Debemos redefinir nuestra relación con los alimentos: ¿cómo alimentaremos a una población más numerosa, más inteligente y en un mundo más cálido?

shelves of food crops inside a vertical farm
Vertical farms and other agri-tech could vastly boost food production.Image: Infarm/Ken Schluchtmann
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  • Se prevé que la población mundial alcance los 10.000 millones en 2050, por lo que urge encontrar mejores formas de producir y distribuir alimentos.

  • La tecnología agrícola está posibilitando nuevas formas de producir alimentos, desde la agricultura vertical hasta las proteínas alternativas y los sucedáneos de los productos lácteos.

  • Al redefinir nuestra relación con los alimentos, podemos crear una más sostenible tanto para el planeta como para las generaciones futuras.

La población mundial se duplicó en los últimos 50 años y llegará a los 10.000 millones en 2050 antes de empezar a estabilizarse. Pero en este mundo más cálido e inteligente, no se trata únicamente de cuántas personas debemos alimentar.

También cuenta cómo producimos y distribuimos nuestros alimentos mientras dañamos un planeta que ya está sometido a una presión extrema. Todo esto debe formar parte de nuestros cálculos.

El mundo necesita producir más alimentos que nunca

En primer lugar, sencillamente no tenemos suficiente tierra ni recursos para producir lo necesario. En los próximos 40 años debemos producir más alimentos que en los últimos 8.000 años, y el 50 % de las tierras habitables del mundo ya se destina a la agricultura.

En segundo lugar, el impacto ambiental es insostenible e inaceptable. Hasta el 28 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) se debe a la industria alimentaria; cerca del 70 % de las extracciones mundiales de agua dulce se destinan a la agricultura; el 78 % de la contaminación de los océanos y las aguas dulces del mundo se debe a fertilizantes, biocidas, herbicidas y antibióticos; y la agricultura figura como posible factor contribuyente en el 86 % de las 28.000 especies amenazadas de extinción. En última instancia, todo esto pone en peligro nuestra vida, salud, bienestar y medios de subsistencia.

Si algo nos ha enseñado el conflicto en Ucrania es que la seguridad alimentaria y la autosuficiencia alimentaria suponen un grave desafío para muchas ciudades y regiones. A esto se suman las perturbaciones alimentarias vinculadas a la pandemia de COVID-19 y el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos causados por el cambio climático.

Además, está el problema del desperdicio de alimentos: a escala mundial, se pierde alrededor del 14 % de los alimentos producidos entre la cosecha y la venta al por menor, mientras que se estima que se desperdicia el 17 % de la producción alimentaria mundial total; las cadenas de suministro de alimentos largas, rígidas, vulnerables y derrochadoras agravan el problema.

Es evidente que no podemos permitirnos producir, distribuir y consumir de la misma manera durante los próximos 50 años.

Soluciones para la producción de alimentos en el horizonte

Las cifras están claras. Debemos producir mucho más con mucho menos y darle a la naturaleza un respiro para alejarla del punto de no retorno.

Las medidas de eficiencia —aumentar el rendimiento de los cultivos y reducir el uso de recursos por unidad de producción— solo pueden llevarnos hasta cierto punto. La investigación en genética de cultivos seguirá mejorando su calidad, valor nutricional, rendimiento, eficiencia en el uso de recursos y resiliencia. Sin embargo, no nos ayudará a resolver la pérdida de biodiversidad, la falta de tierras cultivables ni las cadenas de suministro rígidas y prolongadas que distribuyen los alimentos.

La próxima «revolución verde» ha comenzado lentamente, pero cobra un fuerte impulso. Se trata de una revolución de la tecnología agrícola (agrotecnología) que promete producir más —mucho más— con menos, desvincular la producción de alimentos del deterioro ambiental y garantizar la seguridad alimentaria al «acortar» las cadenas de suministro y producir localmente.

Tower Garden: Cultivo de alimentos en un sistema aeropónico vertical.
Tower Garden: Cultivo de alimentos en un sistema aeropónico vertical.
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Una oleada de innovaciones y tecnologías está posibilitando nuevas formas de producir alimentos, desde la agricultura vertical hasta las proteínas alternativas, y desde los sucedáneos de los productos lácteos hasta la cría de insectos. Las empresas están replanteando la agricultura y la producción de alimentos.

Tomemos como ejemplo la agricultura vertical. Al cultivar plantas en capas verticales apiladas, en entornos controlados, con iluminación artificial y ciclos cerrados de agua (en el caso de los sistemas hidropónicos), las granjas verticales pueden lograr una eficiencia y un rendimiento de los cultivos mucho mayores, reducir considerablemente el consumo de agua (en un 95 %) y reducir sustancialmente el uso de tierras (en un 95 %).

También pueden simplificar y acortar drásticamente las cadenas de suministro de alimentos al producirlos más cerca de los consumidores urbanos, que para 2050 representarán casi el 70 % de la población mundial.

Este enorme potencial atrae cada vez más inversiones al sector de la agrotecnología. En 2021, los inversores de capital riesgo invirtieron 51.700 millones de dólares en tecnologías agroalimentarias, un aumento del 85 % respecto a 2020, según el informe de inversión en AgriFoodTech de AgFunder.

Impulsar la seguridad alimentaria mediante la agrotecnología

Estos son 3 factores clave para el éxito de la industria de la agrotecnología:

Crecer a escala: El sector de la agrotecnología sigue siendo relativamente pequeño en el contexto del mercado mundial de alimentos. Para demostrar su viabilidad a largo plazo y su impacto positivo, debe llegar a mercados nuevos y emergentes donde más se necesita con urgencia: desde los «desiertos alimentarios» hasta las regiones que afrontan inseguridad alimentaria y aquellas donde la agricultura pone a la naturaleza en mayor riesgo. La expansión rápida mediante licencias y tecnologías de código abierto podría ser exponencial.

Producir las principales fuentes de calorías que consume el mundo. Para hacer posible la producción de cultivos básicos en granjas verticales y mediante otros métodos, como la carne cultivada en laboratorio, que requieren muchos menos recursos naturales, será necesario familiarizarnos mucho más con el uso de la genética en la producción de alimentos y facilitar, por ejemplo, nuevas técnicas de fitomejoramiento desde el punto de vista normativo y social.

Aumentar la generación y distribución de fuentes de energía renovables y con bajas emisiones de carbono, así como el acceso competitivo a ellas para la producción, actualmente intensiva en energía, del sector. Una parte se consigue combinando la presencia en el mercado de zonas con poca seguridad y autosuficiencia alimentarias con una abundancia de energía renovable (por ejemplo, Oriente Medio). Sin embargo, una parte aún mayor debe lograrse mediante un enfoque más científico y la adopción de fuentes limpias de energía con bajas emisiones de carbono, como la energía nuclear.

Es fundamental tener presente que, junto con la revolución de la agrotecnología, debemos impulsar un cambio cultural profundo en las empresas, entre los consumidores y en los gobiernos.

Además de producir nuestros alimentos de otra manera, ¿podemos convertirnos en una generación que elija y valore activamente aquello que no destruye el planeta? ¿Podemos obtener una mejor nutrición a cambio? ¿Desarrollar un gusto auténtico —o, mejor dicho, una preferencia— por los insectos comestibles, las algas, los cereales y tubérculos olvidados, las plantas cultivadas verticalmente y la carne cultivada en laboratorio?

Por eso debemos redefinir y crear una nueva relación con nuestros alimentos, una que sea buena para el planeta y para las generaciones futuras.

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