La proliferación de videos alterados –algunos de los cuales se conocen como “deepfakes”– ha suscitado preocupación en los últimos años, especialmente en la medida en que una creciente proporción de estadounidenses ahora se informa a través de sitios de intercambio de videos en línea, como YouTube. En general, la opinión pública estadounidense considera que los videos y las imágenes alterados son un problema importante y que deben tomarse medidas para frenarlos, como concluye una reciente encuesta del Pew Research Center.
Casi dos tercios de los estadounidenses (63%) afirman que los videos y las imágenes inventados o alterados generan mucha confusión sobre los hechos de los asuntos y acontecimientos actuales, y otro 27% sostiene que generan cierta confusión, según la encuesta, realizada del 19 de febrero al 4 de marzo de 2019. Solo uno de cada diez afirma que estos videos e imágenes generan poca confusión o ninguna en absoluto.
Por su parte, aproximadamente tres cuartas partes de los adultos estadounidenses (77%) afirman que deberían tomarse medidas para restringir los videos y las imágenes alterados que pretenden inducir a error. Son bastantes menos (22%) quienes se inclinan por proteger la libertad de publicarlos y acceder a ellos.
Detrás de este alto nivel de preocupación está el enorme alcance que tienen los videos alterados. Aproximadamente dos tercios de los estadounidenses (66%) afirman que, al menos a veces, se encuentran con videos e imágenes alterados que pretenden inducir a error, y el 15% se topa con ellos con frecuencia. Un tercio (33%) afirma que casi nunca o nunca se encuentra con videos o imágenes alterados.
En general, los estadounidenses consideran en gran medida que no se debe esperar que el público sepa cuándo un video o una imagen ha sido alterado o inventado por completo. Casi seis de cada diez adultos estadounidenses (61%) afirman que es pedir demasiado que el ciudadano medio sea capaz de reconocer videos e imágenes alterados, mientras que menos de la mitad (38%) considera que el público debería ser capaz de reconocerlos.
Cabe destacar que los estadounidenses confían algo más en su propia capacidad para reconocer videos alterados. Alrededor de la mitad (53%) afirma que les resulta fácil reconocer este tipo de contenido alterado cuando se lo encuentran, mientras que el 46% dice que les resulta difícil reconocerlo.
En general, los estadounidenses atribuyen menos responsabilidad al público –y confían menos en sus propias capacidades– para reconocer videos alterados que otras formas de información potencialmente inexacta o engañosa. Es menos probable que el público afirme que el ciudadano medio debería ser capaz de reconocer videos alterados que lo que afirma lo mismo sobre las noticias inventadas, la información de última hora no verificada, la información fáctica parcial o la sátira sobre un asunto o acontecimiento. Asimismo, los estadounidenses son menos propensos a afirmar que ellos mismos pueden reconocer fácilmente los videos alterados que a afirmar lo mismo sobre los otros cuatro tipos de desinformación sobre los que preguntó la encuesta.
Demócratas y republicanos coinciden en gran medida en la necesidad de actuar frente a los videos y las imágenes alterados y en la dificultad de reconocerlos. La misma proporción de republicanos e independientes con inclinación republicana, y de demócratas y votantes con inclinación demócrata (77% en ambos casos), se inclina por restringir los videos alterados frente a proteger la libertad de publicarlos y acceder a ellos.
Además, alrededor de seis de cada diez en ambos partidos (61% de los republicanos y 62% de los demócratas) afirman que no se puede esperar que el público reconozca los videos y las imágenes alterados. Las mayorías de ambos partidos también afirman que estos videos e imágenes generan mucha confusión, aunque los republicanos son algo más propensos que los demócratas a decirlo (68% frente a 60%). Esto concuerda con la mayor preocupación general de los republicanos sobre el tema de las noticias y la información inventadas.


