Un nuevo estudio estima que cada año se esparcen entre 31.000 y 42.000 toneladas de microplásticos en los suelos agrícolas europeos mediante fertilizantes.
Esta concentración es similar a la de microplásticos en las aguas superficiales del océano.
Los microplásticos suponen graves amenazas para el ecosistema del suelo, pues filtran sustancias químicas tóxicas y transportan patógenos peligrosos.
Actualmente no existe legislación europea que limite la cantidad de microplásticos presentes en los lodos de depuradora utilizados como fertilizante.
Las partículas de plástico de menos de 5 mm (conocidas como microplásticos) son contaminantes bien documentados de los hábitats marinos y de agua dulce. El hallazgo de microplásticos en los ríos más remotos de el Himalaya y las fosas más profundas de el océano Pacífico ha suscitado una preocupación generalizada. Pero ¿cuántos microplásticos hay más cerca de casa, enterrados en el suelo donde se cultivan los alimentos?
Nuestro último estudio estimó que cada año se esparcen en los suelos agrícolas europeos entre 31.000 y 42.000 toneladas de microplásticos (o entre 86 billones y 710 billones de partículas de microplástico), una concentración similar a la de microplásticos en las aguas superficiales del océano.
Cómo se filtran los microplásticos en nuestras tierras agrícolas
La causa son los fertilizantes cargados de microplásticos derivados de lodos de depuradora desviados de las plantas de tratamiento de aguas residuales. Estos se esparcen habitualmente en las tierras agrícolas como fuente renovable de fertilizante en países de toda Europa, en parte debido a las directivas de la UE que buscan promover una economía circular de los residuos.
Además de crear un enorme reservorio de microplásticos en el medioambiente, esta práctica anula en la práctica el beneficio de retirar estas partículas de las aguas residuales. Al esparcir microplásticos en tierras agrícolas, estos acabarán volviendo a los cursos de agua naturales: la lluvia arrastra el agua de la superficie del suelo hasta los ríos o, con el tiempo, esta se infiltra en las aguas subterráneas.
Las plantas de tratamiento de aguas residuales eliminan los contaminantes sólidos (como plásticos y otras partículas grandes) de las aguas residuales sin tratar y del agua de drenaje mediante una serie de tanques de decantación. Así se produce un efluente de agua limpia que puede liberarse al medioambiente. Los materiales flotantes y las partículas sedimentadas en esos tanques se combinan para formar el lodo que se utiliza como fertilizante.
Descubrimos que cada día entraban en una planta de tratamiento de aguas residuales del sur de Gales (Reino Unido) hasta 650 millones de partículas de microplástico de entre 1 mm y 5 mm. Todas estas partículas se separaban de las aguas residuales entrantes y se desviaban a los lodos, en lugar de liberarse con el efluente limpio. Esto demuestra la eficacia que puede tener el tratamiento convencional de aguas residuales para eliminar microplásticos.
En esta instalación, cada gramo de lodo de depuradora contenía hasta 24 partículas de microplástico, lo que representaba aproximadamente el 1 % de su peso. En Europa, se generan cada año entre 8 y 10 millones de toneladas de lodos de depuradora, de los cuales alrededor del 40 % se destina a tierras agrícolas. El esparcimiento de lodos de depuradora en suelos agrícolas se practica ampliamente en toda Europa, por el nitrógeno y el fósforo que aportan a los cultivos.
Las explotaciones agrícolas del Reino Unido también utilizan lodos de depuradora como fertilizante. En nuestro estudio, el Reino Unido registró la mayor contaminación por microplásticos en sus suelos de todos los países europeos (seguido de España, Portugal y Alemania). Cada año se aplican entre 500 y 1.000 partículas de microplástico por metro cuadrado de terreno agrícola en el Reino Unido.
Microplásticos: el origen de una economía circular de residuos envenenada
Actualmente no existen soluciones adecuadas para evitar la liberación de microplásticos al medioambiente desde las plantas de tratamiento de aguas residuales.
Los microplásticos retirados de las aguas residuales se transportan a la tierra, donde permanecen hasta que vuelven a las vías fluviales. Según un estudio realizado en Ontario (Canadá), el 99 % de los microplásticos presentes en el suelo agrícola se desplazó lejos del lugar donde se aplicaron inicialmente los lodos.
Hasta entonces, pueden dañar la vida en el suelo. Además de ser ingeridos y absorbidos fácilmente por los animales y las plantas, los microplásticos suponen una grave amenaza para el ecosistema del suelo, porque filtran sustancias químicas tóxicas y transportan patógenos peligrosos. Los experimentos han demostrado que la presencia de microplásticos puede frenar el crecimiento de las lombrices y hacer que pierdan peso.
Los microplásticos también pueden alterar la acidez, la capacidad de retención de agua y la porosidad del suelo. Esto afecta al crecimiento y desarrollo de las plantas al modificar la forma en que las raíces penetran en el suelo y absorben nutrientes.
Actualmente no existe legislación europea que limite la cantidad de microplásticos presentes en los lodos de depuradora utilizados como fertilizante. Alemania ha fijado límites máximos para impurezas como el vidrio y el plástico, y permite que los plásticos de más de 2 mm representen hasta el 0,1 % del peso del fertilizante húmedo. Según los resultados de la planta de tratamiento de aguas residuales del sur de Gales, se prohibiría aplicar lodos de depuradora si hubiera una legislación similar en el Reino Unido.
Por ahora, es probable que los propietarios de tierras sigan reciclando lodos de depuradora como fertilizante sostenible, pese al riesgo de contaminar los suelos y, con el tiempo, los ríos y el océano con microplásticos.


