Disney encabeza la ofensiva mientras las cadenas de televisión tradicionales avanzan sobre el territorio del streaming

A screen shows the logo and a ticker symbol for The Walt Disney Company on the floor of the New York Stock Exchange (NYSE) in New York, U.S., December 14, 2017. REUTERS/Brendan McDermid
Disney is leading the way in direct-to-consumer streaming servicesImage: REUTERS/Brendan McDermid
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Un poderoso ratón está cambiando la forma en que se pagan las películas y los programas de televisión, mientras los mundos de la tecnología y la televisión siguen convergiendo.

El acuerdo de Disney por 52.200 millones de dólares para adquirir 20th Century Fox, cuya conclusión se espera para mediados de 2018, demuestra la seriedad con que los medios establecidos se toman el auge y el predominio de las plataformas de streaming de vídeo bajo demanda.

La operación reforzará el catálogo de clásicos de Disney y ampliará también su cartera de futuras producciones, mientras la empresa avanza para crear sus propias plataformas de streaming independientes, como parte de una tendencia que está cambiando la televisión en Estados Unidos.

Hay indicios de que, para 2022, probablemente todas las principales cadenas de televisión de Estados Unidos habrán lanzado servicios independientes de streaming directo al consumidor, para competir cara a cara con las plataformas de streaming, según un informe de la empresa de investigación The Diffusion Group (TDG). Disney es uno de los principales impulsores de este cambio.

Seguir su propio camino

Está previsto que Disney lance sus propios canales de distribución televisiva, conocidos como servicios «over-the-top» (OTT), cuyo objetivo es prescindir de forma activa de los proveedores de streaming nativos digitales. Disney lo dejó claro cuando anunció el año pasado que retiraría sus contenidos de Netflix en 2019. Ha optado por poner fin a su alianza con la plataforma de streaming para lanzar servicios de streaming con su propia marca. El canal deportivo OTT ESPN+ de Disney ya se ha anunciado y su lanzamiento está previsto para finales de marzo o principios de abril de 2018.

Tradicionalmente, los programas de televisión se han financiado en parte con cuotas de afiliación: sumas que los distribuidores pagan a los estudios por emitir sus contenidos. Por ejemplo, cada suscriptor del canal de cable TNT aporta unos 2 dólares al mes a las arcas de Disney, mientras que se estima que las cuotas de afiliación en conjunto valen miles de millones de dólares al año para la empresa.

Sin embargo, la llegada de plataformas de streaming nativas digitales como Netflix ha alterado este modelo: ofrecen a los espectadores contenidos a la carta y sin paquetes a precios más bajos, de unos 7 a 11 dólares al mes, frente a 60 a 100 dólares o más por una suscripción mensual de televisión de pago.

Plataformas como Netflix y el servicio de vídeo de Amazon están fragmentando las audiencias, lo que supone un riesgo para los ingresos publicitarios de las cadenas tradicionales, basados en las cifras de audiencia. En lugar de pagar por paquetes de programas, muchos de los cuales quizá no quieran ver, los espectadores pueden pagar solo por los que sí desean. Ahora pueden abandonar a los distribuidores tradicionales de televisión y trasladar su fidelidad de las cadenas y los estudios a las plataformas de streaming.

La decisión de Disney de invertir en sus propios servicios de streaming podría aumentar los ingresos por cliente al eliminar intermediarios y dirigirse directamente a los consumidores, como hace con la cadena deportiva ESPN, de la que es copropietaria y que genera 7,54 dólares al mes por suscriptor.

Cuotas de afiliación de Disney en 2017.Image: Quartz

Desafiar a quienes desafiaron el modelo

Bob Iger, director ejecutivo de Disney, dijo en diciembre que la oferta del estudio, valorada en miles de millones de dólares y pagadera íntegramente en acciones, por 20th Century Fox «refleja un panorama mediático cambiante, cada vez más definido por la transformación tecnológica y la evolución de las expectativas de los consumidores».

Disney no es la única cadena de televisión tradicional que ha tomado conciencia de los cambios en el panorama mediático. Entre las otras empresas que han introducido servicios de streaming figuran Starz, Showtime y CBS.

A principios de este año, Les Moonves, director ejecutivo de CBS, dijo que los dos canales directos al consumidor de la empresa, CBS All Access y Showtime, lanzados en 2017, ya tenían casi 5 millones de suscriptores.

HBO, un canal de cable estadounidense conocido por sus series dramáticas originales, entre ellas la aclamada Game of Thrones, ganadora de múltiples premios Emmy, anunció su propia oferta directa al consumidor en 2014.

Las organizaciones deportivas también están adoptando el modelo OTT. Formula One Racing, por ejemplo, ha anunciado un servicio de suscripción de streaming para Estados Unidos y Europa.

Mientras tanto, la reciente adquisición por parte de Discovery, por 14.600 millones de dólares, de Scripps Networks Interactive ha creado el mayor grupo del sector de canales de cable dedicados al estilo de vida, los programas informativos y el entretenimiento sin guion.

Entre ellos están Food Network, HGTV y Travel Channel, de Scripps, que se fusionarán con Discovery, TLC y Animal Planet. Según Discovery, la oferta conjunta representará casi una cuota del 20 % de la audiencia de la televisión de pago con publicidad en Estados Unidos. La empresa está estudiando activamente desarrollar una oferta OTT, por su cuenta o con socios.

Estas tendencias indican que las empresas de medios tradicionales y las cadenas de televisión están tomando medidas decididas para recuperar el control frente a los nuevos actores, pero ganar la batalla no será fácil.

Estas son las empresas que hoy poseen la mayor parte de los grandes medios de comunicación.Image: recode

Mayor competencia

Siempre ágiles en materia de innovación y disrupción, Netflix y Amazon tomaron medidas para retener a sus audiencias e invirtieron en producir series y películas originales. El éxito de estas producciones galardonadas, como la adaptación estadounidense de Netflix del drama político británico House of Cards y The Marvelous Mrs. Maisel, demuestra el continuo efecto disruptivo de las plataformas de streaming. Estas han aumentado su base de suscriptores y desviado audiencias de las cadenas tradicionales y de las empresas de cable y satélite.

Para los clientes estadounidenses que han «cortado el cable» al cancelar sus suscripciones de televisión de pago, OTT significa que pueden comprar los programas que quieren sin pagar por paquetes de programas que no les interesan. Sin embargo, aún no está claro si los consumidores acostumbrados a paquetes de deportes, películas y noticias querrán pagar por muchas suscripciones distintas cuando antes compraban una sola. Pero hay indicios de que muchos ya pagan por servicios OTT además de paquetes de televisión de pago. Es probable que el precio sea un factor clave, al igual que la facilidad para gestionar las suscripciones.

La disrupción del ecosistema de la televisión de pago sigue planteando riesgos potenciales para las empresas de medios tradicionales. Las cuotas que pagan los distribuidores afiliados representan una gran parte de los ingresos que financian futuros proyectos de los estudios. Por ejemplo, Disney registró 12.300 millones de dólares en ingresos por afiliación en 2016, según Quartz. Entre ellos se incluían las cuotas de las emisoras locales de ABC en Estados Unidos y de sus canales internacionales de cable.

Las empresas de medios obtienen ingresos de la publicidad, la televisión y los servicios de vídeo bajo demanda. Está por verse si los estudios pueden atraer suficientes suscriptores y anunciantes a sus servicios OTT para mantener o aumentar sus ingresos.

Pese a los riesgos, Disney intenta adaptar su oferta familiar tradicional al público del siglo XXI y demostrar que la Casa del Ratón sigue siendo poderosa.

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