Los grandes acontecimientos mundiales de los últimos años, incluida la pandemia de COVID-19, han suscitado preocupación por el impacto de las noticias falsas en internet.
Aunque se ha establecido que algunos grupos tienen más probabilidades de ser víctimas de la desinformación, todos deberían preguntarse si pueden detectar una mentira.
Las intervenciones para reducir la vulnerabilidad a las noticias falsas son fundamentales para disminuir su impacto en las personas y en la sociedad en su conjunto.
El 1 de diciembre de 2016, un hombre armado con un rifle semiautomático AR-15 entró en una pizzería de Washington D. C. porque creía que Hillary Clinton abusaba sexualmente de niños en el sótano del local.
El hombre había leído esta historia, el llamado escándalo de«Pizzagate» — en publicaciones de redes sociales y sitios web de noticias falsas, y acabó creyendo que era cierta. Para su sorpresa, solo encontró masa de pizza y un grupo de empleados aterrorizados. Por suerte, nadie resultó herido, pero la anécdota pone de relieve las dramáticas consecuencias que pueden tener las noticias falsas.
Al leer esto, quizá te sientas tentado a pensar que las noticias falsas y la desinformación solo afectan a unas pocas personas poco sofisticadas con creencias extravagantes o extremas.
Pero, aunque se ha observado que las personas con escasos conocimientos científicos, bajas capacidades cognitivas y tendencia a aceptar afirmaciones poco sólidas suelen ser más proclives a creer historias falsas, quizá te convenga pensar detenidamente hasta qué punto eres inmune a la desinformación.
De hecho, hazte las siguientes preguntas: ¿Qué tal se me da juzgar la veracidad de las noticias? Si leyera una noticia falsa o escuchara un comentario engañoso de un analista, ¿sería realmente capaz de detectar la mentira?
La verdadera capacidad de las personas para «destilar la verdad»
En nuestro reciente estudio titulado «La capacidad de «destilar la verdad»», Tiziana Assenza, de la Toulouse School of Economics, y yo realizamos un experimento en línea para estimar la verdadera capacidad de los estadounidenses para evaluar la veracidad de las noticias.
Para ello, los participantes leyeron una serie de noticias breves sobre distintos temas, procedentes de una amplia variedad de fuentes. Organizaciones independientes de verificación de datos habían clasificado la mitad de esas noticias como información veraz y la otra mitad como información incorrecta y demostrablemente falsa. Para cada noticia, los participantes debían indicar si creían que contenía información veraz o no.
Pese a que una gran proporción de personas confía mucho en su capacidad para discernir la desinformación, descubrimos que la mayoría tiene una capacidad limitada para diferenciar las noticias falsas de las verdaderas.
De hecho, en promedio, los participantes de nuestros experimentos evaluaron correctamente la veracidad de solo el 62% de las noticias que vieron, y solo el 14% de los participantes logró discernir la veracidad de la información en al menos el 80% de las noticias.
El coste económico de las noticias falsas
La difusión viral y rápida de la desinformación aumenta las probabilidades de que las personas con escasa capacidad para discernir la veracidad de las noticias tomen decisiones perjudiciales, incluidas decisiones financieras. De hecho, alrededor del 63%de los estadounidenses sostiene que la difusión de la desinformación y las noticias falsas ha dificultado la toma de decisiones financieras importantes.
Además, la propagación de la desinformación perjudica no solo a las personas, sino también a la sociedad en su conjunto. Puede generar pérdidas económicas significativas en distintos sectores de la economía, por ejemplo, al elevar los costes de la salud pública y provocar rendimientos manipulados y gastos de gestión de la reputación para las empresas.
Por ejemplo, en 2019, Metro Bank sufrió una caída del 11% en su capitalización bursátil después de que rumores falsos difundidos en redes sociales afirmaran que atravesaba dificultades financieras.
Reducir la vulnerabilidad a la desinformación
Los acontecimientos que hemos vivido en la última década —del Brexit a la elección de Donald Trump y la pandemia de COVID-19— han generado una gran preocupación por el papel de las noticias falsas y han llevado a los responsables de formular políticas a situar la lucha contra la desinformación entre sus principales prioridades.
Aunque el debate sobre las políticas se centra principalmente en el papel de las empresas de medios de comunicación en la creación y difusión de noticias falsas, los académicos han propuesto distintos métodos para aumentar la capacidad de las personas de discernir la veracidad de la información.
A menudo, las personas comparten desinformación en redes sociales simplemente porque prestan atención a factores que no guardan relación con la veracidad, como el deseo de agradar a sus seguidores.
Por ello, se ha demostrado que una intervención sencilla, que pide a las personas que reflexionen sobre la veracidad de la noticia que han leído antes de compartirla, mejora la calidad de las noticias que comparten en redes sociales.
Mejorar la concienciación para combatir las noticias falsas
En nuestra investigación, probamos otro tipo de intervención: mejorar la concienciación de las personas informándolas sobre su verdadera capacidad para diferenciar las noticias falsas de las verdaderas. Para ello, seleccionamos al azar a la mitad de los participantes y les comunicamos cuántas noticias habían identificado correctamente como veraces o falsas.
Descubrimos que los participantes que recibieron esta información aumentaron su concienciación sobre los problemas relacionados con la desinformación y mostraron más interés en actuar para protegerse del riesgo de verse afectados por ella.
En particular, estos participantes mostraron un deseo un 6,74% mayor de pagar por productos que los protegen del riesgo de sufrir daños a causa de la desinformación. En la práctica, esto puede traducirse en un mayor gasto en servicios que reducen su exposición a noticias e información inventadas, como los verificadores de datos en línea.
Así pues, aunque sin duda hacen falta más medidas de política pública para combatir la creación y difusión de noticias falsas, intervenciones como la nuestra representan un paso hacia la reducción de la susceptibilidad de las personas a la desinformación y pueden contribuir, al menos indirectamente, a mejorar la calidad de las decisiones individuales.
