¿Las noticias falsas crean cámaras de eco en Internet? Un nuevo estudio arroja resultados sorprendentes

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  • Según un nuevo estudio, quienes leen noticias falsas en Internet no están condenados a caer en una cámara de eco: solo el 2,8 % de los lectores en línea consume exclusivamente noticias falsas.

  • Una cámara de eco es un espacio en el que los usuarios de Internet solo ven, oyen y leen contenido acorde con su propia ideología.

  • El 97 % de los lectores en línea consume una variedad de noticias, y quienes leen más noticias falsas también tienden a leer más noticias en general, afirma el informe.

  • Los autores recomiendan que las plataformas se centren en los hogares más susceptibles de caer en cámaras de eco, en vez de establecer políticas generales para proteger a todos los usuarios de las noticias falsas.


Según un nuevo y revelador estudio de Wharton, quienes leen noticias falsas en Internet no están condenados a caer en una profunda cámara de eco, donde el único sonido que oyen es el de su propia ideología.

Sorprendentemente, quienes suelen leer noticias falsas que les muestran los algoritmos de las redes sociales tienen más probabilidades de diversificar su dieta informativa buscando fuentes generalistas. Estos ávidos lectores de noticias, con intereses variados, representan más del 97 % de los lectores en línea, frente al escaso 2,8 % que consume exclusivamente noticias falsas en Internet.

«Descubrimos que estas cámaras de eco que preocupan a la gente son muy superficiales. La idea de que Internet está creando una cámara de eco simplemente no se sostiene», afirmó Senthil Veeraraghavan, profesor de operaciones, información y decisiones en Wharton.

Veeraraghavan es coautor del artículo «¿Las noticias falsas crean cámaras de eco?». También lo escribieron Ken Moon, profesor de operaciones, información y decisiones en Wharton, y Jiding Zhang, profesora adjunta de gestión de operaciones en la Universidad de Nueva York en Shanghái, quien obtuvo su doctorado en Wharton.

El estudio, que examinó la actividad de navegación de casi 31.000 hogares durante 2017, aporta pruebas empíricas que contradicen las creencias populares sobre las cámaras de eco. Aunque estas son, sin duda, lugares oscuros y peligrosos, no son agujeros negros metafóricos que absorben a cualquiera que lea un artículo, por ejemplo, sobre la teoría de que Obama no nació en Estados Unidos o sobre conspiraciones en torno a las vacunas contra la COVID-19. El estudio descubrió que los hogares expuestos a noticias falsas aumentan, en realidad, su exposición a noticias generalistas en un 9,1 %.

«Nos sorprendió, aunque éramos muy conscientes desde el principio de que había mucho que desconocíamos», dijo Moon. «Queríamos averiguar, entre otras cosas, cuántas noticias falsas circulan. ¿Cómo distinguimos lo falso de lo verdadero, y quién produce esas noticias falsas y por qué? Su estructura económica es importante desde el punto de vista empresarial».

«La idea de que Internet está creando una cámara de eco simplemente no se sostiene».

Senthil Veeraraghavan

Los profesores descubrieron que un número relativamente reducido de sitios concentra la mayor parte de las noticias falsas. Por eso, en vez de clasificar artículos individuales como verdaderos o falsos según su contenido, analizaron los datos por fuente. Las fuentes identificadas en el estudio como difusoras de información falsa, entre ellas Occupy Democrats y The Federalist Papers, tenían alrededor de 1 artículo falso, confirmado mediante verificación de datos, por cada 1.000. En comparación, sitios generalistas como The New York Times y Bloomberg publicaron información incorrecta en 3 de cada 100.000 artículos.

Los datos revelaron pocas diferencias demográficas entre los hogares que navegaban principalmente por noticias generalistas y el 10 % identificado como «lectores ávidos» de noticias falsas, es decir, quienes dedicaban más tiempo que el promedio a consultar fuentes de noticias falsas sin dejar de consumir noticias generalistas. Según el artículo, estos lectores suelen ser algo mayores, vivir en hogares más pequeños y tener menos probabilidades de tener hijos. «Contrariamente a algunas creencias populares, no son pobres ni tienen menos estudios. De hecho, su nivel educativo promedio es ligeramente más alto».

Moon y Veeraraghavan afirmaron que estas similitudes demográficas muestran el peligro de estereotipar a quienes leen noticias falsas. No existe un perfil único: prácticamente todo el mundo lee, al menos ocasionalmente, información dudosa o abiertamente falsa.

«Un dato interesante fue que quienes se salen de la norma y leen más noticias falsas también tienden a leer más noticias en general», dijo Moon. «A estos consumidores, apasionados por las noticias, les interesa toda la información disponible y, por tanto, consumen una cantidad considerable de noticias falsas. Pero si buscas personas que lean únicamente noticias falsas, cuesta encontrarlas».

«Las personas son complejas», añadió Veeraraghavan. «Creo que la caricatura que se ha construido de quienes consumen noticias falsas no termina de cuadrar. Una de las cuestiones que aborda el artículo es: ¿quiénes son estos consumidores?».

Evitar que los lectores caigan en cámaras de eco

Los profesores hacen una recomendación concreta sobre cómo plataformas como Facebook pueden moderar mejor el contenido de noticias falsas: en vez de adoptar políticas generales para proteger a todos los usuarios de las noticias falsas, deberían centrarse en el pequeño porcentaje de hogares más susceptibles de caer en cámaras de eco.

La recomendación se basa en un patrón que observaron en los datos posteriores a agosto de 2017, cuando Facebook empezó a señalar contenido cuestionable para disuadir a los usuarios de compartirlo. También se prohibió anunciarse en la plataforma a las páginas que compartían información falsa reiteradamente, lo que les dio un fuerte incentivo para detener la difusión viral de noticias falsas.

«Si buscas personas que lean únicamente noticias falsas, cuesta encontrarlas».

Ken Moon

Los profesores analizaron el consumo de noticias de los hogares antes y después de la política, tanto entre los usuarios de Facebook como entre quienes no usaban la plataforma. Antes de la política, ambos grupos navegaban por noticias verdaderas y falsas en Internet a un ritmo más o menos similar. Después de su aplicación, los usuarios de Facebook consumieron menos noticias falsas, que era el objetivo de la política, pero también consumieron muchas menos noticias generalistas que quienes no estaban en la plataforma.

Según argumentan los profesores en su artículo, las políticas generales son costosas e ineficientes para las empresas de redes sociales y tienen el efecto no deseado de restringir el acceso a noticias legítimas. En su lugar, Facebook y otras plataformas deberían aprovechar la gran cantidad de datos de sus usuarios para identificar a los más vulnerables y aplicar «intervenciones basadas en el daño» que les impidan acceder a fuentes de noticias falsas.

Moon y Veeraraghavan admiten que la recomendación quizá no resuelva todos los problemas asociados con las noticias falsas, pero sugieren que las empresas y los responsables de formular políticas la tengan en cuenta en sus complejos esfuerzos por combatir el problema.

«Esta recomendación viene acompañada de la advertencia de que debemos aplicarla con cuidado», dijo Moon. «Siempre cabe preguntarse qué es ético. ¿Deberíamos censurar contenido para un grupo específico de personas? Pero si entendemos que el problema se reduce a la vulnerabilidad de unas pocas, ¿qué medidas de protección se pueden adoptar? Esto sugiere una forma más informada de analizar soluciones éticas o aceptables y evaluar su eficacia para ese grupo vulnerable».

Veeraraghavan señaló que las noticias falsas nunca desaparecerán: existen desde los albores de la narración. Desde la Antigüedad y el periodismo sensacionalista hasta los tabloides de supermercado y los vídeos ultrafalsos en Internet, la historia está repleta de ejemplos. El objetivo, dijo, es encontrar formas de reducir su influencia y peligrosidad.

«Las noticias falsas siempre existirán», dijo. «No vamos a eliminarlas ni a lograr que dejen de interesar a la gente, así que debemos entender cómo se consumen, en lugar de juzgar a quienes las consumen».

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