Las empresas de transporte utilizan cada vez más esta tecnología sin contacto como medida clave para responder al temor de los pasajeros a la transmisión del virus
Su posible uso generalizado plantea inquietudes sobre la privacidad, la vigilancia y los riesgos de elaboración de perfiles raciales
Para hacer frente a estos desafíos, el Foro Económico Mundial ha publicado Límites responsables al reconocimiento facial. Caso de uso: gestión de flujos, un marco práctico para garantizar el uso responsable de la tecnología de reconocimiento facial
El éxito inicial de las recomendaciones demuestra su potencial para una aplicación más amplia
La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto significativo en las empresas de transporte, especialmente en los aeropuertos y las estaciones de tren, debido a las restricciones de viaje impuestas por la mayoría de los países del mundo y al creciente temor de los pasajeros a viajar.
En la industria de la aviación, según la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), el transporte aéreo de pasajeros, medido en pasajeros-kilómetro de pago, cayó un 94 % interanual en abril de 2020, en todas las regiones. Eurostat también observó una caída drástica de la demanda de servicios de transporte ferroviario. En comparación con el segundo trimestre de 2019, el sector registró una disminución del 94 % en el número de pasajeros de tren en Irlanda, del 78 % en Francia y del 77 % en Italia.
En respuesta a la pandemia, las empresas de transporte tuvieron que realizar de inmediato importantes ajustes operativos, como limitar la capacidad de pasajeros, intensificar la limpieza y consolidar las terminales. Sin embargo, cada vez se reconoce más que recuperar la confianza de los pasajeros en el mundo posterior a la COVID-19 requerirá una inversión considerable en tecnologías digitales para atender las preocupaciones sobre salud y seguridad.
Con este fin, cada vez más actores del sector recurren a la tecnología de reconocimiento facial (TRF), que se considera un medio eficaz para ofrecer a los pasajeros un trayecto fluido y sin contacto, al tiempo que se previene la transmisión del virus.
La tecnología de reconocimiento facial requiere una estructura de gobernanza sólida
Aunque el desarrollo de esta tecnología crea oportunidades considerables para la industria del transporte, también plantea serios desafíos de gobernanza para los pasajeros y la ciudadanía. De hecho, su implementación puede menoscabar aún más la privacidad de los pasajeros, contribuir a consolidar la infraestructura de vigilancia y perpetuar el racismo sistémico debido a su bien documentado problema de sesgo contra las minorías.
Para abordar estos desafíos, el marco de gobernanza del Foro Económico Mundial se estructura en torno a dos componentes clave. En primer lugar, un cuestionario de autoevaluación que detalla los requisitos que deben cumplir las organizaciones para garantizar el cumplimiento de los 10 principios de acción, que definen lo que significa en la práctica el uso responsable de la TRF en este caso de uso.
En segundo lugar, recomendamos crear un marco de auditoría, gestionado por organismos de certificación independientes, que valide la solidez de los procesos de mitigación de riesgos implantados por las empresas de transporte. Esta iniciativa constituye la respuesta más integral a los riesgos asociados con el uso de la TRF en aplicaciones de gestión de flujos, impulsada por una comunidad global de múltiples partes interesadas.
Importantes actores del sector, como el Aeropuerto Internacional de Narita (Tokio) y NEC Corporation ya han probado con gran éxito el cuestionario de autoevaluación . Además, sus respuestas (disponibles aquí) nos han convencido de que el marco está listo para una aplicación y adopción más amplias en la industria de la aviación. Ahora, otros actores del sector están a punto de realizar una prueba similar.

De cara al futuro
Las previsiones del mercadoconfirman que la pandemia de COVID-19 tendrá efectos a largo plazo en la industria de la aviación, incluso bajo la hipótesis de que una vacuna esté disponible en todo el mundo para finales de 2021. Para recuperarse y prosperar, los aeropuertos y las aerolíneas tendrán que adaptarse a la «nueva normalidad». Esto implica atender la creciente preocupación de los pasajeros por la salud y la seguridad mediante la implantación de tecnología de reconocimiento facial, al tiempo que se mitigan eficazmente los riesgos asociados con esta tecnología emergente. En menor medida, la industria ferroviaria afronta un desafío similar.
En los últimos años, han aumentado las inquietudes públicas sobre la tecnología de reconocimiento facial y se han intensificado los llamamientos de la sociedad civil para regular con mayor rigor esta tecnología emergente. A medida que dependen cada vez más de ella para mejorar la gestión de flujos, las empresas de transporte deben adoptar una respuesta normativa adecuada para maximizar sus beneficios.
Sostenemos que esto puede lograrse adoptando nuestro marco de gobernanza. En efecto, completar el cuestionario de autoevaluación y seguir el proceso de certificación, en colaboración con un organismo certificador, es una forma ágil y sólida de generar confianza entre los pasajeros, los reguladores y la ciudadanía.
En este espíritu, animamos a los actores del sector, las entidades públicas, los representantes de la sociedad civil, los organismos de certificación, los responsables de formular políticas y los académicos a sumarse a nuestra iniciativa y participar en nuestro enfoque abierto y experimental para fortalecer este modelo de certificación y garantizar su impacto.
