Mientras el mundo afronta la crisis climática, debemos tener en cuenta la huella de gases de efecto invernadero de nuestra dieta y de la producción de alimentos.
La ganadería es la principal fuente de emisiones alimentarias y la tercera fuente más importante de emisiones mundiales, con un 14.5%.
Según las investigaciones, las dietas veganas y vegetarianas son las más «sostenibles» si se trata de reducir nuestra huella alimentaria, mantener una buena salud y reducir los efectos negativos en los animales de granja.
Sin embargo, es más probable que las personas omnívoras adopten la dieta mediterránea, y es una buena dieta que promover mientras el mundo avanza hacia un sistema alimentario mundial más sostenible.
Lo que comemos y cómo producimos los alimentos importa. Los sistemas alimentarios son responsables de más de una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
No podemos afrontar plenamente la crisis climática sin reducir la huella de gases de efecto invernadero de nuestros alimentos. El problema es cada vez más urgente, ya que la población mundial aumenta mientras crece el hambre derivada de la interrupción de las exportaciones de alimentos causada por la guerra. A medida que las personas se enriquecen y se urbanizan, también aumenta el consumo mundial de carne y productos lácteos.
La ganadería es la principal fuente de nuestras emisiones alimentarias y la tercera fuente mundial más importante de emisiones, con un 14.5%, después de la energía (35%) y el transporte (23%).
Para reducir estas emisiones, muchas personas defienden la transición a dietas con abundantes vegetales o exclusivamente vegetales. Pero ¿las personas con un apego duradero a la carne realmente optarán por cambiar? Nuestra nueva investigación sugiere que la opción ideal es la dieta mediterránea, que incluye algo de carne sin dejar de ser rica en vegetales y saludable.
¿Cuál es el problema?
La cría de ganado requiere grandes extensiones de tierra, además de agua y pienso. La producción ganadera más intensiva está vinculada a la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo, la contaminación de los cursos de agua y un mayor riesgo de contraer enfermedades zoonóticas como la COVID-19, así como a la resistencia a los antibióticos.
Aunque los métodos para reducir las emisiones de la ganadería están en desarrollo, la producción es solo la mitad de la cuestión. Para lograr un impacto real, también debemos tener en cuenta la demanda.
Sin reducir la demanda general de carne y productos lácteos, es poco probable que las emisiones de la ganadería disminuyan con la rapidez y en la medida necesarias. En países ricos como Australia, consumimos carne y productos lácteos en grandes cantidades. Reducir este consumo podría recortar las emisiones de gases de efecto invernadero y disminuir otros daños ambientales.
Entonces, ¿qué dieta deberíamos seguir? Está claro que cualquier dieta aceptable debe ser nutricionalmente adecuada. Aunque la carne aporta nutrientes esenciales, su consumo excesivo está vinculado a enfermedades como el cáncer. Es importante considerar tanto el impacto ambiental como los beneficios para la salud de una dieta. También podemos tener en cuenta el bienestar animal, que suele ser peor en la producción ganadera intensiva.
Esperamos que, al identificar dietas saludables y ambientalmente sostenibles que mejoren el bienestar animal, podamos ayudar a las personas a tomar decisiones alimentarias sostenibles.
¿Qué descubrimos?
Analizamos cinco dietas comunes ricas en vegetales y evaluamos sus efectos en el medio ambiente (huella de carbono, uso del suelo y del agua), la salud humana y el bienestar animal. Nos centramos en la producción de alimentos en países de ingresos altos.
Las dietas que examinamos fueron:
Mediterránea (principalmente vegetal, con pequeñas cantidades de carne roja y cantidades moderadas de aves y pescado)
Flexitariana o semivegetariana (reducción del consumo de carne)
Pescetariana (pescado, sin otras carnes)
Vegetariana (sin carne, pero se permiten los lácteos y los huevos)
Vegana (sin productos de origen animal)
Las cinco dietas ricas en vegetales tuvieron un impacto ambiental menor que la dieta omnívora, y las dietas sin carne (vegana y vegetariana) fueron las de menor impacto.
Sin embargo, debemos añadir la salvedad de que las medidas de la huella ambiental utilizadas para comparar dietas son simplistas y pasan por alto efectos indirectos importantes de los cambios en la dieta.
En general, se consideró que la dieta mediterránea era la más saludable para las personas, mientras que las dietas vegana y vegetariana ofrecían los mejores resultados en cuanto al bienestar animal. Al combinar las tres medidas, se determinó que las dietas vegana y vegetariana eran las más «sostenibles» por reducir nuestra huella alimentaria, mantener una buena salud y reducir los efectos negativos en los animales de granja.
Sabemos qué dietas son las mejores. Pero ¿qué dieta elegirá realmente la gente?
A menudo hay una gran brecha entre lo que deberíamos hacer en un mundo ideal y lo que hacemos en realidad. Para abordar esta cuestión, examinamos qué están dispuestas a comer las personas. ¿Promover una dieta vegana o vegetariana es la forma más eficaz de reducir la demanda de carne y productos lácteos?
Para averiguarlo, preguntamos a 253 australianos qué comen actualmente y cuál de las cinco dietas ricas en vegetales estarían dispuestos a seguir.
Australia es un país donde se consume mucha carne, por lo que no sorprende que la mayoría de las personas encuestadas (71%) se identificaran como omnívoras.
Tampoco sorprende que las dietas con menos probabilidades de ser adoptadas fueran la vegana y la vegetariana, ya que suponían un cambio importante en los hábitos alimentarios de la mayoría de las personas.
Por eso, la dieta mediterránea —que implica una pequeña reducción del consumo de carne— era la que tenía más probabilidades de ser adoptada. Debido a sus importantes beneficios para la salud y a sus efectos moderados en el medio ambiente y el bienestar animal, la identificamos como la mejor dieta que promover.
Aunque algunos de estos resultados puedan parecer intuitivos, creemos que al combinar los aspectos sociales, ambientales, de salud humana y de bienestar animal del consumo de alimentos obtenemos una visión más completa que permite detectar escollos y soluciones realistas.
Por ejemplo, probablemente sea un desperdicio de tiempo y recursos valiosos promover dietas como la vegana, que en realidad la mayoría de las personas no está dispuesta a seguir. Sin embargo, pese a la evidente falta de entusiasmo de la gente, la mayoría de las investigaciones que evalúan el impacto ambiental de distintas dietas han favorecido las dietas vegana y vegetariana.
Por eso es importante adoptar una perspectiva más amplia. Si realmente queremos reducir el consumo de carne y productos lácteos, debemos utilizar enfoques con las mayores probabilidades de éxito.
En países de ingresos altos como Australia, eso significa que debemos promover la dieta mediterránea como la mejor opción para empezar a abordar la demanda de carne y productos lácteos con altas emisiones. Debemos partir de una situación realista para empezar a crear un sistema alimentario mundial más sostenible.

