tensiones y concesiones, los FSD contribuirán de manera significativa el próximo año a la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios del Secretario General de las Naciones Unidas, con el fin de movilizar a una comunidad mundial en torno a la forma en que producimos y consumimos alimentos.

La reciente pandemia ha concienciado sobre problemas mundiales como el hambre y las deficiencias de los sistemas alimentarios, y ofrece una oportunidad única para impulsar el cambio. En este momento crucial, podemos apoyar a quienes producen y consumen alimentos y garantizar que sigan estando a la vanguardia en la búsqueda de soluciones.

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