El singular poder unificador del deporte y por qué importa 

Pyeongchang 2018 Winter Olympics – Opening ceremony – Pyeongchang Olympic Stadium - Pyeongchang, South Korea – February 9, 2018 - Olympics athletes from Russia parade during the opening ceremony. REUTERS/Toby Melville - DEVEE2917O4DH
'Sport’s role in reducing conflict can be traced back to the creation of the Olympic Games.'Image: REUTERS/Toby Melville
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En un mundo a menudo dividido, el deporte es un nexo único e importante que une a las personas, tanto entre sociedades como dentro de ellas. El tema de la Reunión Anual de enero del Foro Económico Mundial fue Crear un futuro compartido en un mundo fracturado: una descripción precisa del estado del mundo y un importante llamamiento a la acción para toda la civilización. Cuando pensamos en los espacios que nos unen como personas, independientemente de nuestro origen o nuestras creencias, cuesta encontrar muchos tan poderosos como los estadios que llenamos para animar a nuestros equipos y deportistas favoritos, o los campos donde jugamos juntos por diversión y para hacer ejercicio.

En la ceremonia inaugural de los XXIII Juegos Olímpicos de Invierno, en Pyeongchang, Corea del Sur, volvimos a ver el poder del deporte cuando atletas de Corea del Norte y Corea del Sur desfilaron juntos. Incluso, ambas naciones presentan un equipo femenino de hockey conjunto, en lo que el New York Times calificó como «el gesto de reconciliación más espectacular entre ellas en una década». Debemos aprender de estos y otros ejemplos del poder unificador del deporte si queremos encontrar formas de tender puentes sobre las brechas que nos dividen.

El equipo de hockey intercoreano marca un gol en un partido de preparación contra Suecia.Image: Reuters/Kim Hong-Ji

El mundo está fracturado. Hay conflictos entre países de todo el planeta y también dentro de ellos, a medida que nos aislamos junto a quienes comparten nuestros valores y creencias. Sin embargo, a lo largo de la historia, personas que de otro modo tienen poco en común se han reunido en campos de barrio y estadios abarrotados, como aficionados y como deportistas, y han dejado de lado sus diferencias por el bien de sus equipos.

El papel del deporte en la reducción de los conflictos se remonta a la creación de los Juegos Olímpicos. En el siglo IX a. C., el oráculo de Delfos aconsejó a Ífito, rey de Élide, organizar una competición deportiva pacífica para poner fin al conflicto armado que asolaba Grecia en aquel momento. Ífito consiguió el apoyo de sus homólogos monarcas y creó la tradición de la Tregua Olímpica, según la cual todos los conflictos regionales cesarían durante los siete días anteriores y posteriores a los Juegos, cada cuatro años, para que los atletas, sus familias y otras personas pudieran viajar a los Juegos Olímpicos y regresar en paz. La Tregua Olímpica se restableció en los Juegos modernos en 1994 y sigue siendo un ideal del movimiento olímpico; además, cada dos años, antes de cada edición de los Juegos, se aprueba una resolución relacionada de la ONU.

Con el tiempo, los líderes mundiales han seguido recurriendo al deporte para reanudar el diálogo diplomático y realizar gestos conciliadores en el ámbito internacional. Quizá el ejemplo más conocido sea la «diplomacia del ping-pong» de China, cuando el Gobierno chino invitó a jugadores estadounidenses a participar en partidos de exhibición en el país en abril de 1971. Fue la primera vez que se permitió entrar en el país a estadounidenses desde 1949. Menos de un año después, el presidente Nixon realizó un viaje histórico a China, que puso fin a 25 años sin comunicación ni relaciones diplomáticas entre ambos países y condujo al restablecimiento de los vínculos diplomáticos en 1979.

Nelson Mandela también reconoció el poder singular del deporte para sanar y unir a una Sudáfrica profundamente dividida. En un momento de gran tensión por su nombramiento como primer presidente negro del país, Mandela apareció en el campo después de que los Springboks ganaran la Copa Mundial de Rugby de 1995, vestido con la tradicional camiseta verde y la gorra del equipo. El estadio de Johannesburgo estaba lleno, en su mayoría, de sudafricanos blancos, que al principio quedaron atónitos, pero pronto empezaron a corear «¡Nelson! ¡Nelson!». Ese momento se recordará para siempre como el ejemplo definitivo del poder del deporte para sanar las divisiones.

Mandela dijo en 2000: «El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a las personas como pocas cosas lo hacen. Habla a los jóvenes en un idioma que entienden. El deporte puede crear esperanza donde solo había desesperación».

Hay muchos otros ejemplos del poder unificador del deporte, como el exitoso equipo profesional de dobles de tenis formado por Rohan Bopanna, de India, y Aisam-ul-Haq Qureshi, de Pakistán, que mantuvo una fructífera asociación durante muchos años, pese a los frecuentes conflictos entre sus países. Aficionados de ambos países llenaban los estadios para ver sus partidos —entre ellos, en el Abierto de Estados Unidos de 2010, sus respectivos embajadores ante las Naciones Unidas— y animar por una causa común. El equipo se apodó a sí mismo el Indo-Pak Express y puso en marcha una campaña llamada «Detengan la guerra, empiecen a jugar al tenis». Qureshi lo resumió bien: «El público es cada vez más numeroso. Cada vez vienen más indios y pakistaníes. Se sientan todos mezclados entre el público. No se puede saber quién es pakistaní y quién es indio. Esa es la belleza del deporte. Esa es la belleza de jugar juntos».

El Indo-Pak Express en acción… Bopanna, a la izquierda, y Qureshi.Image: Reuters/Fredrik Sandberg/Scanpix

En estos Juegos de Invierno, los coreanos del Norte y del Sur desfilan juntos bajo una bandera de una «Corea unificada» en las ceremonias de apertura y clausura. Se han entrenado juntos en una estación de esquí norcoreana durante los preparativos para los Juegos y recibirán el apoyo de aficionados de ambos países, ya que el Norte envía a cientos de seguidores a Pyeongchang. Una vez más, el deporte ha demostrado ser un mecanismo eficaz para romper el bloqueo y lograr que los países no solo dialoguen, sino que también trabajen juntos. Todos esperamos que el impulso diplomático que se está generando en la comunidad montañosa coreana de Pyeongchang continúe después de que terminen los Juegos.

He sido testigo personalmente del poder del deporte para unir a las personas a través del equipo profesional de tenis que poseo, los Washington Kastles, de la liga World TeamTennis. El equipo fue descrito por el alcalde de Washington D. C. como el gran crisol de la comunidad, que reúne de manera singular a personas de todos los orígenes y de distintas partes de nuestra región.

Toda reflexión sobre el poder del deporte debe incluir, por último, su importancia como vehículo para enseñar a los jóvenes —y al resto de nosotros— lecciones de liderazgo, buena salud, trabajo en equipo, juego limpio, autonomía y mejora continua. El deporte es especialmente poderoso para las niñas y, en ambos géneros, los estudios han demostrado que practicarlo puede conducir a un mejor rendimiento escolar y a una vida mejor después de graduarse. El deporte no es importante solo porque podamos practicarlo durante toda la vida, sino también porque las lecciones que aprendemos en él nos acompañan siempre.

Sé que todos sentiremos esperanza por una de las regiones más convulsas del mundo cuando veamos ondear la bandera coreana unificada en estos Juegos Olímpicos de Invierno. No dejemos pasar este momento —ni en la península coreana ni en ningún lugar del mundo— y aprovechemos el poder del deporte para conectarnos, aliviar las tensiones y ayudarnos a comprender que compartimos mucho más de lo que nos divide.

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