¿Hay algún problema más importante en el ámbito público que la difusión de información errónea en internet? La «posverdad» ha pasado a formar parte del léxico, las noticias falsas han desempeñado un papel importante en referendos políticos en Europa y en la elección de un presidente de Estados Unidos, se ha acusado de mentir a medios de comunicación de todo tipo y destacados actores políticos afirman que ya no existen los hechos. En un momento como este, encontrar una base de la realidad aceptada por todos se ha convertido en un desafío fundamental para la ciudadanía.
Para las plataformas de redes sociales, que sirven de medio por el que circulan tanto la verdad como las mentiras, estos son desafíos existenciales. El Gobierno europeo ha advertido a Facebook, mientras que el Gobierno del Reino Unido ha abierto una investigación formal sobre el asunto. Facebook lo ha reconocido en los más altos niveles y está implementando medidas correctivas en todo el mundo. La BBC ha creado un equipo dedicado y Le Monde ha lanzado una serie de productos para verificar datos.
El Foro Económico Mundial identificó la difusión de información errónea en internet como un riesgo importante en su Informe de riesgos globales ya en 2013. La vulnerabilidad de las plataformas digitales ante los ataques lleva años siendo evidente: en el pasado, nuestra Reunión Anual también fue víctima de ataques de spambots. Un bot inundó nuestro hashtag #wef12 durante Davos 2012, y el equipo de comunicaciones digitales pasó toda la noche trabajando con Twitter para eliminar manualmente miles de tuits indecorosos.
Los riesgos no se limitan a una sola plataforma. En Twitter, las noticias falsas pueden hacerse virales mediante grandes redes de bots, gestionadas tanto por agentes de software como por usuarios desprevenidos cuyas cuentas han sido secuestradas con ese fin. En otras palabras, el malware puede tomar el control de numerosas cuentas de usuarios, y un ejército de bots de Twitter empieza a compartir noticias falsas a través de los canales de Facebook o Twitter de millones de personas.
Las páginas y los grupos de Facebook también pueden usarse para difundir noticias falsas. En 2013, este estudio publicado en The Guardian mostró cómo se utilizaron millones de páginas con «Me gusta» para difundir enlaces a sitios con noticias falsas.
En Google existen numerosas técnicas de «sombrero negro» para elevar a los primeros puestos de los resultados de búsqueda la clasificación de sitios que comparten información falsa. Muy a menudo, los delincuentes que difunden información falsa utilizan estas técnicas para penalizar a los sitios que divulgan noticias legítimas. Las nuevas plataformas, como Instagram y Snapchat, y aplicaciones como WhatsApp y WeChat tampoco son inmunes. De hecho, no es complicado subir a Instagram un video con noticias falsas, publicar una historia que desaparece en Snapchat o difundir noticias falsas por WhatsApp y WeChat mediante el envío masivo de spam a una lista de números. Es difícil defenderse de estos ataques.
La pregunta que todos se hacen es cómo abordar este problema. Por desgracia, no existe ningún algoritmo capaz de bloquear la información errónea, y ningún gobierno por sí solo puede proteger a sus ciudadanos de ella ni de otras amenazas digitales. Sin embargo, muchas iniciativas podrían tener resultados positivos y tangibles, pero solo si se llevan a cabo en colaboración entre las distintas partes interesadas.
Un bot experimental de verificación de datos
Por ejemplo, desarrollamos un bot experimental de Twitter capaz de seguir noticias y comentarios específicos sobre nuestra reunión de Davos y aportar contexto o correcciones; es decir, enlazaba a una página de nuestro sitio web oficial que abordaba cuestiones como las noticias falsas o no verificadas y respondía con nuestra perspectiva sobre el asunto.
Por ejemplo, identificamos un artículo publicado por Fox News que estaba difundiendo datos falsos sobre el Foro Económico Mundial. Redactamos una respuesta extensa y precisa y la publicamos en nuestra propia plataforma. Después, programamos el bot para que identificara a usuarios destacados de Twitter —usuarios verificados o con más de 2,000 seguidores— y les respondiera con una mención (@mention), adjuntando el artículo preciso. La cuenta del bot era transparente: pertenecía abiertamente al Foro Económico Mundial y estaba etiquetada como automatizada.
Nuestro bot se diseñó para ayudar a los usuarios de redes sociales a identificar rápidamente las noticias falsas y responder de manera adecuada. Fomentaba la colaboración entre nuestros equipos editoriales y técnicos. El bot fue un experimento benévolo que impulsó nuevas ideas y proyectos innovadores para alertar a los usuarios de todo el mundo sobre las noticias falsas, a diferencia de los bots que operan para automatizar y amplificar opiniones en la plataforma Twitter. Esta es la combinación de respuesta editorial y técnica necesaria para afrontar un desafío complejo, originado por problemas editoriales pero facilitado por la tecnología.
No hace falta decirlo: vivimos en un mundo cada vez más interconectado que necesita colaboración, diálogo y transparencia para evitar la difusión de información errónea sobre cualquier tema o acontecimiento, con todas sus nefastas consecuencias. En este caso, nuestra organización y las empresas tecnológicas han logrado resultados muy positivos. Los desafíos que tenemos por delante son complejos, y solo mediante la colaboración y la cooperación entre las distintas partes interesadas tendremos la capacidad de afrontarlos.
