Cómo construir sistemas alimentarios sostenibles, más saludables y equitativos

FILE PHOTO: A French farmer sits in his combine as he harvests his wheat crop in Bugnicourt, northern France, August 9, 2012. REUTERS/Pascal Rossignol/File Photo
Transforming food systemsImage: REUTERS/Pascal Rossignol/File Photo
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  • El fundador y presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, pronunció el siguiente discurso en el marco de la ceremonia del Día Mundial de la Alimentación celebrada en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el 15 de octubre

  • Expuso cuatro vías para transformar los sistemas alimentarios de forma que sean más saludables, más sostenibles, más equitativos y más justos para todos.

Estimada Subdirectora General Semedo:

Distinguidos invitados, colegas, amigos, señoras y señores:

Muchas gracias por su amable presentación. Me honra tener la oportunidad de pronunciar la Conferencia del Día Mundial de la Alimentación en el marco de la ceremonia mundial del Día Mundial de la Alimentación de la FAO. Felicito a la FAO y a los organismos con sede en Roma por su liderazgo en los sistemas alimentarios y por su papel en la facilitación de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios y en la coordinación de su seguimiento.

En el Foro Económico Mundial, nuestra misión es mejorar el estado del mundo mediante la cooperación público-privada. Creemos en el poder transformador de la innovación y el emprendimiento. Y creemos que solo un cambio sistémico puede resolver algunos de los desafíos más complejos a los que nos enfrentamos hoy. Entre ellos figuran la crisis climática, las crisis sociales y económicas que afrontan muchas sociedades y, por supuesto, la crisis de la COVID y sus consecuencias.

El último año ha sido decisivo en muchos ámbitos. Pero hay un ámbito que nos preocupa a todos los aquí reunidos hoy: la alimentación volvió a situarse en el centro de la agenda mundial.

Este regreso se caracterizó, en primer lugar, por señales positivas. Por ejemplo, el Programa Mundial de Alimentos recibió el Premio Nobel de la Paz. Y la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios se celebró el pasado mes de septiembre, con más de 90 jefes de Estado que intervinieron sobre los sistemas alimentarios en la Asamblea General de la ONU.

Pero también hubo razones más preocupantes para que la alimentación volviera a la agenda mundial. En muchas partes del mundo, la pandemia de COVID-19 podría pasar de ser una crisis sanitaria a una crisis económica y, después, a una crisis alimentaria. En algunas de las regiones más vulnerables, esta amenaza se ve agravada por conflictos existentes y emergentes, así como por los efectos del cambio climático.

Lamentablemente, tras muchos años de avances, el número de personas que sufren inseguridad alimentaria en los últimos años ha comenzado a aumentar de nuevo con rapidez. En particular, en 2020, hasta 811 millones de personas padecían una desnutrición grave; es decir, 161 millones más que el año anterior. Además, casi un tercio de la población mundial no puede permitirse una dieta saludable. Incluso existe un riesgo real de que aumente la inseguridad alimentaria en muchos países denominados «avanzados».

Por tanto, a medida que nos recuperamos de la crisis de la COVID, debemos reconstruir de una manera que sea más saludable, más sostenible, más equitativa y más justa para todos.

Al emprender la transformación del sistema alimentario, debemos recordar que estas transiciones tratan fundamentalmente de las personas. El principio debe ser dar prioridad a la solidaridad social y al crecimiento económico rural por encima de la simple mejora de la eficiencia de las cadenas de suministro. Y debemos generar una mayor confianza en que los sistemas alimentarios funcionan para las personas, y no al revés.

Tenemos una enorme oportunidad de involucrar a casi 1.000 millones de productores y a más de 7.000 millones de consumidores de todo el mundo como agentes del cambio en esta transformación. Para ello, los principios basados en la demanda y la inclusión deben integrarse en los enfoques mundiales, regionales y nacionales.

Los Diálogos sobre los Sistemas Alimentarios, que sustentaron la reciente Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, demostraron la necesidad de actuar tanto a nivel mundial como nacional. Más de 140 países emprendieron una serie de diálogos nacionales en los meses previos a la cumbre. Además, se anunciaron más de 1.600 diálogos independientes, que dieron lugar a Vías Nacionales para el Cambio en más de 100 países.

Si bien sabemos que las personas son fundamentales para la transformación de los sistemas alimentarios, también debemos reconocer una verdad incómoda sobre nuestro propio papel.

  • Como especie, utilizamos la mitad de las tierras habitables de la Tierra para producir los alimentos que consumimos cada día.

  • Hasta un tercio de esas tierras está degradado, lo que amenaza la sostenibilidad a largo plazo de nuestro sistema alimentario.

  • Además, hasta dos tercios de la pérdida de biodiversidad en todo el mundo se atribuyen a la actividad alimentaria y al uso de la tierra.

  • Y más de dos tercios del agua dulce utilizada en la agricultura y la producción de alimentos, así como un tercio de los gases de efecto invernadero, pueden atribuirse a la alimentación y al uso de la tierra.

Por tanto, no cabe duda de que los sistemas «agroalimentarios» son una parte importante del problema, pero también, potencialmente, una parte fundamental de la solución.

En muchos sentidos, la hoja de ruta para lograrlo ya existe. Se encuentra en el Acuerdo de París y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, alcanzar estas metas exigirá un «cambio radical» en la innovación y un grado de cooperación sin precedentes. Perseguir únicamente proyectos de alcance muy limitado o compartimentos temáticos específicos no será suficiente.

En el Foro Económico Mundial, buscamos ayudar a los impulsores públicos, privados y de la sociedad civil que trabajan en todo el espectro de la agenda de los sistemas alimentarios:

  • Nuestro objetivo es impulsar y construir plataformas mundiales integradas de acción.

  • Nuestro objetivo es hacer que los sistemas económicos y alimentarios sean más justos para todas las personas, y más sostenibles para el planeta.

  • Y nuestro objetivo es atender el verdadero sentido de urgencia y la escala que tan urgentemente se necesita.

En todos estos objetivos, nos complace trabajar estrechamente con la FAO y otros organismos de la ONU, así como con otras organizaciones internacionales, para desbloquear los impulsores y las palancas necesarios para los cambios que se requieren.

En los próximos 20 minutos aproximadamente, espero informar, provocar y estimular el debate entre ustedes a través de cuatro observaciones diferenciadas sobre el desafío de la transformación de los sistemas alimentarios.

La importancia de una respuesta multilateral de múltiples partes interesadas

La primera observación es que existen riesgos estructurales que deben abordarse de manera sistémica, y que se requiere una respuesta integrada y multilateral de múltiples partes interesadas para transformar los sistemas alimentarios en beneficio de todos.

Permítanme destacar primero el contexto de los riesgos mundiales para la seguridad alimentaria y los sistemas alimentarios, con datos del Informe de Riesgos Globales 2021 del Foro Económico Mundial.

Cada año, pedimos a una red de unos 1.000 expertos senior en riesgos que evalúen 30 «riesgos mundiales» clave. Estos se agrupan en 5 ámbitos: económico, social, ambiental, tecnológico y geopolítico. Se clasifican según su impacto percibido y su probabilidad de ocurrencia en los próximos 10 años.

El informe muestra algo muy interesante.

A pesar de lo que algunos puedan pensar, parece que los analistas profesionales de las comunidades financiera, inversora y empresarial ya reconocen la creciente importancia para nuestras economías de riesgos sociales y ambientales como la seguridad alimentaria, los fenómenos meteorológicos extremos, la falta de adaptación al cambio climático, las crisis hídricas, la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas.

Los expertos también se dan cuenta de cómo es probable que estos riesgos se interrelacionen y den lugar a focos de tensión geopolítica más inmediatos, como las migraciones masivas involuntarias y los conflictos entre Estados.

4 maneras de cultivar alimentos que ayuden al planeta
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Por tanto, nos enfrentamos a una red cada vez más compleja y desafiante de riesgos estructurales subyacentes.

Sin embargo, la naturaleza interconectada de estos riesgos está resultando especialmente difícil de abordar solo mediante los instrumentos tradicionales de política. Esta situación se agrava por la naturaleza compartimentada con que se aborda cada riesgo por separado, en lugar del riesgo sistémico.

La gente es consciente de que nuestra salud y el bienestar del planeta dependen de la disponibilidad y el acceso a alimentos nutritivos y más sostenibles. Pero muchos desconocen el concepto de «sistemas agroalimentarios».

Como individuos, participamos a diario en estos sistemas. Y nuestras decisiones y acciones repercuten en ellos de forma interconectada.

Es importante, por tanto, que examinemos los sistemas alimentarios en su conjunto, en lugar de como piezas separadas de un rompecabezas. Debemos superar el pensamiento compartimentado. Debemos dar más valor a los resultados globales que a los procesos centrados en temas concretos. Y, sobre todo, debemos comprender mejor cómo podemos trabajar juntos, de manera colaborativa, para afrontar estos desafíos complejos y multifacéticos.

En este sentido, quisiera felicitar a la ONU por su visión al promover el pensamiento sistémico y por haber organizado con éxito la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios

Las soluciones deben ser escalables

Mi segunda observación es que adoptar una respuesta integrada para la transformación de los sistemas alimentarios exigirá crear plataformas multilaterales de múltiples partes interesadas que puedan ampliarse tanto a nivel nacional como regional, y a lo largo de las cadenas de valor mundiales.

Dada la complejidad del desafío, ya que los temas de alimentación y uso de la tierra abarcan los de la salud, el medio ambiente y la economía, esto no sorprende. Por supuesto, ya existe un gran número de alianzas y asociaciones individuales que abordan cuestiones geográficas o temáticas específicas dentro de la transformación de los sistemas alimentarios.

Pero los avances fragmentados logrados hasta ahora deben convertirse rápidamente en un esfuerzo mundial coordinado que abarque todo el sistema alimentario, para estar a la altura de la escala y la urgencia del desafío.

La pandemia nos ha demostrado el poder de una acción y una coordinación mundiales sin precedentes para alcanzar un objetivo común.

Las asociaciones tradicionales son, con frecuencia, muy eficaces para abordar cuestiones específicas. Sin embargo, no tienen la capacidad de generar la escala de cambio ni de gestionar el grado de complejidad que exige la transformación de los sistemas alimentarios.

Para construir sistemas alimentarios del futuro que sean adecuados para su propósito, debemos adoptar un enfoque de «plataforma para la acción». Este enfoque debe permitir que las partes interesadas de diversos sectores y territorios desarrollen colaboraciones público-privadas que respondan a las necesidades locales, al tiempo que se alinean y se unen colectivamente para abordar las necesidades globales.

Este enfoque se caracteriza fundamentalmente por tres rasgos:

  • En primer lugar, su enfoque se centra en plataformas, no en instituciones, proyectos o pilotos.

  • En segundo lugar, sus esfuerzos se orientan a reforzar y alinear los esfuerzos, en lugar de duplicarlos o abordarlos de forma fragmentada o por compartimentos.

  • Y, en tercer lugar, exige desde el principio una mentalidad escalable, colaborativa, intersectorial y orientada a las soluciones.

En el Foro Económico Mundial, un buen ejemplo es la Plataforma Mission Possible.

Esta alianza intersectorial de líderes climáticos se centra en lograr que sectores enteros alcancen emisiones netas cero para 2030. Está formada por una comunidad de directores ejecutivos de industrias intensivas en carbono. Ellos, junto con sus financiadores, clientes, proveedores y reguladores, acuerdan y ejecutan las decisiones necesarias para descarbonizar sus respectivas industrias en esta década.

En el ámbito alimentario, la Food Action Alliance es otro buen ejemplo.

Esta alianza está dirigida por más de 35 socios de los sectores público y privado, la sociedad civil, las organizaciones de agricultores y consumidores, y el mundo académico. Alinea diversas iniciativas lideradas por países y regiones a escala mundial. Este enfoque permite que cada asociación o iniciativa existente mantenga su singularidad, al tiempo que aprovecha la capacidad colectiva de la plataforma en su conjunto.

En concreto, la Food Action Alliance reúne iniciativas lideradas por el FIDA, el Programa Mundial de Alimentos y la Iniciativa Mano de la Mano de la FAO. También incluye iniciativas que el Foro Económico Mundial ayudó a catalizar, como Grow Asia, que, por su parte, trabaja con cerca de 600 organizaciones asociadas y llega a más de 2 millones de agricultores. En conjunto, la Food Action Alliance ya ha involucrado a más de 20 proyectos emblemáticos a nivel mundial que adoptan un enfoque integral del sistema alimentario a gran escala.

Desarrollar ecosistemas agrícolas mediante el fortalecimiento de cadenas de valor integradas, desde la producción hasta el consumo, suele ser un buen punto de partida para la transformación de los sistemas alimentarios y para un crecimiento económico más amplio. Un papel crucial corresponde a las iniciativas emblemáticas, especialmente en ámbitos como el arroz en África Occidental. Los ingredientes del éxito son: (1) la adopción generalizada de las mejores prácticas de los agricultores; (2) la disponibilidad a un coste asequible del uso de las mejores tecnologías y ciencia disponibles; y (3) la mejora del acceso a la financiación y a los servicios digitales para aumentar el acceso a los mercados. Además, estos proyectos emblemáticos respaldan resultados ambiciosos en materia de nutrición, agricultura inteligente frente al clima e inclusión. Aunque su desarrollo a gran escala es complejo, estas iniciativas emblemáticas son fundamentales para ofrecer una hoja de ruta hacia un crecimiento más sostenible y equitativo en regiones como África, una región clave para el sistema alimentario mundial.

Si trabajamos de esta manera, podemos asegurar que cientos de millones de personas puedan beneficiarse de iniciativas de sistemas alimentarios más eficaces y equitativos.

Esta cifra no es hipotética. En el Foro Económico Mundial, estamos trabajando en realidad en la iniciativa «One Hundred Million Farmers». Impulsa la acción para avanzar hacia sistemas alimentarios con emisiones netas cero y positivos para la naturaleza para 2030. Establece una ambición compartida a nivel mundial, pero también respalda soluciones locales que incentivan a los agricultores y empoderan a los consumidores para situar el clima, la naturaleza y la resiliencia en el centro de la economía alimentaria.

Trabajar a esta escala impulsa verdaderamente el cambio global y sistémico. Una vez que los agricultores cambien sus métodos de producción, las empresas pueden impulsarlo como principio operativo a través de sus cadenas de suministro. A su vez, varios miles de millones de consumidores se sienten incentivados a elegir alimentos más saludables, nutritivos, sin desperdicios y con conciencia ambiental, mediante una variedad de enfoques inspiradores, transparentes y fiables.

Piensen en estas plataformas como aceleradores de asociaciones a gran escala. En este sentido, la FAO es un socio muy valioso.

El "verdadero valor de los alimentos"

Esto nos lleva a mi tercera observación: debemos comprender mejor el papel del «verdadero valor de los alimentos», del capitalismo de las partes interesadas y de las cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza como palancas de cambio.

Desglosemos esto en sus tres componentes.

En primer lugar, al participar en estos enfoques sistémicos, el verdadero valor de los alimentos cobra protagonismo.

Si queremos tomar decisiones mejores y más informadas para garantizar sistemas alimentarios más equitativos y resilientes, que nutran a todos, debemos comprender mejor el verdadero coste de los alimentos.

Debemos entender cómo deben evaluarse adecuadamente los factores ocultos que no aparecen en el precio de venta al público. Entre estos costes se incluyen las complicaciones para la salud humana, la pérdida de biodiversidad, el impacto ambiental y los efectos sobre la economía.

En segundo lugar, vivimos en un mundo en el que las acciones de cualquier parte interesada afectan a la vida y a la realidad de muchas otras.

Agricultores, productores, multinacionales de bienes de consumo de rotación rápida, minoristas y consumidores: todos ellos tienen un interés en nuestro sistema alimentario compartido, pero todos ellos también se enfrentan a externalidades.

Si queremos crear y mantener un sistema alimentario más sostenible, todos estos actores deben asumir su responsabilidad como partes interesadas. Esto significa ir más allá de sus intereses financieros a corto plazo y tener en cuenta las consecuencias a largo plazo de sus acciones. Los productores y los minoristas también son algo más que unidades generadoras de beneficios. Forman parte de la sociedad y deben contribuir a ella.

Ya, los inversores consideran la inacción frente al cambio climático como un riesgo material clave y cada vez desafían más a las empresas para que actúen con mayor determinación. Además, los consumidores y empleados ya están votando con su cartera y con sus pies. Para sobrevivir y prosperar en el futuro, es importante anticiparse a esta tendencia, porque los inversores podrían temer los riesgos de responsabilidad externalizados.

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Por último, hasta hace poco no había datos comparables y transparentes para medir la resiliencia empresarial y los avances en materia de cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza, o ESG. Pero esta situación ha cambiado recientemente.

El año pasado, el Consejo Empresarial Internacional del Foro Económico Mundial, junto con las cuatro grandes firmas de contabilidad, lanzó las Métricas del Capitalismo de las Partes Interesadas. Estas identifican 21 métricas ESG básicas que las empresas deben incluir en sus informes anuales. El objetivo es superar el panorama fragmentado de la presentación de informes de sostenibilidad e impulsar el desarrollo de normas globales de sostenibilidad.

Aunque el cambio climático es fundamental, no es el único impacto ambiental que debemos medir. La creación sostenible de valor también depende de la protección del agua dulce, de las tierras fértiles y de los ecosistemas. Una empresa no puede tener éxito en una sociedad que fracasa. Asimismo, de los tres elementos de ESG, lo «social» ocupa ahora un lugar destacado en importancia para los inversores, ya que cuestiones como los derechos humanos dominan las preocupaciones públicas.

Para el Foro, la necesidad de poder medir adecuadamente el verdadero valor de los alimentos también encaja con el trabajo más amplio que hemos venido realizando en materia de ESG.

La innovación es una palanca fundamental del cambio

Mi cuarta observación es que la innovación es una palanca fundamental del cambio si queremos transformar con éxito los sistemas alimentarios.

La pandemia ha puesto de relieve la necesidad de renovar todo el sistema alimentario. Las medidas adoptadas para proteger y restaurar los sistemas alimentarios también deberán ser más inteligentes. Esto requerirá un énfasis considerable en una innovación que beneficie a todos.

Al definir la innovación, es fundamental adoptar una visión más amplia y holística, que incluya el conocimiento local y tradicional. Una visión que reconozca la importancia de la innovación en políticas e instituciones, de la innovación en asociaciones multilaterales y de la innovación social y el emprendimiento social.

Al mismo tiempo, la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por la fusión de tecnologías en los ámbitos físico, digital y biológico, está impulsando tecnologías disruptivas en numerosos sectores.

Esto supone una oportunidad y, a la vez, una amenaza: es una oportunidad, ya que las innovaciones pueden ayudarnos a resolver los problemas complejos a los que nos enfrentamos en el sistema alimentario. Pero también es una amenaza, ya que las innovaciones no generan por sí mismas cambios positivos. También pueden empeorar los resultados.

Depende de nosotros dar forma a los resultados de la Cuarta Revolución Industrial en el ámbito alimentario. Podemos moldearlos y asegurar que beneficien a todos, en lugar de perjudicarnos.

Pero, hasta ahora, la agricultura y los sistemas alimentarios se han beneficiado con lentitud de estos avances. Nuestras investigaciones previas a la pandemia revelaron que, en comparación con el sector alimentario, la atención sanitaria atrajo 10 veces más inversión en innovación y creó 10 veces más empresas emergentes en el mismo período.

Identificamos que, simplemente centrándonos en 12 tecnologías, se podrían obtener importantes beneficios globales en la reducción del uso de agua, de las emisiones de gases de efecto invernadero y del desperdicio de alimentos. Ya sea en la trazabilidad basada en blockchain, en los macrodatos para respaldar las billeteras electrónicas de los agricultores, en las proteínas alternativas o en las energías renovables fuera de la red.

El mismo informe también destacó que la tecnología individual, por sí sola, no es una solución milagrosa. Para maximizar el impacto potencial y mitigar las consecuencias no deseadas, es necesario crear ecosistemas de innovación dinámicos, especialmente a nivel nacional.

  • Estos ecosistemas deberían permitir que gobiernos, empresas, innovadores, financiadores y pequeños agricultores colaboren;

  • Deben priorizar qué tecnologías pueden y deben escalarse con mayor urgencia;

  • Y deberían definir cómo se puede respaldar mejor la innovación en materia de políticas y modelos de negocio, de forma que genere confianza y tienda puentes entre compartimentos estancos.

Como parte de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios, varios países y regiones han respaldado activamente la necesidad de fortalecer los ecosistemas nacionales de innovación mediante el establecimiento de Centros de Innovación Alimentaria.

  • Viet Nam, por ejemplo, ha definido su estrategia para convertirse en un centro líder de innovación alimentaria de crecimiento verde en Asia.

  • Los Emiratos Árabes Unidos han anunciado que se convertirán en un centro líder mundial en seguridad alimentaria impulsada por la innovación.

  • Colombia e India han anunciado centros alimentarios similares y están trabajando con la Red de Centros de la Cuarta Revolución Industrial del Foro Económico Mundial para acelerar esta labor.

  • Y el año pasado, el primer ministro de los Países Bajos anunció su apoyo a la creación de una Secretaría Mundial de Coordinación para los Centros de Innovación Alimentaria.

Estos países marcan el camino, ya que comprenden que desbloquear la innovación en general, y especialmente en los sistemas alimentarios digitales, ofrece a los países una amplia capacidad para reconstruir sistemas más sólidos, resilientes, informados y equitativos de cara al futuro.

Los sistemas alimentarios basados en datos, impulsados por la conectividad digital, no son, por supuesto, un concepto nuevo. Sin embargo, nunca ha sido tan urgente acelerar el trabajo en este ámbito y movilizar recursos importantes.

Los datos de operadores satelitales y geoespaciales, proveedores de TIC y telecomunicaciones, empresas de comercio electrónico y logística, y proveedores financieros podrían reunirse, junto con los datos de gobiernos, organizaciones internacionales y la sociedad civil. Esto aceleraría la transformación de los sistemas alimentarios y garantizaría que los agricultores y los consumidores estén en el centro del diseño de cualquier solución.

Un ejemplo práctico de ello surgió durante la pandemia en Kenia. El gobierno estableció una sala de crisis de seguridad alimentaria interministerial e intersectorial, basada en datos, bajo la gestión de la Oficina de Transformación Agrícola de Kenia.

Esto permitió desplegar herramientas digitales en tiempo real para recopilar datos de múltiples fuentes, incluidos los agricultores individuales. A su vez, esto orientó la respuesta a la COVID-19 y su recuperación, así como su impacto en el suministro de alimentos, y también a una serie de amenazas simultáneas, entre ellas una devastadora plaga de langostas y las inundaciones provocadas por fenómenos meteorológicos extremos.

Este enfoque se amplió gracias a la Palanca de Innovación de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios, que dio lugar a una coalición significativa de sistemas alimentarios digitales. Destacó la idea de «One Map», que pretende desbloquear el poder de la transformación de los sistemas alimentarios mediante un mapa digital mundial.

SDIS 2021 - Rompiendo barreras para lograr la seguridad alimentaria y climática - Inglés
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Otra iniciativa que surgió fue el Digital Marketplace Playbook. Este marco inclusivo y sostenible permite que todos los actores, desde los agricultores hasta los consumidores, construyan mercados más eficientes, inteligentes frente al clima, para alimentos saludables y nutritivos.

El mercado digital se basa en ejemplos sólidos, como Mercy Corps AgriFin, que actualmente llega a 8 millones de pequeños agricultores en Kenia, Etiopía y Nigeria. Lo logra alineando una serie de iniciativas que utilizan datos para comprender mejor las necesidades de los agricultores y reforzar la oferta de mercado mediante canales digitales fiables a gran escala.

Entre las iniciativas similares se encuentran programas respaldados por el Foro, como Edison Alliance y 2030 Vision. Ambos buscan movilizar al sector de las TIC y a otros sectores críticos para crear un movimiento mundial que dé prioridad a la inclusión digital y al uso de las tecnologías digitales como elemento fundamental para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

También pueden alinearse con programas como la Iniciativa Pueblos Digitales de la FAO, para acelerar las oportunidades de mayor prosperidad en miles de aldeas de todo el mundo mediante el acceso inteligente y el uso de la tecnología.

La plataforma Cien Millones de Agricultores también promueve soluciones innovadoras. Ofrece la posibilidad de aplicar tecnologías satelitales y digitales para involucrar potencialmente a decenas de millones de agricultores en la cocreación de un nuevo mecanismo de recompensa y pago para quienes adopten prácticas de cero emisiones netas y positivas para la naturaleza. Esto podría dar lugar a la creación de una clase de activos completamente nueva en el ámbito de los suelos y la agricultura regenerativa.

Sin embargo, como ocurre con todas las soluciones innovadoras, es fundamental asegurarse de que situemos a las personas en el centro del diseño. También es fundamental que este enfoque de la innovación centrado en las personas se apoye en la construcción de ecosistemas de innovación sólidos. Y que estos se desarrollen mediante agendas inteligentes de políticas, inversión y fortalecimiento de capacidades, y se refuercen mediante la creación de plataformas innovadoras que permitan la acción colectiva a gran escala.

En conclusión, cuando abundan las preguntas sobre el orden mundial actual y los riesgos a los que se enfrentan los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales, como el Foro Económico Mundial, creemos firmemente que el mundo necesita ejemplos de una nueva movilización de la gestión global responsable de nuestro planeta y del sistema alimentario, del que todos dependemos en gran medida para nuestra prosperidad colectiva y compartida.

Nos enfrentamos a riesgos sin precedentes en el futuro, muchos de los cuales ya están provocando disrupciones hoy. Para responder, necesitamos una cooperación público-privada global. Necesitamos abrazar y dominar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial. Y necesitamos adoptar un enfoque basado en las partes interesadas en todas nuestras actividades.

En nombre del Foro Económico Mundial, quiero concluir esta intervención con una oferta abierta de apoyo y colaboración en favor de la labor de construcción de un crecimiento inclusivo y de palancas de cambio que respalden la transformación de los sistemas alimentarios.

Junto con nuestros amigos y socios del mundo empresarial, la sociedad civil y la comunidad internacional, tenemos el privilegio de impulsar la movilización de una agenda de acción sobre los sistemas alimentarios.

Utilizaremos nuestras respectivas plataformas de acción como rampas de lanzamiento para el compromiso colectivo. También nos honrará acompañar a nuestros colegas y amigos de la FAO en el empeño por hacer realidad los resultados surgidos cumbre sobre sistemas alimentarios y en el trabajo conjunto para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Una vez más, gracias por invitarme a contribuir a este importante diálogo.

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