Se prevé que la clase media mundial aumente en otros 1.800 millones de personas de aquí a 2030.
A medida que aumenta la demanda de alimentos, también crece la presión sobre los bosques debido a la deforestación impulsada por la producción de materias primas en las regiones tropicales.
Un informe destaca la necesidad de abordar la deforestación con soluciones que garanticen la seguridad alimentaria y el desarrollo económico.
Como madre de dos niños pequeños —uno de ellos nació hace apenas unos meses—, imaginar el mundo en el que vivirán puede resultar desalentador. He dedicado mi carrera a impulsar cadenas de suministro agrícolas sostenibles, buscando formas de ayudar a proteger nuestros recursos naturales, apoyar los medios de vida de quienes producen nuestros alimentos y garantizar que nadie pase hambre. Sin embargo, cuando miro las cifras más recientes sobre la pérdida de bosques tropicales y la seguridad alimentaria y los hallazgos del último Informe de Evaluación del IPCC, no parece que hayamos avanzado mucho.
A veces, puede parecer que estamos jugando al «juego del topo»: nos centramos tanto en resolver un problema que no consideramos las consecuencias imprevistas de nuestras acciones, que agravan otros problemas igual de apremiantes. Casi una de cada tres personas en el mundo sufre una inseguridad alimentaria moderada o grave. Podemos alimentarlas, pero eso amenaza algunos de los ecosistemas más valiosos y vulnerables del planeta. Podemos trabajar para eliminar la deforestación de las cadenas de suministro, pero esto puede excluir a los pequeños agricultores de los mercados mundiales que contribuyen a sus medios de vida.
En el informe Bosques, sistemas alimentarios y medios de vida publicado por la Alianza para los Bosques Tropicales, examinamos las tendencias mundiales y la dinámica de la oferta y la demanda de los principales productos básicos que se producen en los trópicos. El informe defiende la necesidad de abordar la deforestación en las regiones tropicales con soluciones sistémicas diseñadas para mejorar los medios de vida rurales, garantizar la seguridad alimentaria y apoyar el desarrollo económico, al tiempo que se mantienen en pie los bosques.
Los hechos son contundentes
A escala mundial, el consumo anual de alimentos y productos agrícolas aumentó alrededor de un 48 % entre 2001 y 2018, a un ritmo más del doble del crecimiento de la población humana. En los últimos 20 años, el consumo de proteínas per cápita aumentó un 45 %. Estas cifras reflejan avances positivos importantes. Desde 2001, 160 millones de personas han salido de la subalimentación y el número absoluto de personas subalimentadas en el mundo ha disminuido, incluso mientras crecía la población.

La producción agrícola ha sido un importante motor de las exportaciones y el empleo en muchos países con bosques tropicales. La soja es ahora el producto de exportación más valioso de Brasil, y alrededor de 16,3 millones de personas (el 12 % de la fuerza laboral total) trabajan en la industria del aceite de palma en Indonesia. Sin embargo, estas tendencias tienen consecuencias ambientales bien documentadas. Global Forest Watch (GFW) muestra que desde 2002 se han perdido más de 60 millones de hectáreas de bosque primario en los trópicos, una superficie equivalente a la de Francia; además, la gran mayoría —más del 80 %— de la deforestación tropical se produce en paisajes donde la agricultura es el principal factor impulsor.

Afrontar prioridades contrapuestas
De cara al futuro, se prevé que la clase media mundial siga creciendo en otros 1.800 millones de personas de aquí a 2030, y que este crecimiento económico continúe impulsando el aumento del consumo per cápita. Esto, sumado a que los países tropicales afrontan una reducción de su fuerza laboral agrícola de hasta 20 millones de personas para 2030, indica que seguir como hasta ahora no funcionará. Ni en lo relativo a los modelos de desarrollo rural ni en cuanto a los enfoques que hemos adoptado durante la última década para abordar estos problemas complejos.
Ya no podemos trabajar en compartimentos estancos: detener la deforestación impulsada por la producción de materias primas en un ámbito y abordar la seguridad alimentaria en otro.
Petra Tanos.
Ya no podemos trabajar en compartimentos estancos: detener la deforestación impulsada por la producción de materias primas en un ámbito y abordar la seguridad alimentaria en otro. Alimentar a una población creciente, proteger ecosistemas esenciales y sostener los medios de vida de las comunidades rurales son prioridades contrapuestas. Debemos afrontar las disyuntivas y mantener conversaciones difíciles y matizadas entre los distintos grupos de interés, en vez de tratar estos problemas por separado.
La necesidad de avances decisivos
Estas cuestiones interrelacionadas —la seguridad alimentaria, el desarrollo económico y la protección ambiental— son el pan de cada día de la Alianza para los Bosques Tropicales, que trabaja con empresas, gobiernos y sociedad civil para facilitar un diálogo capaz de generar las soluciones sistémicas necesarias para una transición sostenible de los sistemas alimentarios y del uso del suelo. El informe Bosques, sistemas alimentarios y medios de vida ofrece ideas para replantear el desafío de una manera que contribuya a profundizar el diálogo, la comprensión y los avances decisivos. Entre ellas:
Un enfoque de sistemas alimentarios ofrece perspectivas prometedoras. La deforestación impulsada por la producción de materias primas y la conversión de otros ecosistemas esenciales no pueden tratarse de forma aislada, como si fueran un problema ambiental o de la cadena de suministro, porque están en el centro de los desafíos que afrontan los sistemas alimentarios mundiales.
Mejorar los medios de vida rurales debe ocupar un lugar central en las soluciones y es fundamental movilizar financiación para crear incentivos que permitan a los agricultores conservar más mientras producen alimentos. La iniciativa Financiación innovadora para la Amazonía, el Cerrado y el Chaco es un buen ejemplo de cómo hacerlo.
Se necesitan medidas adaptadas tanto para la oferta como para la demanda con soluciones específicas diseñadas para cada producto básico y cada región.
La acción empresarial debe continuar con empresas líderes que eleven el listón mediante iniciativas ambiciosas tanto en cadenas de suministro individuales como en la transformación de todo el sector para contribuir a reducir la deforestación neta. Para ello, se necesita una mayor inversión en transparencia y mejoras en los marcos de datos colaborativos.
Es imprescindible innovar en las políticas y cuestionar los supuestos e incluir las voces de los productores. Dada la complejidad del problema, es crucial evitar políticas con consecuencias imprevistas, como ya hemos visto con el impacto de los mandatos sobre biocombustibles en el uso del suelo.
El problema que afrontamos no es solo un problema de «bosques», un desafío de «alimentación» o una cuestión de «medios de vida». El éxito solo puede lograrse mediante la acción colectiva y la colaboración, trabajando más allá de los compartimentos estancos, las fronteras geográficas, los sectores y los grupos de interés. En última instancia, todos estamos en el mismo equipo. Hay cientos de millones de personas que quieren un mundo donde nadie pase hambre, donde los agricultores prosperen y los árboles sigan en pie, por el bien de quienes estamos aquí y de quienes aún están por venir.
